domingo, 13 de abril de 2008

Lo mejor de la Feria


Dieciseis tardes al pie del cañón y nos vamos a perder la diecisiete. Mi hija pequeña se ha empeñado en venir al mundo antes de que termine la Feria y no he podido ver la de Miura completa como para hilvanar una crónica.

A grandes rasgos, Javier Valverde arrancó una oreja, Fundi dejó de nuevo retazos de su madurez y Juan José Padilla recetó las mejores estocadas de la tarde. Los toros, un desastre. Dos fueron devueltos y el resto, sobreros incluidos, fueron un triste broche a una Feria de altibajos.

Nos vemos en San Isidro.

sábado, 12 de abril de 2008

Tarde de fracasos

El Cordobés apareció en Sevilla como un pulpo en un garaje. Como si estuviese toreando en una plaza de tercera, empezó de rodillas, siguió brindando al publico. continuó con su numerito habitual, y terminó desarmado y parando el toro a topetazos. Al cuarto se empeñó en torearlo en una distancia muy corta, con lo que ahogó la poquita embestida del toro. Primer fracaso.

Rivera Ordóñez es muy guapo y anuncia gulas, relojes y todoterrenos. Eso es todo lo que se puede decir de él. Eso y que tuvo en sus manos un toro de orejas, el quinto, y se lo dejó escapar sin remedio. Segundo fracaso.

El Fandi se lo pasa pipa en la plaza y su diversión es directamente proporcional a la velocidad con la que hace las cosas. O sea, que cuanto mejor, peor. Le arreó una larga cambiada en el tercio al primero y luego dio un recital de pasito atrás para acabar con el remate más violento de la feria. Luego le dio por las chicuelinas al paso que parecía que el realizador le había dado al forward del video, de acelerado que estuvo. En banderillas nos obsequió con un concurso de recortes y con la muleta, ¡ay el mítin que dio con la muleta! Tercer fracaso.

Los toros de Torrestrella, antaño capricho de figuras, han quedado para esto. Cuarto fracaso.

viernes, 11 de abril de 2008

Del petardo a la mascletá

Es como esas películas malas que tienen segundas partes. Después de tres días de suspensiones ya habíamos olvidado la mansada de Juan Pedro Domecq del lunes, pero quiso el destino que lo de hoy fuese como la continuación de la pesadilla. ¡Válgame Dios con los toros artistas! Hacía mucho que no veía devolver tres toros al corral. Hace falta mucho desahogo para venir a Sevilla dos tardes y superarse. Si lo del lunes fue un petardo, lo de hoy fue una mascletá completa. Al menos los de hoy se taparon un poco más en cuanto a presentación pero lo que es el comportamiento... Con semejante material en el ruedo no es de extrañar que el público maestrante se tomara la cosa a chufla. Daba vergüenza ajena ver a una afición como la sevillana jalear a los cabestros en el sexto toro, dedicarle olés al cabestrero y terminar sacándole los pañuelos al Florito hispalense. No se puede caer más bajo, señor Juan Pedro.

Curro Díaz dejó una soberbia media verónica en su saludo de capote al primero y poco más. El toro, muy mirón, pedía hacerle muy bien las cosas y el jienense no acertó precisamente con las distancias, pese a que en los primeros compases pareció cogerle el sitio en algún buen muletazo. En una de esas, con la muleta constantemente retrasada, el toro lo vio y lo lanzó por los aires. El golpetazo dejó mermado al torero para el resto de la corrida lo que se tradujo inmediatamente en un calvario para matar al toro. En el cuarto, más de lo mismo.

