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sábado, 26 de mayo de 2012

El Príncipe confirma en Madrid


(Como mis obligaciones con mi prole no dejan tiempo para escribir, le cedo gustoso el espacio del blog a mi hermana Irene para que nos cuente historias de San Isidro. Aquí van sus impresiones de la corrida del pasado jueves)

(Texto: Irene Alférez; Foto: Emilio Méndez) 

El pasado 24 de mayo confirmó su alternativa Diego Silveti en Madrid, justo el día en que se cumplían veinticinco años de la confirmación de su añorado padre, el Rey David. Su padrino fue Sebastián Castella, que forzó su reaparición tras la cornada de su anterior y épica tarde en San Isidro, y como testigo actuó el sevillano Daniel Luque.

Se lidiaron cuatro toros de Núñez del Cuvillo, un sobrero de Carmen Segovia y otro de Salvador Domecq. Lástima que dieron poco juego y la tarde solo dejo pinceladas en nuestras retinas.

Con la plaza llena, la confirmación en Madrid había despertado gran interés, tanto en España como en México y fueron muchos los aficionados mexicanos que quisieron arropar a su Príncipe en este día tan señalado. Tuve la suerte de vivir esta tarde de una forma especial, pues gracias a mis maestros, Javier Arroyo y Emilio Méndez, estuve presente en el patio de cuadrillas fotografiando a la terna antes de realizar el paseíllo. Una alternativa de lujo en San Isidro.

Yo había estado en algún patio de cuadrillas antes pero nunca en Las Ventas y en San Isidro, hasta para eso Madrid es diferente y se nota. El primero en aparecer fue Silveti, con el vestido blanco y oro de su alternativa en Gijón el pasado 12 de agosto de 2011. Un vestido ya usado pero precioso, con un sabor especial. Con esa elegancia natural de los príncipes y ese saber estar. Su rostro reflejaba tranquilidad, reposo y alegría, disfrutando su momento. Aunque seguro que la procesión iría por dentro, él lo disimuló muy bien. En ese patio de cuadrillas comprobé como la cara es el espejo del alma, se palpan muchas emociones en esos momentos previos. No solo de las cuadrillas, también de los apoderados, acompañantes e incluso los propios compañeros de prensa.

El segundo en llegar fue Castella. Me di cuenta cuando cruzó por delante de mi objetivo y se colocó justo delante de mí. Clavándome esa mirada suya tan significativa, entre enfadadísimo por estar ocupando “su sitio” y sorpresa por verme allí. De repente me vi como parte de su cuadrilla, colocada entre él y su primer banderillero. Todos allí geométricamente situados frente a la cuadrilla de Silveti. Mientras todos los compañeros de la prensa a excepción de mí, disparaban sin parar sus cámaras desde el portón de salida hacia la plaza. Pedí perdón y salí de la manera mas digna que pude de aquella encerrona, eso si, fueron los cinco segundos más largos de mi vida.

Y por último llegó el sevillano Daniel Luque, discreto ocupo un lugar cerca de la puerta con los suyos. Muy solemne por la responsabilidad que significaba estar allí aquella tarde de San Isidro. Una experiencia inolvidable en una tarde para el recuerdo, lamentablemente no por el resultado de la corrida mas tarde.

Me gustó el quite por gaoneras de Silveti a Tarifeño, el toro de su confirmación. Después ya con la muleta realizó una faena muy templada e inteligente. Dando sitio al toro y dejándole reposar, pues estaba muy justito de raza. Lo cuidó mucho y pudo demostrar al menos una pincelada de su toreo. Lástima que lo pinchara dos veces antes de la estocada definitiva, aun así recibió sentidas palmas que agradeció al publico con sentimiento recíproco.

