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jueves, 6 de mayo de 2010

Oreja de alivio

Habrá quien discuta la oreja que cortó Curro Díaz al cuarto. Hay argumentos a favor, como la gran estocada con el que lo despachó, y en contra, como que no lo quiso ver por el pitón izquierdo. Pero lo cierto es que el de Linares estuvo por encima del toro y aunque pecando de torear despegado, hubo muletazos muy bonitos, sobre todo los de pecho. Primó la estética sobre el mando y yo no le hubiera dado la oreja pero lo cierto es que fue un alivio en medio del tostón de la tarde.

Y el tostón vino fundamentalmente por la descastada corrida de Salvador Domecq. Flojos, sin clase ninguna, salvo el segundo y el cuarto, con desigual resultado. De uno ya hemos hablado y el otro, posiblemente el más potable de la tarde, le fue a tocar al francés Juan Bautista. Un torero previsible, de los que siempre hace la misma faena y que ha derivado peligrosamente en pegapases. No se enteró de que el toro pedía distancia y claro, lo aburrió, se aburrió él y nos aburrió a los demás. Con el quinto, ni supo ni pudo resolver las dificultades del animal.

Eduardo Gallo tiene la excusa del lote pero solo a medias. Poco se podía hacer con el horroroso tercero pero el sobrero de Navalrosal tenía su faena. Y no está Gallo para dudas y menos en Madrid. Requería un esfuerzo ese toro pero al principio de la faena, no en el innecesario arrimón final.

sábado, 9 de mayo de 2009

La Cuellina triunfa


"Tengo a la plaza en contra", declaró el incapaz al término de la corrida. A la plaza, a los espíritus de Belmonte, Joselito y Manolete, y a las asociaciones de consumidores si tomasen cartas en el asunto. Tuvo delante un toro de Puerta Grande y tapó su incapacidad -al César lo que es del César- con la estocada, perdiendo la muleta, sí, pero de correcta ejecución y fulminantes efectos

Decíamos ayer que Madrid no parece Madrid y esa oreja que hoy le han regalado al Capea, más conocido por el niño del Niño, pone a las Ventas a la altura de una plaza de cuarta. Un toro de escándalo, alegre en la embestida, repetidor, con un pitón derecho para reventar la Feria... Y le fue a tocar al tío más incapaz que hay en el escalafón. Incapaz pero, reconozcámoslo, revolucionario. La tauromaquia del siglo XXI le debe un lugar en la historia al inventor de la cuellina, técnica aportada por el incomprendido diestro consistente en acompañar las embestidas con el cuello, en una suerte de forzada tortícolis. Ahora nos parece antiestético, incluso horroroso, pero también se reían de Dalí y ahí lo tienes. El futuro, amigos, es la cuellina.

Si al mejor le hizo putada en vez de faena, no perderemos tiempo en explicar lo que ocurrió con su lote. Sólo apuntar que el tercero era otro bombón por la derecha y el último, con sus cositas, también tenía faena. Porque ese toro de triunfo gordo estaba sorteado para Miguel Abellán y fue a caer en manos del incapaz, merced a la cogida sufrida por el diestro madrileño en su primero. Había empezado Abellán de rodillas en el mismo centro del ruedo, poniendo de su parte lo que no tenía el de Salvador Domecq. Y en una de esas, mientras lo intentaba torear, ¡zas!, derrote seco y cornada de quince centímetros por detrás de la rodilla. Herido y todo, aún tuvo arrestos para matarlo antes de pasar a la enfermería.

David Mora, que confirmaba alternativa, anduvo muy dispuesto toda la tarde. Se fue a portagayola a por el de la confirmación, un toro que embistió en la muleta rebrincado y echando las manos por delante. Con el quinto, un sobrero de Fernando Peña, se lució en un quite por chicuelinas. El toro, el peor de la tarde, tenía un trago. No se arrugó Mora y se puso siempre en el sitio, queriendo sacarle lo poco que tenía.

jueves, 22 de mayo de 2008

Tocados y hundidos


Si no fuese por Iván Vicente esta crónica la dejaba en blanco. Porque ni César Jiménez ni Eduardo Gallo merecen una sóla línea. Su paso por San Isidro los deja muy, muy tocados, por no decir hundidos. Y luego los toros de Salvador Domecq. Menuda tardecita. Hasta el presidente se sumó a la fiesta y se permitió la frivolité de demorar la devolución del cuarto hasta que tuvo cuatro banderillas colocadas. Con un par, oiga.

Decíamos que salvamos de la quema a Iván Vicente. Nada que ver con el viernes pasado. Al mamut que abrió plaza le sacó dos series de mérito, con el inconveniente del viento y ahí se acabó el toro. Lo mató de lujo, lo mismo que al sobrero de Navalrosal, cuya faena tuvo un guión similar.

César Jiménez no tuvo toro en su primer turno. Y es que lo masacraron en el caballo, a pesar de que el picador se quedó con media puya, tras partirse la vara en el primer encuentro. Pero le sacudió de lo lindo. Y al llegar a la muleta, cualquier parecido del sobrero de Guadalest con un toro de lidia era mera coincidencia. Jiménez se empeñó en lo imposible y lo mínimo que podemos decir es que estuvo pesadito. Y en el quinto, más de lo mismo.

Eduardo Gallo tuvo en sus manos el toro más manejable de la tarde. No estuvo mal con el capote pero con la muleta se mostró cuando menos torpe. Otro adjetivo no cabe cuando comenzó como pedía el toro, dándole sitio y series cortas. Porque si bien el de Salvador Domecq demostraba cierta clase adolecía de fuerza. Y Gallo se empeñó, nadie sabe por qué, en alagar las tandas y acortar los terrenos. Se redimió con el uso de la espada pero el daño ya estaba hecho. El sexto no ofreció opción alguna.