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sábado, 8 de mayo de 2010

Para salir corriendo (a Jerez)

Si no es por las ganas de Javier Cortés la tercera de abono hubiese sido para salir corriendo y no parar hasta Jerez, donde Morante bordó el toreo. El caso es que el muchacho confirmó la alternativa y puso el coraje y la valentía. Con lo que le perdonamos que anduviese despegadillo toda la tarde. Al primero lo toreó con temple, sobre todo en una buena serie con la izquierda, aunque ya digo, con el defecto de no ceñirse con el toro. Y al sexto, mientras le duró, trató de sacarle lo poco que tenía y se tiró a matar como un león, saliendo prendido de la suerte.

Claro que para matar bien, Uceda Leal. Qué estocada le arreó al segundo, madre mía. Casi que fue lo único de mérito que hizo en toda la tarde. Claro que al quinto, un auténtico mármol, era imposible darle un pase. Que por cierto, vaya tela de corrida la de Antonio Bañuelos, aquí no se libró hoy nadie.

Y el tercero en discordia... Ay , señor, qué suplicio es ver a este muchacho de luces. Con el tercero, en su línea, citando al hilo del pitón, toreando para afuera y aplicando la cuellina (véase aquí la explicación de esta nueva suerte). Y cómo es así, se echa al público encima a base de encogerse de hombros mientras va a por la espada y le enchufa un bajonazo infame. Lo ideal para entrar en Las Ventas, vamos. Al quinto se lo cargó el picador en un desastroso tercio de varas y al llegar a la muleta, directamente se echó ante la impotencia del matador. Luego declara que no sabe lo que tiene que hacer para gustar al público de Madrid. Te lo digo yo, Capea, no volver y torear sólo en tu finca para los amigos.

sábado, 9 de mayo de 2009

La Cuellina triunfa


"Tengo a la plaza en contra", declaró el incapaz al término de la corrida. A la plaza, a los espíritus de Belmonte, Joselito y Manolete, y a las asociaciones de consumidores si tomasen cartas en el asunto. Tuvo delante un toro de Puerta Grande y tapó su incapacidad -al César lo que es del César- con la estocada, perdiendo la muleta, sí, pero de correcta ejecución y fulminantes efectos

Decíamos ayer que Madrid no parece Madrid y esa oreja que hoy le han regalado al Capea, más conocido por el niño del Niño, pone a las Ventas a la altura de una plaza de cuarta. Un toro de escándalo, alegre en la embestida, repetidor, con un pitón derecho para reventar la Feria... Y le fue a tocar al tío más incapaz que hay en el escalafón. Incapaz pero, reconozcámoslo, revolucionario. La tauromaquia del siglo XXI le debe un lugar en la historia al inventor de la cuellina, técnica aportada por el incomprendido diestro consistente en acompañar las embestidas con el cuello, en una suerte de forzada tortícolis. Ahora nos parece antiestético, incluso horroroso, pero también se reían de Dalí y ahí lo tienes. El futuro, amigos, es la cuellina.

Si al mejor le hizo putada en vez de faena, no perderemos tiempo en explicar lo que ocurrió con su lote. Sólo apuntar que el tercero era otro bombón por la derecha y el último, con sus cositas, también tenía faena. Porque ese toro de triunfo gordo estaba sorteado para Miguel Abellán y fue a caer en manos del incapaz, merced a la cogida sufrida por el diestro madrileño en su primero. Había empezado Abellán de rodillas en el mismo centro del ruedo, poniendo de su parte lo que no tenía el de Salvador Domecq. Y en una de esas, mientras lo intentaba torear, ¡zas!, derrote seco y cornada de quince centímetros por detrás de la rodilla. Herido y todo, aún tuvo arrestos para matarlo antes de pasar a la enfermería.

David Mora, que confirmaba alternativa, anduvo muy dispuesto toda la tarde. Se fue a portagayola a por el de la confirmación, un toro que embistió en la muleta rebrincado y echando las manos por delante. Con el quinto, un sobrero de Fernando Peña, se lució en un quite por chicuelinas. El toro, el peor de la tarde, tenía un trago. No se arrugó Mora y se puso siempre en el sitio, queriendo sacarle lo poco que tenía.

martes, 13 de mayo de 2008

Diego Urdiales se reivindica


Uno entró en el cartel por la puerta de atrás, sustituyendo a Serafín Marín. El otro parece que tiene carta blanca para estar en las ferias sin más credencial que el apellido paterno. El uno dio una lección a pesar de lo poco que torea. El otro da igual que haga el paseillo diez o cien tardes, de donde no hay no se puede sacar.













Diego Urdiales a la izquierda y el niño del Niño a la derecha. O la diferencia entre el toreo y la trampa.