A Silveti le vi torear en la México la tarde de la pasada corrida guadalupana el 11 de diciembre de 2011. Esa tarde cortó un rabo a su sexto toro Charro Cantor de Los Encinos, faena que yo no vi…aunque esto daría para escribir otra crónica y no es el momento. Veo en el una positiva proyección, lenta pero segura,como debe ser. El toreo necesita su tiempo de asimilación y es importante avanzar cada día pero a la velocidad adecuada. Como dijo el rey Fernando VII de España “vísteme despacio que tengo prisa”. Su sexto toro fue devuelto a los corrales por falta de fuerza y en su lugar lidió un sobrero de Salvador Domecq, la ganadería de su alternativa. No dio buen juego pero a este si lo mató de una estocada…

Castella continuó en su ascensión hacia el templo de los dioses en San Isidro y de no ser por la espada, hubiera cortado una oreja o incluso abrir la Puerta Grande. Ni siquiera quiso dar la vuelta al ruedo a pesar de que recibió una fuerte ovación e incluso hubo petición de oreja en los tendidos. Su casta y orgullo no se lo permitieron. Bien por él.

Por último, Daniel Luque dejo pinceladas con el capote y la muleta pero su lote no le permitió redondear ninguna actuación.

Después de ver esta corrida de Núñez del Cuvillo, muchos nos planteamos otra vez la reflexión sobre la situación actual de la ganadería brava. Viendo la evolución ganadera de San Isidro, parece que tenemos un problema importante y con difícil solución, al menos a corto plazo.

Nos quedaremos con las sensaciones positivas del patio de cuadrillas en una tarde de sentida confirmación en Madrid de un torero mexicano, apadrinado por un francés y siendo testigo un sevillano. Un cartel internacional para el Príncipe, como fue el de la confirmación de alternativa del Rey. 

La historia se repite y Silveti abandona el coso venteño con el capote de paseo de su padre sobre los hombros.  


Irene Alférez

martes, 10 de mayo de 2011

Las ganas de Luque

No hemos salido de Sevilla y ya estamos enfilando la calle Alcalá para entrar en Las Ventas. Los caprichos del calendario han hecho que este año practicamente empalmemos una feria con otra, si no es por el descanso de ayer. Así que preparémonos para el gran puerto de montaña de la temporada: San Isidro.

Para abrir boca, los lisardos de Valdefresno. Muy bonitos de hechuras y de comportamiento variable. Por ejemplo el primero hubiese sido un gran toro con un pelín más de fuerza. Pero el fondo era bueno aunque Juan Bautista no terminó de acoplarse con él. Como de costumbre en el francés, vamos. En cambio con el cuarto no caben los reproches, lo cierto es que el toro no daba para más.

El otro bueno fue el quinto, entiéndase por bueno, encastado. Matías Tejela anduvo con él pero entre la poca fuerza del toro y la falta de temple del torero se diluyó la faena. Por increible que parezca, parte de Madrid pidió la oreja pero se quedó en saludos. Con el primero de su lote se hartó de dar pases sin ton ni son.

Daniel Luque se las vio con un rajado tercero que buscaba las tablas continuamente. Quiso sacarlo al tercio pero allí no quería pelea, así que se tuvo que conformar con torearlo muy cerrado y extraerle pases a favor de la querencia. Que es donde tenía la faena el toro. Al menos hubo voluntad, como la puso en el sexto toreando de capote. Mucho castigo en varas recibió el de Valdefresno así que a la muleta llegó ya muy parado. Lo poquito que tenía se lo sacó el sevillano.

jueves, 5 de mayo de 2011

El fracaso de la marca blanca

Soy muy fan de las marcas blancas para según qué cosas. Pero tengo claro desde hoy que el concepto no encaja en lo que a ganadería de bravo se refiere. Así que, señor empresario, si usted quiere traer una corrida de Jandilla tráigala -de hecho está anunciada para mañana- pero evite estos sucedáneos. El nombre del hierro se las trae, Torrehandilla y Torreherberos, pero lo realmente enrevesado es el criterio que se siguió para embarcar estos toros a la Maestranza. Hubo alguno realmente feo y en conjunto una escalera de tipos. Insisto, empiezo a ver demasiadas cosas que no me gustan en una plaza puntera como lo es Sevilla.