Manuel Jesús El Cid realizó lo más reseñable de la tarde. Le tocó vérselas en primer lugar con un sobrero de La Dehesilla, un toro cinqueño, muy distraido de salida. Miguel Angel Perera entró al turno de quites y firmó unas lucidas gaoneras. También destacó el Boni en banderillas. El toro no era nada claro, el típico manso con casta, pero en manos de El Cid pareció mejor de lo que fue. Labor de mucho mérito del sevillano, comenzando por bajo, con mucha suavidad,sin molestar al toro. Con la muleta en la izquierda, al contrario que Curro Díaz, acertó con la distancia y a base de temple y de no quitársela del hocico, el toro terminó por embestir con cierta largura y fijeza. Cada vez que el animal quería irse del cite allí estaba la muleta de El Cid para impedirlo. Es que no le quedaron más narices que embestir. A la tercera serie, visto que le habían ganado la partida, se rajó definitivamente. Le costó un triunfo cobrar la estocada y la faena se evaporó en el tramo final. Una lástima, porque hubiese habido trofeo. Con el quinto, un jabonero tan bonito de pelo como manso de solemnidad, hizo todo lo que se podía hacer pero el toro no daba más. Aún así, para mí el Cid sale de Sevilla como el número uno, capaz de hacerle faena al toro bueno y de inventársela con el malo.

Eso precisamente fue lo que le faltó a Miguel Angel Perera. Con su primer toro, otro sobrero de José Luis Pereda, no encontró la forma de meter al toro en la muleta. Brindó al público, señal de que confiaba en sus posibilidades, y puso toda la voluntad del mundo pero no fue capaz de corregir los tornillazos y la tendencia a echar la cara arriba del animal. Eso sí, con la espada volvió a funcionar como un cañón. Para cerrar la tarde, le cayó en suerte el tercer sobrero de El Serrano. A esas alturas, la gente estaba loca por irse, e incluso ya hemos dicho al principio que pedía orejas al cabestrero. Como para hacer caso a un toro paradote y manso.

jueves, 10 de abril de 2008

De locos


El comienzo de la corrida se aplaza 30 minutos. Eran las 18:30 cuando asomaba un cartel con ese texto, por orden de don Antonio Pulido Plaza, presidente. Llovía en ese momento y el ruedo no estaba para muchos ruidos. A los diez minutos, lío. Por su cuenta y riesgo, el señor Antonio decide que hasta aquí. Le debió salir otro plan y le entró la prisa porque si no, no se explica. Y la de San Quintín. Los toreros flipando y el sol saliendo, cuando por orden presidencial asoma un propio con otro cartel anunciando la suspensión. Matadores y cuadrillas se plantan delante e impiden que salga. Piden hablar con el presidente, que se ha encerrado en un despacho. Intercede el delegado gubernativo y los toreros suben a negociar con la promesa de que no sale el cartel.

El señor Antonio, que ya ha perdido el rumbo y/o la vergüenza, no sólo no los recibe sino que da orden de que salga el cartelito de marras. Para completar el cuadro, lo hace escoltado por la Policía Nacional. Ni que esto fuera el Nou Camp y fueran a caer cochinillos. A estas alturas, los toreros, Salvador Vega, Salvador Cortés y Daniel Luque están que trinan y el sol se empeña en tocar las narices brillando cada vez más. Los tres espadas se plantan en el centro del ruedo, vuelven a salir varios policías, el público no se mueve de su asiento y esto es kafkiano. Finalmente entran en razón y abandonan la plaza para acabar dando una rueda de prensa en la Capilla. De locos.

Esa es la secuencia de los hechos. Mi opinión, que se empieza teniendo la razón y se acaba perdiendo por las formas. Si se suspende de mano, aquí paz y después gloria. Si se espera media hora, se espera, se sale al ruedo y se valora nuevamente torear o no. A las siete de la tarde lucía el sol y el ruedo estaba bastante mejor. Eso por no hablar de que los toreros, que son los principales perjudicados en cualquier caso (se toree o no) estaban por la labor de salir y se les tomó por el pito del sereno.

