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miércoles, 13 de mayo de 2009

Bolívar conquista Madrid

Hubo que esperar al último de la tarde pero valió la pena. Habíamos sufrido la indolencia de Juan Bautista con su noblote primero y su incapacidad ante el encastado cuarto. Habíamos padecido la tauromaquia, con perdón, de Fandi. Habíamos asistido al ni sí ni no sino todo lo contrario de Luis Bolívar con el deslucido tercero, uno de los tres de Marqués de Domecq que completó la corrida de Las Ramblas.

Y del hierro titular fue el toro de la tarde, y uno de los toros de la Feria. Ya se movió con clase en el capote, que manejó con gusto y susto - en un lance de remate le propinó una voltereta sin consecuencias- el colombiano Bolívar. Siguió dejando detalles de calidad en el caballo, sobre todo en el primer puyazo. Y llegó la faena de muleta.

Se fue Bolívar al centro y citó de lejos. Arrancó alegre el toro y respondió el torero con las zapatillas atornilladas a la arena y corriendo la mano con poderío, Gran serie por la derecha. Siguió por ese pitón y la faena tomó vuelo gracias a la codicia del toro en su embestida. En el remate de esa segunda serie cambió la muleta de mano y ese fue el error. Se quedó a mitad de pase, lo vió y lanzó el derrote. Y esta vez no se escapó: cornada de diez centímetros en el muslo.

No se inmutó Bolívar, se hizo hacer un torniquete y volvió a la faena. De nuevo series emocionantes por la derecha e incluso lo volvió a intentar por el pitón complicado antes de recetarle una estocada pelín caida pero ejecutada con mucha fe. La petición de oreja fue unánime y el trofeo, merecidísimo.

martes, 20 de mayo de 2008

Un globo, dos globos, tres globos...


Cuando pinchas un globo descubres que dentro no hay nada. Bueno, aire, pero como si nada. Poco más o menos le ocurre a Juan Bautista. El francés lleva una temporada en preocupante cuesta abajo y cada vez que pinchamos sale aire. Se libró en Sevilla por la suspensión pero en Madrid sus dos tardes han sido la prueba de que pierde crédito a chorros. La corrida de Las Ramblas no ha sido para tirar cohetes pero desde luego su lote daba para mucho más. Grandotes los toros, enormes algunos (659 kilos dio en la báscula el quinto) pero con sus cositas.

Como el primero de Bautista, que descubrimos en un quite por gaoneras de Serafín Marín. El toro se desplazaba y el torero imprimió demasiadas prisas a su faena. Ni siquiera una buena estocada sirvió para que el público lo tomara en serio. Y en el cuarto poco más o menos.

Serafín Marín, que venía de un serio percance, tragó lo suyo al segundo -quizá el peor de la tarde- en una faena con escaso eco en los tendidos pero con un fondo de profesionalidad. Con el mentado quinto, un búfalo con cierta nobleza, tuvo el mérito de darle distancia y tratar de enseñarle a embestir. Lo mejor, el estoconazo con que lo tumbó.

Y Matías Tejela, que también reaparecía después de la cogida de Nimes, estuvo muy perdido toda la tarde. En su descargo hay que decir que tuvo un lote infumable pero en Madrid hay que estar un poquito más entregado. Su primero le desbordó en el capote y tuvo que parárselo un enorme Luis Miguel Villalpando. Luego no supo plantear la lidia y anduvo a merced del animal. Con el que cerraba plaza tampoco se confió en ningún momento.