Dicho lo cual, aclaremos que sí hubo un toro digno de tal nombre. Fue precisamente el primero de la tarde, que fue a caer en manos de El Cid y le cortó una oreja. Visto así, no parece que existan motivos para la queja pero sí. No me gustó nada ver las ventajas que se tomó el diestro de Salteras, siempre despegado y toreando en línea. No lo merecía el toro ni lo merece la hoja de servicios de El Cid, al que sabemos hasta dónde se le puede exigir. Pero ya hemos dicho en comparecencias anteriores que no está fino. Bueno, sí, con la espada nada que objetar aunque la oreja se me antoja excesivo premio.

Cayetano anduvo de las veces que mejor le he visto, sobre todo con el capote, muy variado. El problema es que no tuvo enemigo, porque ponerte a hacer alardes de dignidad, como descalzarse, con los novillitos que le tocaron en suerte como que no cuela. Hasta le pidieron la oreja en el quinto, menos mal que el presidente supo estar en su sitio.

Y Daniel Luque, otro al que tengo marcado en la lista de los pegapases, también me sorprendió. Al menos le puso ganas en sus dos toros, sobre todo en el sexto. Manso como casi todos pero con un puntito que supo Luque sacarle planteando una faena en las tablas. Lo mató más que decorosamente y, éste sí, cortó una oreja.

lunes, 2 de mayo de 2011

Infame mansedumbre

Infame se llamó el primero de El Ventorrillo. No me parece nombre para ponerle a un toro, con lo rica y variada que es la onomástica ganadera. El caso es que infame fue el primero e infames los cinco siguientes. Válgame Dios, qué corrida. Repasando crónicas de este mismo hierro, encuentro una de hace un par de años en Pamplona que titulé Ventorrillo o pedorreta. Pues podía valer perfectamente para el día de hoy.

Así que ahí tuvimos a El Juli, que venía espoleado por el jaleo de Manzanares, escapando de la cornada que el mentado primero se empeñó una y otra vez en obsequiarle. Solo un quite por chicuelinas valió la pena artísticamente. O asistiendo impotente como el cuarto, el único medio normal, se rajaba en cuanto le apretó con la muleta. A los dos los mató, como el viernes, de dos estocadas muy traseras.

Claro que para espadazo infame el que le atizó Daniel Luque al tercero, después de un recital de pinchazos. Tampoco con el sexto hubo lucimiento a pesar de la voluntad del diestro por terminar metido entre los pitones e intentando un toreo de cercanías.

Miguel Angel Perera tuvo el peor lote, que ya es decir. Aparte de manso, el segundo fue horroroso de presentación, más propio de una feria de ganado que de una plaza de primera. Y se hartó de perseguir al quinto por todo el ruedo en busca de un pase. Imposible hilar faena.

jueves, 17 de marzo de 2011

Manzanares pero Morante


Dirán las crónicas que el triunfador de la tarde fue Manzanares pero yo me quedo con el toreo de capote de Morante de la Puebla. Decía Molés en la retranmisión de Canal Plus que, reglamento en mano, podría completar el último tercio a base de verónicas y chicuelinas. No le den ideas que éste es capaz de probar y poner una plaza boca abajo. Hoy ya hizo algo que no se suele ver: un quite después de haber puesto banderillas. El saludo al primero de Núñez del Cuvillo fue espectacular, sin esperar probaturas, sin dejar al toro dar un par de vueltas, nada de eso, asomar por la boca del burladero y ponerse a dar verónicas. Y la media, ay, qué media.

El inicio de la faena de muleta presagiaba cotas altas: sentado en el estribo, a la antigua usanza, y llevando con mimo la endeble embestida del animal. Esa fue la nota predominante de la labor del de la Puebla: la suavidad. Hace las cosas sin un mal gesto, sin brusquedades, haciendo que parezca fácil lo que sólo unos pocos elegidos son capaces de hacer. No duró mucho el toro y hubo que conformarse con un capítulo abreviado de la tauromaquia de Morante pero da igual. Hay más toreo en esa media verónica que en toda la temporada de cualquier pegapases de los de ayer. Con el cuarto volvió a dictar otra clase magistral con el capote y en la muleta no hubo ni atisbo de faena, ante las nulas condiciones del toro.