El primero de Carmen Segovia no parecía gran cosa pero llegó a la muleta y cambió a bueno. Y allí estaba un torero que necesitaba jugárse la temporada -o su carrera- a una carta. Y se la jugó. Lo debió ver claro Diego Urdiales, que brindó al público y manejó la muleta con la facilidad del que tiene cincuenta contratos en el bolsillo. Mejor por la derecha -pitón de escándalo- que al natural. Se empeñó en torearlo por la izquierda y ahí la faena bajó el tono, amén de prolongarla innecesariamente. Era un toro de dos orejas aunque la cosa se quedó en nada porque lo pinchó dos veces. Pero dejó al público predispuesto para el cuarto.

Y la suerte estaba de su parte porque lo que salió por chiqueros era un cinqueño de 650 kilos con pinta de cualquier cosa menos de embestir. Pero hay días que el destino te tiene preparada una sorpresa y mira tú por donde que el toro sirvió. Sin ser tan claro como el primero pero Urdiales supo darle el inicio de faena adecuado y el animal rompió a bueno. También en éste el pitón fue el derecho, por donde surgieron pases hondos y templadísimos. Toreo del bueno, del que pone la plaza boca abajo. Esta vez no se podía fallar y el riojano lo tumbó de un estoconazo que dio paso a una oreja de muchos kilates. Lástima de Puerta Grande sólo entreabierta.

Si el lote de Urdiales fue el bueno, el de Fernando Cruz fue para llorar. Añádase el desastre de lidia de su cuadrilla, que empeoró las de por sí nulas condiciones de sus enemigos. Si malo fue el segundo, lo del quinto fue para llorar. Anduvo como pudo con él y al menos lo mató de una buena estocada, después de un auténtico festival de pinchazos y descabellos en el anterior.

Y en medio de todo, el Capea y su incapacidad para esta profesión, sin conocimiento alguno de los terrenos y abusando de las ventajas. El tercero, sin ser gran cosa, tenía su lidia, pero no se le pueden pedir peras al olmo. Digamos que en otras manos el toro hubiese servido. Al menos vimos parear con calidad a El Ruso, que como en Sevilla, saludó montera en mano. Pero lo que fue de juzgado de guardia fue lo del sexto, otro bicharraco que pasó de los 600 kilos. Urdiales se lo enseñó en un quite pero Capea estaba en las musarañas. Pedía el toro distancia y el torero se puso encimista. Y claro, lo aburrió. Lo mismo que el niño del Niño al público.

Sólo falta que aburra de una vez a los empresarios.

miércoles, 2 de abril de 2008

Hubo toro, faltó torero y viceversa

Otro petardo ganadero esta vez a cargo de los toros de Valdefresno. Mansos, sin ninguna ambición en la embestida y por descontado, faltos de emoción. Únicamente se salva de la quema el tercero, que tuvo la desgracia de tocarle a un individuo que se empeña en ser torero y no sabe ni colocarse la montera. Me refiero a Pedro Gutiérrez "El Capea", al que por un momento confundí con Macario, aquel muñeco que sacaba Jose Luis Moreno. Gracias a la realización de Digital Plus pude desengañarme: aquello no era una boina ladera, no, era una montera que le quedaba grande.

Al pobre Buscarillo, que así se llamó el toro, lo masacraron en varas. Aún así remonto en banderillas, permitiendo el lucimiento de El Ruso, que cuajó dos buenos pares -sobre todo el último- y saludó montera en mano. Y en la muleta, cuando el incapaz que tenía delante se la puso medio bien, embistió con clase. Eso el toro, porque el torero nos deleitó con su particular tauromaquia consistente en vaciar la embestida hacia fuera a la vez que tuerce el cuello como si hubiese sufrido un repentino ataque de torticolis. Resumiendo, que como dice mi padre, hubo que pedir una oreja... pero la del torero para el toro. En su descargo hay que decir que lo mató muy bien.

En el sexto la verdad es que poco más pudo hacer ante un manso que se rajó pronto. El resto de la corrida transcurrió por similares derroteros. Antonio Barrera se encontró un primer enemigo muy protestado en varas. Flojo con el agravante de una temprana voltereta que acabó de hundirlo. A la muleta llegó con cierta nobleza pero muy parado y el diestro no pudo sacar agua de ese pozo seco.

El cuarto fue un poco más de lo mismo. De salida le pegó un buen susto al sevillano, que trató de recibirlo con una larga cambiada y por tres veces escapó de la cogida. En banderillas, las coladas fueron constantes y en la muleta, Barrera fue capaz de extraerle lo poco que tenía, merced sobre todo a un excelente planteamiento inicial por bajo. Lo mató de estocada entera, un pelín caída, que le valió una ovación del público.

Matías Tejela se las vio en primer lugar con un sobrero del Conde de la Maza con poquita clase. El madrileño, muy firme, le tragó lo suyo por el piton izquierdo firmando algunos buenos naturales, eso a pesar de que el toro se revolvía rápido pero resolvió con una buena colocación. Y el quinto fue, literalmente, un mármol.

A ver si mañana, que llegan los Victorinos, remonta la Feria.