Resultado final, el presidente destituido y los toreros pidiendo responsabilidades.

miércoles, 9 de abril de 2008

Que lo sigue impidiendo



Nueva suspensión por culpa del agua. En esta ocasión los toros de Zalduendo se quedaron sin pasar por las manos de Morante de la Puebla, el Juli y Jose Mari Manzanares

martes, 8 de abril de 2008

... y si el tiempo no lo impide

La lluvia impidió que viésemos el que muchos consideraban cartel de la Feria. Toros salmantinos de El Puerto de San Lorenzo para Juan Bautista, El Cid y Alejandro Talavante.

lunes, 7 de abril de 2008

Manzanares conquista Sevilla


Ayer murieron Charlton Heston e Isabel Andrino. Del primero recoge hoy la prensa extensos obituarios. De ella igual no ha oido usted hablar en su vida, pero yo he sentido su muerte más que la del actor americano aficionado a los rifles. Hace ya casi 20 años que la conocí cuando, junto a su hermana, regentaba el restaurante Las Petronilas, en Miranda del Castañar. Andábamos de acampada y al amanecer -mi buen amigo el doctor Álvarez Navia se acordará-subíamos al pueblo a desayunar a casa de estas señoras, que nos obsequiaban con unos huevos fritos con chorizo y una copita de aguardiente de postre que me río yo de Ferrán Adriá y sus deconstrucciones. Con el tiempo dejaron el negocio y ahora una de ellas nos deja definitivamente. Hoy, al conocer su muerte, me han venido a la memoria aquellos días y la amabilidad de aquellas dos señoras que nos prestaban cazuelas para hacer comida en la lumbre. Descanse en paz.

Sí, ya sé que se supone que esto es un blog de toros, pero la mansada de Juan Pedro Domecq no da mucho más de sí, con una presentación paupérrima para una plaza como Sevilla y un comportamiento indigno de un hierro que, se supone, surte de bravura a un buen número de ganaderías. Si encima le añadimos que el viento no paró de soplar en casi toda la tarde, dificultando aún más la labor de los toreros, comprenderán la licencia de empezar hablando de otra cosa.

Mas héte aquí que salió el sexto y cambió la moneda. Quiso la providencia que el único toro medio aprovechable de la tarde le cayera en suerte a un José María Manzanares al alza. Y la faena tuvo mucha importancia. Comenzó el toro con embestidas rebrincadas y un punto de violencia pero Manzanares, poco a poco, sin un mal gesto, sin un tirón, lo fue metiendo en la muleta hasta que aquél se entregó Y ahí comenzó una auténtica catarata de toreo, con la lluvia como invitada. Bajo el diluvio dibujó el torero muletazos bellísimos pero donde la faena alcanzó cotas de estética sublime fue en los remates finales. La estocada, pelín descolocada, le valió para cortar dos orejas. Aún tuvo el gesto de salir a pie por la puerta de cuadrillas y es que Manzanares anda rondando la ansiada del Príncipe. El miércoles puede ser su día.

La tarde había comenzado a enderezarse en el quinto. Y eso que las protestas a la salida del toro fueron para que el ganadero se exilie de Sevilla por un tiempo. Porque si la presentación de la corrida en general fue desastrosa, la de éste en particular fue vergonzosa. Pero el toro tenía al menos movilidad y Sebastián Castella le dio fiesta. Eso, y que se paró el aire y comenzó a llover a cántaros, le dieron a la faena cierto tono épico, con el toro mirando y el torero pegándose el arrimón. Falló a espadas y el premio se quedó en una ovación.

El resto, directamente para olvidar. Enrique Ponce anduvo facilón con el que abría plaza, un toro sosísimo al que le sacó lo poquito que tenía con el inconveniente del viento. Le devolvieron a los corrales al cuarto y cuando anunciaron que el sobrero era de Parladé nos temimos lo peor. Tiró por la calle de enmedio, que era lo más sensato con semejante regalito.

