martes, 13 de diciembre de 2011

Volvió el lastre


Lo dije ya hace algún tiempo y hubo quien me tildó de loco: Cristiano Ronaldo es un lastre para el Real Madrid. Que es un buen jugador nadie lo duda pero de ahí a la dimensión que, practicamente a diario, pretenden darle desde ciertos medios va un abismo.

Lo comprobamos, una vez más, el sábado pasado. Llevaba una temporada el luso entrando en vereda, participando del juego de equipo, siendo generoso en las asistencias a los compañeros, aportando, en fin, sus cualidades al conjunto. Pero llegó el enésimo partido del siglo. Cientos de millones de espectadores delante del televisor siguiendo sus evoluciones sobre el cesped del Bernabeu, eso es algo que el ego de CR no es capaz de resisitir. Y volvió.

Volvió el eterno chupón que chuta a puerta de cualquier manera a pesar de tener a un compañero sólo al que pasar el balón. Volvió el cansino que se empecina en tirar toooodas las faltas para terminar estrellándolas en la barrera. Luego un día suena la flauta, mete un gol y tenemos CR hasta en la sopa pero lo que no cuenta el Marca es que, para enchufar una, ha tirado cien, en un claro homenaje a Roberto Carlos (otro que tal). Volvió el egocéntrico que pierde un balón en ataque y se queda protestando al infinito, haciendo poses para la cámara mientras sus compañeros se matan a presionar para recuperar su fallo.

Hoy juega el Real Madrid en Ponferrada. Y allí estará Cristiano y meterá un hat-trick y mañana la prensa nos intentará vender de nuevo la moto. Y la moto que yo compro es que un tal Messi llegó al partido del sábado y sacrificó su lucimiento personal para favorecer al equipo, con los resultados que todos conocemos, mientras el vendedor de fichas de los coches de choque (es la mejor definición que he leído del portugués) se dedicaba a lo descrito más arriba para intentar añadir méritos a su candidatura al Balón de Oro.

Las comparaciones, mal que me pese como madridista, ofenden.