Jose María Manzanares torea muy bien, dicen. Pues hijo, yo mira que lo intento pero en la faena al primero de su lote no vi sino pases abusando del pico de la muleta, con la pierna retrasada y pasándose el toro a dos metros. Compone muy bien la figura -eso ya lo inventó Ponce- pero no le concede una ventaja al toro. Eso sí, al César lo que es del César, lo mató de un estoconazo que por sí sólo valía la oreja que le concedieron.

Donde pudo liarla fue en el quinto. Otra vez despegadísimo pero con una virtud, la del temple, que sirvió para corregir el incómodo cabeceo del toro y construir una faena donde lo mejor fueron los pases de pecho y el toreo al natural en las series finales. Cuando tenía la Puerta Grande en la mano, se empeñó en matarlo recibiendo por dos veces. Sendos pinchazos disiparon la posibilidad de premio.

Lo mejor de Daniel Luque fue también el toreo de capote al tercero. Con la muleta, véanse los defectos señalados a Manzanares y añádase que torea encorvado y está hecha la crónica. Con el sexto empezó bien, dándole distancia pero luego se perdió en pases sin ton ni son y terminó metido entre los pitones.

Para rematar el despropósito, terminó la faena a cabezazos con el culo del toro. Sí has leído bien, esto debe ser el toreo moderno.

(Fotos:Burladero.com)

lunes, 23 de agosto de 2010

Sólo Luque

Durante tres años seguidos tuve la oportunidad de asistir a la Feria de Bilbao y quedé atrapado para siempre por esa plaza de arena ceniza y esa afición que aprecia detalles que en otros lugares pasan desapercibidos. Añoro los pasillos del Ercilla o del Carlton antes y después de la corrida, auténticos parques temáticos de la tauromaquia. Y aunque ahora no puedo escaparme a disfrutar de esa Semana Grande, al menos la televisión amortigua este síndrome de abstinencia que me martiriza a finales de agosto. Me engancho a la Feria con la resaca de la grave cogida de Sergio Aguilar el domingo, afortunadamente solucionada por los médicos.

Corrida de Fuente Ymbro, bien presentada, con kilos, pero sosa hasta decir basta a excepción del sexto. El Fandi anduvo en tono menor, que ya es decir. Ni siquiera en banderillas, su único punto fuerte por ser generosos, tuvo su tarde. Con el material que le correspondió era como pedirle peras al olmo que diera un pase.

A Miguel Angel Perera lo encontré apagadillo, como si se hubiese contagiado del color del ruedo bilbaino. Firmó dos faenas tan largas como planas, muy en las cercanías pero sin transmitir nada por la sosería de sus oponentes. Todo lo contrario que su banderillero, Joselito Gutiérrez. Sucedió en el segundo de la tarde, cuando al tratar de cuadrar el primer par el toro lo prendió de manera trágica por el pecho levantándolo un trecho del suelo. Ya cayendo, un segundo derrote seco fue a parar al muslo y dio con los huesos del torero de plata bruscamente en el suelo. Allí dio el Fandi su mejor pase de la tarde, tras quitarle el toro a punta de capote. Conmocionado Joselito, se lo querían llevar para adentro pensando que llevaba tabaco pero, pasado el mareo del golpe, se empeñó en poner su segundo par. Desmonterado, con la cara aún demacrada por el trastazo, se fue a por el toro, que le esperó y le apretó una barbaridad. Aguantó el trago y dejó el par con torería. De esa que algunos reivindicamos aunque no vista de oro y su nombre no aparezca en los carteles. Por cierto, que Luis Mariscal, otro miembro de esa cofradía se recupera del gravísimo percance de la semana pasada.