En el primero de Castella lo mejor fueron los pares de banderillas -sobre todo el que cerraba el tercio- de Curro Molina: dejándose ver, dándole ventaja al toro, cuadrando en la cara y saliendo andando. Le pegaron una merecida ovación. El francés se empeñó en sacárselo a los medios y entre el aire y la poca condición del toro, la faena fue, seamos generosos, aburridita. Manzanares, sin embargo, trató de evitar al viento cerrando al tercero, pero fue imposible sacar nada en claro.

domingo, 6 de abril de 2008

Sólo Morante


Vaya tardecita. La Feria ha entrado en una montaña rusa que alterna el coñazo más absoluto con el triunfo. Y hoy tocaba coñazo. Los responsables, en primer lugar, los toros de Parladé, que amén de regularmente presentados, el día que se repartió la bravura estaban de vacaciones.

Claro que hubo alguna excepción, Verbigracia el primero bis, al que Juan Montiel -que ya había destacado con el devuelto a los corrales- lidió muy bien en banderillas. Toro manejable, sin romper en bueno, que le tocó en suerte a Finito de Córdoba. De Finito podemos decir que tiene una mujer muy guapa que está embarazada de su segundo hijo. Y usted dirá que qué tiene que ver eso con la corrida de esta tarde. Efectivamente, nada, lo mismo que Finito tiene que ver con ser matador de toros. Años llevo aguantándole y años dándole vueltas a lo mismo. Con un toro que no se comía a nadie empezó desconfiado y siguió directamente despegado para terminar despegadísimo. Siempre sin cruzarse -como le recordó una voz en el tendido- toreando con el pico de la muleta y rematando el muletazo hacia fuera. Esa es la tauromaquia de Finito y con esa lleva tomando el pelo desde que le conozco a quien paga por verle. Al remate, como no podía ser de otra forma, pegó un sainete con la espada. Fueron cinco pinchazos pero podrían haber sido cincuenta con esa forma de entrar a matar, echándose fuera descaradamente. Con el cuarto, otra malva que no se comía a nadie, pareció empezar bien con el capote pero volvió al destoreo aún más despegado que en el primero y otro mítin con la espada.

La otra excepción fue Morante de la Puebla. El saludo de capote al segundo de la tarde tuvo sabor, sobre todo la media de remate. El toro no parecía gran cosa pero en esta ocasión Morante traía disposición. Tras un titubeante comienzo de faena lo sacó al centro del ruedo y nos dejó lo mejor, por no decir lo único, de la tarde. Tres derechazos templados y un trincherazo arrancaron los olés de la Maestranza. La segunda serie subió aún más la nota. Morante acertó con la colocación para el segundo muletazo y firmó lances bellísimos. Sonaba para entonces la música y el de la Puebla probó con la izquierda. Al toro le costaba más embestir por ahí y recupero la mano derecha, remontando de nuevo el trasteo. Hubo un momento en que la faena estaba hecha pero Morante se empeñó en seguir. Para entonces el toro estaba muy apagado y a base de zapatillazos le arrancó otra serie y una más de manoletinas. Y como la cosa iba definitivamente cuesta abajo, le costó un triunfo enterrar la espada. Habían sonado dos avisos y al sexto intento dejó una estocada trasera que le valió para descabellar. Aún así, recibió una sonora ovación. Con el quinto,de nuevo sacó las ganas de agradar pero el toro era un mármol con el que no se podía estar.

De Salvador Cortés no sabría decir si estuvo bien o mal, simplemente no estuvo con ninguno de sus dos toros.

sábado, 5 de abril de 2008

Puñetazo en la mesa de Perera


Nadie daba un duro por el sexto pero Miguel Angel Perera lo debió ver claro, cogió la montera, se fue al centro del ruedo y brindó al público. Atornilló las zapatillas a la arena y citó al toro, que andaba por entre las rayas. Se vino largo y Perera, sin mover una pestaña, le arreó varios pases cambiados por la espalda y un circular que nos pusieron a todos de pie. Y a continuación vino el recital: una, dos y tres series con la derecha de dulce. Y después la locura, probablemente los mejores naturales de la Feria con permiso de El Cid. La faena alcanzó unos vuelos tremendos merced a tres virtudes: la distancia, el temple y las pausas entre series. Hacia el final, Perera abandonó la primera de ellas y el toro lo acusó, pero no lo suficiente como para que el trasteo perdiese importancia. Había que coronar la obra y lo hizo. Estocada y dos orejas para una faena que pone a Miguel Angel Perera en el pedestal de esta Feria.

