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sábado, 2 de mayo de 2009

Qué buen vasalllo...

Ya es desgracia. La mejor corrida de la Feria y va a caer en el cartel del prejubilado, el heredero batracio y el gominas. ¡Qué pelotazo de Moisés Fraile! Los toros de El Pilar se fueron con una buena colección de orejas al desolladero por obra y gracia de la incapacidad de la terna. Este es un hierro que me trae muy buenos recuerdos, tanto por los tentaderos a los que he asistido como por la amabilidad de los ganaderos. Así que me alegro infinito de la corrida que han echado, encima jugando en campo contrario. ¡Salamanca al poder!

El prejubilado llevaba más de tres lustros sin aparecer por Sevilla y hoy se demostró por qué. Y mira que la plaza le recibió con una ovación que invitaba a pensar en empresas más grandes. Pero por no hacer ni siquiera banderilleó a ninguno de sus dos toros, que es quizá lo único que ha hecho con cierto decoro en su dilatada carrera. Por lo demás, en su línea. Pasito atrás con el capote y con la muleta despegado y nerviosito. No es que su lote fuese lo mejor de la tarde pero si la cara es el espejo del alma no podemos decir que Esplá estuviese por la labor. O eso, o se había tragado un bote de pepinillos en vinagre antes del paseillo. Uno se acordaba de la despedida de Pepín Liria el año pasado en esta misma plaza y las comparaciones son odiosas. Así es que tanta gloria lleve como descanso deja.

El heredero batracio, sin embargo, cambió el bote de pepinillos por un Red Bull o así. Si los trajes de luces fuesen como las camisetas de los equipos de fútbol no hay duda de que al Cordobés lo patrocinaría alguna marca de dentífrico. No paró de sonreir en toda la tarde, pero la pregunta es ¿de qué coño se ríe? Porque manda huevos que te toquen los dos toros que tuvo y no fuese capaz de construir una faena medianamente decente. Un lote de Puerta del Príncipe, de montar un escándalo sin precedentes. ¿Y qué ofreció el Cordobés? Pues un recital de medios pases, de recorrer todo el ruedo a merced del toro y de salto de la rana. En Sevilla.

Y lo peor es que Sevilla le pidió las orejas. Daba verguenza ajena, cuando la realización se centraba en los tendidos. Hordas de premenopáusicas con sobredosis de estrógenos gritando ¡torero, torero! y ¡guapo, guapo! Qué horror. Aquello no era la Maestranza, era una plaza de cuarta. Y ese quinto toro hartándose a embestir, con el morro por el suelo y el otro dando mantazos y descojonándose. Y no quiero hacer más sangre porque es un tío que me cae bien. Tan buena gente como incapaz para esta profesión.

Y para completar el cuadro flamenco, el gominas. Otro caso digno de estudio junto a Finito de Córdoba. Bien mirado, sus carreras son paralelas. Ambos se caracterizan por su destoreo, su infinita capacidad para dejarse ir toros de triunfo y por su única faena de mención: casarse con sus respectivas. Javier Conde naufragó con dos toros que pelearon en varas como pocos en esta Feria. Y ni supo ni pudo estar a la altura de sus dos oponentes. No se le movió un pelo, eso sí.

Así es que acabada la corrida me acordaba de aquella cita del Cantar de Mio Cid: qué buen vasallo si hubiese buen señor.

viernes, 4 de abril de 2008

Del ibérico a la mortadela

Es como si uno se acaba de echar al cuerpo un plato de jamón ibérico de bellota con una botella de Pesquera y alguien pretende que después comas mortadela con don Simón. La cara de tonto que se te pone es para enmarcar. Pues esa misma sensación quedó después de la corrida de Torrealta. Veniamos de disfrutar de la histórica tarde de Victorino y los tres héroes y nos topamos con los villanos.

El presunto torero Javier Conde se encontró en primer lugar con un toro noble, que fue de largo al caballo y alegre en banderillas. Se lo enseñó Sebastián Castella en un quite por chicuelinas pero Conde estaba en las musarañas. El presunto torero -que se las da de artista- no lo entendió y tiró las cartas a las primeras de cambio. Increible si tenemos en cuenta que las características del toro, noblón, sin malicia alguna, eran las idóneas para su presunta tauromaquia. Digamos que el marido de Estrella Morente -que es para lo que ha quedado- en vez de faena hizo putada: al toro y a los espectadores. El colmo vino cuando le ponen el micrófono de Digital Plus delante. ¿De dónde vienes? Naranjas traigo. Preguntado por su actuación el presunto dijo que en esos momentos se acordaba de su familia. Mira, en eso coincidimos. En el cuarto, otro toro con buen son que pedía mano baja y temple, el presunto estuvo como suele decir un amigo mío: más perdido que un hijoputa el día del padre.

Castella fue el tuerto en el pais de los ciegos. Saludó a su primero con el capote a pies juntos. El toro apuntaba maneras, no lo hizo mal en varas y galopó en banderillas, donde vimos un gran par de Manuel Molina. Castella arrancó con tres estatuarios y remate por bajo, para sacarlo a los medios con un molinete y empezar a citarlo largo. Una buena serie y el toro se come la muleta, otra más y a la tercera empieza a quedarse corto. El francés probó con la zurda y el toro amagó con rajarse, volvió a la diestra pero para entonces ya no había más. Lo mató de una estocada perdiendo la muleta que tumbó al Torrealta.

En el quinto vivimos un momento de tensión, cuando embistió al caballo y derribó al picador José Doblado, que cayó sobre el lomo del toro y escapó como pudo. Con el cuadrúpedo a merced del toro, fue providencial la intervención de uno de los monosabios, que se amarró a las riendas y aguantó el tirón. Rehecha la montura, Doblado dejó la firma de un gran puyazo. Tras el cambio de tercio, notabilísimo también fue el par que colocó Curro Molina. Castella brindó al público y empezó el trasteo en las rayas para acabar sacándolo a los medios. Allí el toro se tragó los derechazos gracias a la buena colocación del torero y de la muleta pero pronto empezó a cortar el viaje. Probaturas con la izquierda y el animal se rajó definitivamente. No había entrado Castella a matar y ya amenazaba con echarse. Un intento de estocada cayó bajísimo. Se dio cuenta el torero y la cosa se quedó en un metisaca que le sirvió para descabellar.

Alejandro Talavante no es torero que me convenciera antes de la corrida y tampoco hizo méritos para cambiar esa opinión. Yo no sé qué le ven los que hablan y no paran de él. Cierto que su primer toro embestía a brincos pero el extremeño no supo plantear la faena que requería. Para empezar, le llegó crudo del caballo, para seguir debió domeñar el genio del toro empezando por abajo y para terminar no acertó con las distancias. El toro, sin ser nada del otro mundo, acabó aburrido del torero, que fue incapaz de verlo claro en ningún momento. El sexto pasó sin pena ni gloria.