Lo mejor de la tarde lo puso Daniel Luque. En el primero de su lote estuvo tan ventajista como acostumbra -maldita tauromaquia moderna, que ha consagrado el uso del pico de la muleta- si exceptuamos un quite por chicuelinas. Pero en el sexto, el único toro potable de la tarde, hay que reconocer que estuvo bien. Empezó también perfilero pero en cuanto descubrió el pitón izquierdo del toro la cosa tomó otros vuelos. Hubo naturales muy limpios y hondos, incluso recuperó por dos veces el cartucho de pescao de su paisano Pepe Luis Vázquez. Con la espada no anduvo fino y el premio se quedó en una vuelta al ruedo.

miércoles, 29 de abril de 2009

Luque espantó la modorra


La Feria ha entrado en una cuesta abajo ganadera que no parece tener límites. Y bien que lo siento porque me consta que los de hoy son buena gente y profesionales de lo suyo. Pero eso no evita el petardo.

Lo único digno de reseñar llegó al final. A Daniel Luque se le escapaba la Feria entre los dedos y supo pegar el arreón. Ante un toro de El Puerto de San Lorenzo-para variar- manso estuvo firme, sereno, valiente, queriendo ser alguien en esto. No fue una faena bonita pero sí poderosa. Y emocionante. Encima se tiró a matar como un jabato, con lo que la oreja fue de las más merecidas de esta edición.

El resto fue para olvidar. Como el paso de el Cid por esta Feria, de la que sale muy tocado. Salvo el día de los Victorinos, le he visto muy por debajo de lo que se espera de él. A ver si en Madrid remonta.

Y Castella, poco más o menos. Aunque se justificó con el mal segundo bis y anduvo queriendo con el sobrero que hizo quinto, pero le pudo el ambiente derrotista de la tarde.

viernes, 24 de abril de 2009

Brilla la plata

Como sería la tarde cuando los triunfadores fueron dos hombres de plata: Curro Robles, que ya había destacado ayer, y Jose María Tejero. El primero protagonizó un tercio de banderillas memorable al sexto de una corrida de El Torreón mansa y descastada. Apretó una barbaridad el toro pero Robles se puso como si fuese bueno, dejándose ver. Cuadró y dejó los palos arriba pero el toro hizo hilo con él y allí apareció Tejero para meter el capote y hacerle un quite de esos que se agradecen toda la vida. Cuando llegó de nuevo su turno, Curro Robles le dijo al toro aquello de no quieres caldo, pues toma dos tazas. Se plantó en el centro del ruedo, volvió a citarlo con chulería y como el bicho no venía, allá se fue él a su encuentro para dejarle otro señor par en todo lo alto. Y hasta sonó la música.

Y eso fue lo más destacado de una tarde en la que Enrique Ponce estuvo pesadito con el que abrió plaza, dando el pasito atrás con el capote y ahogándole la poca embestida en la muleta. Con el cuarto quizá estuvo mejor colocado, pero entre la mansedumbre del toro y el viento, aquello no llegó a nada.

El primero del lote de Jose María Manzanares dio un mítin para ponerlo al caballo, saliendo suelto continuamente. Lo entendió bien el torero, cuyo mérito estuvo en quedarse bien colocado entre pase y pase y enseñarle mucho la muleta. Con esa receta fue capaz de sacarle series cortas y ligadas, con el debe de hacerlo despegadillo. Lo que nadie le va a discutir es lo bien que acompaña con la cintura los muletazos y lo bonito que se pone en los remates -hubo un cambio de mano eterno- pero a mi modo de ver le faltó algo más. A la hora de matar fue muy curioso. Pinchó en un buen sitio y a medida que el toro se movía, la espada iba entrando más y más, de modo que terminó por quedarle un estocada casi entera. Y aquí se acabó el cuento, pues el quinto fue para salir corriendo.

Daniel Luque, el más bisoño de la terna, demostró tanto valor como poca cabeza. No sabemos qué pretendía llevándose a los medios a un toro manso de solemnidad. Si ya era malo, lo hizo peor, así que poco pudo lucir.