Esa fue la cumbre de la tarde pero ya antes Perera había apuntado el valor de su toreo, al dominar al tercero, un toro que acudía largo pero con una acusada tendencia a irse del muletazo. El mérito del extremeño fue dejársela siempre en la cara y así le sacó lo poco que tenía antes de rajarse definitivamente.

La tarde terminó a lo grande pero había comenzado con una lección de magisterio de Julián López El Juli con un toraco que superó los 600 kilos, mirón y parado. Ya el saludo de capote tuvo enjundia y luego llegó un quite por chicuelinas muy ceñidas. Bien estuvo Diego Ortiz picando y bien José Antonio Carretero en banderillas. Y a partir de ahí, El Juli empezó a poner todo lo que le faltaba al toro. Seguro, firme, en un mínimo espacio de plaza. Tragándole lo inverosímil, hubo un par de miradas, una al pecho, otra a los muslos, que nos helaron la sangre. Aquello olía a enfermería pero el Juli no dudó lo más mínimo y el toro terminó por entregarse. Lo mató de un estoconazo en todo lo alto que valió una oreja de muchos kilates. En el cuarto, literalmente un mulo, no mereció el esfuerzo de el torero por agradar. Eso sí, otra estocada en una tarde en que los tres actuantes anduvieron como un tiro con la espada.

Jose María Manzanares se encontró con el mejor toro del encierro de El Ventorrillo. De salida el animal se pegó una tremenda voltereta que, afortunadamente no acusó. En el encuentro con el caballo empujó con clase, dejando Chocolate un par de buenos puyazos. Un quite muy ceñido de Perera con el capote a la espalda acabó de descubrir al toro. Manzanares empezó el trasteo en la raya de picadores. Pases por bajo con mucha prestancia y rápidamente lo sacó a los medios. Le dio distancia y el toro se comía la muleta. Tres series tremendas por la derecha con toro y torero acoplados a la perfección, si acaso pecando un pelín de desplazarlo hacia fuera, pero con unas cotas estéticas altísimas. Por la izquierda la faena no bajó el tono pero el toro empezó a apagarse y con él el torero, que en las postrimerías del trasteo sufrió algún enganchón. Dejó una estocada entera pero trasera y muy tendida que tardó en tumbar al toro y paseó una oreja.

En el segundo de su lote, poco pudo hacer Manzanares. Le obligó a tragarse los muletazos pero prontó cantó su mansedumbre, revolviéndose incluso con peligro.

viernes, 4 de abril de 2008

Del ibérico a la mortadela

Es como si uno se acaba de echar al cuerpo un plato de jamón ibérico de bellota con una botella de Pesquera y alguien pretende que después comas mortadela con don Simón. La cara de tonto que se te pone es para enmarcar. Pues esa misma sensación quedó después de la corrida de Torrealta. Veniamos de disfrutar de la histórica tarde de Victorino y los tres héroes y nos topamos con los villanos.

El presunto torero Javier Conde se encontró en primer lugar con un toro noble, que fue de largo al caballo y alegre en banderillas. Se lo enseñó Sebastián Castella en un quite por chicuelinas pero Conde estaba en las musarañas. El presunto torero -que se las da de artista- no lo entendió y tiró las cartas a las primeras de cambio. Increible si tenemos en cuenta que las características del toro, noblón, sin malicia alguna, eran las idóneas para su presunta tauromaquia. Digamos que el marido de Estrella Morente -que es para lo que ha quedado- en vez de faena hizo putada: al toro y a los espectadores. El colmo vino cuando le ponen el micrófono de Digital Plus delante. ¿De dónde vienes? Naranjas traigo. Preguntado por su actuación el presunto dijo que en esos momentos se acordaba de su familia. Mira, en eso coincidimos. En el cuarto, otro toro con buen son que pedía mano baja y temple, el presunto estuvo como suele decir un amigo mío: más perdido que un hijoputa el día del padre.

Castella fue el tuerto en el pais de los ciegos. Saludó a su primero con el capote a pies juntos. El toro apuntaba maneras, no lo hizo mal en varas y galopó en banderillas, donde vimos un gran par de Manuel Molina. Castella arrancó con tres estatuarios y remate por bajo, para sacarlo a los medios con un molinete y empezar a citarlo largo. Una buena serie y el toro se come la muleta, otra más y a la tercera empieza a quedarse corto. El francés probó con la zurda y el toro amagó con rajarse, volvió a la diestra pero para entonces ya no había más. Lo mató de una estocada perdiendo la muleta que tumbó al Torrealta.

En el quinto vivimos un momento de tensión, cuando embistió al caballo y derribó al picador José Doblado, que cayó sobre el lomo del toro y escapó como pudo. Con el cuadrúpedo a merced del toro, fue providencial la intervención de uno de los monosabios, que se amarró a las riendas y aguantó el tirón. Rehecha la montura, Doblado dejó la firma de un gran puyazo. Tras el cambio de tercio, notabilísimo también fue el par que colocó Curro Molina. Castella brindó al público y empezó el trasteo en las rayas para acabar sacándolo a los medios. Allí el toro se tragó los derechazos gracias a la buena colocación del torero y de la muleta pero pronto empezó a cortar el viaje. Probaturas con la izquierda y el animal se rajó definitivamente. No había entrado Castella a matar y ya amenazaba con echarse. Un intento de estocada cayó bajísimo. Se dio cuenta el torero y la cosa se quedó en un metisaca que le sirvió para descabellar.

Alejandro Talavante no es torero que me convenciera antes de la corrida y tampoco hizo méritos para cambiar esa opinión. Yo no sé qué le ven los que hablan y no paran de él. Cierto que su primer toro embestía a brincos pero el extremeño no supo plantear la faena que requería. Para empezar, le llegó crudo del caballo, para seguir debió domeñar el genio del toro empezando por abajo y para terminar no acertó con las distancias. El toro, sin ser nada del otro mundo, acabó aburrido del torero, que fue incapaz de verlo claro en ningún momento. El sexto pasó sin pena ni gloria.

jueves, 3 de abril de 2008

Epopeya en tres actos


Primer acto

Se fue Pepín Liria a la puerta de chiqueros, a recibir al último toro que mataba en la Maestranza. Salió el toro y en el momento que le marcaba el cambio perdió las manos el animal, lo justo para dejar al descubierto al torero. De forma que a Pepín le arrolla el toro como un mercancías y milagrosamente -y cuando lo digo, lo digo en sentido literal- se libra de la cornada por dos veces. Sale entonces la rabia y el pundonor del murciano, que arma el capote y se mete en una pelea con el victorino rematada con torería. Los pelos de punta y también esto es literal.

Brindó el murciano al público y se metió en harina con un toro que venía crudo del caballo. Por la derecha le hizo tragarse los muletazos uno tras otro. Probó entonces con la zurda y el victorino le echó el guante en el primer descuido. Paliza tremenda y de nuevo milagro, gracias entre otras cosas al quite espectacular de un subalterno que se colgó -así como suena, cual forcado lusitano- de los pitones. Se levantó Liria y sin mirarse siguió toreando. ¿Suficiente para declarar la apoteósis? Aún quedaba lo mejor. Estoconazo recetado en los mismos medios que a cualquier otro lo hubiese tumbado sin puntilla. Pero estamos hablando de victorinos. Estampa bellísima del toro en el centro del ruedo, con la boca cerrada, tragándose la muerte y Pepín Liria andando a su alrededor. Quizá fue un minuto, o dos, no lo sé, pero fue de esas cosas que se te quedan grabadas para siempre. Por fin cayó el toro y los tendidos se poblaron de pañuelos. Una oreja de ley y fuerte petición de la segunda. ¿Excesiva? En otras circunstancias, seguro, pero tampoco hubiese desentonado. En cualquier caso, el murciano dio dos vueltas al ruedo que disfrutó al máximo y se llevó el respeto eterno de la afición sevillana. Y el mío, que estamos hablando de uno de los toreros más honrados que yo haya visto.

Segundo acto

Salió Lazarillo por chiqueros y Manuel Jesús Cid lo vio claro. A partir de ahí empezó a funcionar con la precisión de un reloj suizo con un único objetivo: mimar al toro. No se puede usar el capote con menos brusquedad, no se le puede llevar al caballo con más delicadeza, no se puede estar más pendiente de la lidia. Tanto que hasta contagió a su cuadrilla, que hay que ver qué forma de bregar de El Alcalareño en banderillas. Había que seguir haciendo las cosas bien y el Cid brindó el toro a Pepín Liria. Y allá que se fue, a doblarse con él, dejándonos el anticipo de muletazos por bajo rematados con un trincherazo eterno. No hubo más preámbulos ni concesiones, la muleta a la izquierda y dio comienzo el festival de naturales, plenos de suavidad en el toque inicial, de torería en el embarque y de largura en los remates. Así uno tras otro y el toro respondía, pero ¡ay, amigo! a la mínima duda, miradita al canto. Y es que estos son Victorinos: si le haces bien las cosas se entregan pero como te vayas de la faena un momento te la lían. Viene esto al caso porque el toro pareció mucho mejor de lo que fue precisamente por la labor de El Cid, que le tapó los defectos y le exprimió sus virtudes. Todo lo hizo bien el de Salteras menos poner la guinda al pastel. Lo que podría haber sido una faena de dos orejas se quedó en nada por culpa del mal uso de la espada. Pero El Cid sigue siendo, hoy por hoy, el torero que más me motiva ver.

Tercer acto

A Melonito le faltó decisión para pelear en varas pero apuntó maneras. Le faltó decisión para pelear en banderillas pero allí estaba Antonio Ferrera para compensarlo. Que dos pares puso, oigan, dejándose ver completamente, dándole todas las ventajas al toro, acercándose ¡a tres metros andando! No era santo de mi devoción el extremeño pero al césar lo que es del césar.
A estas alturas Melonito debió decidir que era el momento de unirse a la fiesta. Y cuando Ferrera le puso la muleta por la izquierda y lo enganchó estupendamente el victorino respondió humillando como ninguno de sus cinco hermanos. La faena bajó el tono por el lado derecho y nuevamente la espada impidió que hubiese orejas. Y aquí es donde la presidenta se columpió. Me recordó a esos árbitros de fútbol malos, que pitan un penalty que no es para compensar una equivocación anterior. La bronca del respetable por no conceder la segunda oreja a Liria le remordió la conciencia y otorgó la vuelta al ruedo al toro. Que fue bueno, sí, pero no para tanto.

Epílogo

Verdecito, Milonguero, Lazarillo, Gallareto, Melonito y Paquito. Cada uno con sus características, unos mejor, otros peor, todos tuvieron el denominador común de la emoción y la casta. Todos murieron con la boca cerrada y todos hicieron que cobrara importancia lo que hicieron los tres torerazos que se pusieron delante. Así que GRACIAS, don Victorino Martín por criarlos.

miércoles, 2 de abril de 2008

Hubo toro, faltó torero y viceversa

Otro petardo ganadero esta vez a cargo de los toros de Valdefresno. Mansos, sin ninguna ambición en la embestida y por descontado, faltos de emoción. Únicamente se salva de la quema el tercero, que tuvo la desgracia de tocarle a un individuo que se empeña en ser torero y no sabe ni colocarse la montera. Me refiero a Pedro Gutiérrez "El Capea", al que por un momento confundí con Macario, aquel muñeco que sacaba Jose Luis Moreno. Gracias a la realización de Digital Plus pude desengañarme: aquello no era una boina ladera, no, era una montera que le quedaba grande.

Al pobre Buscarillo, que así se llamó el toro, lo masacraron en varas. Aún así remonto en banderillas, permitiendo el lucimiento de El Ruso, que cuajó dos buenos pares -sobre todo el último- y saludó montera en mano. Y en la muleta, cuando el incapaz que tenía delante se la puso medio bien, embistió con clase. Eso el toro, porque el torero nos deleitó con su particular tauromaquia consistente en vaciar la embestida hacia fuera a la vez que tuerce el cuello como si hubiese sufrido un repentino ataque de torticolis. Resumiendo, que como dice mi padre, hubo que pedir una oreja... pero la del torero para el toro. En su descargo hay que decir que lo mató muy bien.

En el sexto la verdad es que poco más pudo hacer ante un manso que se rajó pronto. El resto de la corrida transcurrió por similares derroteros. Antonio Barrera se encontró un primer enemigo muy protestado en varas. Flojo con el agravante de una temprana voltereta que acabó de hundirlo. A la muleta llegó con cierta nobleza pero muy parado y el diestro no pudo sacar agua de ese pozo seco.

El cuarto fue un poco más de lo mismo. De salida le pegó un buen susto al sevillano, que trató de recibirlo con una larga cambiada y por tres veces escapó de la cogida. En banderillas, las coladas fueron constantes y en la muleta, Barrera fue capaz de extraerle lo poco que tenía, merced sobre todo a un excelente planteamiento inicial por bajo. Lo mató de estocada entera, un pelín caída, que le valió una ovación del público.

Matías Tejela se las vio en primer lugar con un sobrero del Conde de la Maza con poquita clase. El madrileño, muy firme, le tragó lo suyo por el piton izquierdo firmando algunos buenos naturales, eso a pesar de que el toro se revolvía rápido pero resolvió con una buena colocación. Y el quinto fue, literalmente, un mármol.

A ver si mañana, que llegan los Victorinos, remonta la Feria.

martes, 1 de abril de 2008

El temple de César Girón

Hubo que esperar al final para ver algo potable en la mansada de Cebada Gago. Después de cinco toros tan bonitos y variados de pelo como deslucidos, César Girón nos dejó momentos de verdadera brillantez con el sexto. Muletazos templadísimos, manejando a la perfección los terrenos, citando con la muleta adelantada y llevándolo toreado. Nos las prometíamos felices, incluso llegó a a sonar la música pero fue probar el pitón izquierdo y se acabó lo bueno. Antes se había estrellado con un cárdeno que se recluyó en tablas sin dar muchas opciones.

Mi paisano López Chaves tardó en acoplarse a la embestida del primero de la tarde. Cuando lo hizo y le bajó la mano consiguió muletazos de mérito. Pero el buen sabor de boca iba a tornarse agrio merced al manejo de la espada. Chaves recetó una estocada entera pero muy tendida que dejó al toro crudo. Si a ello le unimos que el de Cebada sacó al final el manso que llevaba dentro, los intentos por descabellar fueron incontables, intercalados con arreones que dieron más de un susto al torero y su cuadrilla. Cuando pintaban bastos después de dos avisos, el toro se echó y el puntillero atinó por fin. El cuarto, distraido y mirón, no fue precisamente lo que necesitaba para remontar la tarde.

El tercero de la terna, Luis Vilches, se pegó un arrimón en el quinto que le valió para ser ovacionado. En el primero de su lote lo intentó todo y en todos los terrenos pero su esfuerzo fue estéril ante las condiciones del astado.