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lunes, 25 de abril de 2011

Oliva Soto por naturales

Vaya dos prendas para abrir la Feria de Sevilla. En realidad, comenzó ayer pero los que la seguimos por televisión nos quedamos sin disfrutar del capote de Morante y la muleta de El Juli, así que había hambre de toros. Y los principios, ya digo, fueron desesperantes.

Luis Vilches abrió cartel frente a un elemento del Conde de la Maza y precisamente el saludo de capote fue lo más lucido de su labor. Con la muleta arrancó a media altura y logró alguna serie ligada por la izquierda, hasta que se le coló y la desconfianza hizo mella en la faena. Feísimo bajonazo para rematarla.

Iván Fandiño tuvo aún peor suerte. Voluntarioso con el capote el diestro vasco y muy mal picado el toro, lo que acentuó sus defectos. Apretó en banderillas y llegó a la muleta muy mirón, pegando tornillazos y escarbando. La faena fue un constante intento del torero por ponerse mientras escapaba de las tarascadas del toro. Muy digno Fandiño.

Lo mejor de la tarde llegó en el tercero, aunque algunos espectadores se empeñaran en solicitar su devolución. Se encargó el toro de dejarlos en evidencia en cuanto Oliva Soto tomó la muleta. Se venía largo y se puso el de Camas en el sitio bueno. Una serie por la derecha muy buena, con voltereta incluida y sobre todo los naturales, con mucha personalidad, calentaron al público. Pero la espada estropeó cualquier atisbo de trofeo. Horrorosamente malo el manejo de los aceros.

Cuarto y quinto fueron un dechado de sosería, paradisimos, sin casta alguna, ante los que nada pudieron hacer los toreros. Con el sexto Oliva Soto volvió a dibujar algún natural pero le duró muy poco.

viernes, 7 de mayo de 2010

¿Qué hago yo aquí?


Salían los toros por el chiquero y se quedaban mirando a los tendidos de Las Ventas como diciendo qué hago yo aquí. Y no les faltaba razón que para mí tengo que se liaron en la finca y embarcaron seis mansos con destino al matadero. El caso es que con ese material fue imposible ver a Leandro siquiera sacar algún destello de ese toreo que nos conquistó en febrero en Vistalegre. Morenito de Aranda se desesperó con el segundo, que no quería más que tablas e Iván Fandiño se pegó literalmente con el tercero, que lo prendió al entrar a matar.

No sé si por el festival de mansedumbre que nos estaba brindando el ganadero Jose Luis Pereda pero el caso es que el quinto pareció el tuerto en el país de los ciegos: un cinqueño imponente que tuvo un pitón izquierdo medio potable. Y allí se puso Morenito de Aranda, tragándole y sacando un par de series de mucho mérito. Hasta que el toro se cansó del juego y se lo echó a los lomos. Tremenda paliza la que llevó el torero burgalés que, medio conmocionado, siguió intentándolo por el mismo pitón. Y se los arrancó, oye. Lo mejor fue el estoconazo que recetó, que tiró al toro sin puntilla. Hubo petición de oreja, no mayoritaria, pero sólo la estocada lo valía. Dio una clamorosa vuelta al ruedo.

Y el sexto, otro cinqueño, también pareció que ayudaba a remontar la tarde. Brindó Iván Fandiño al público creyendo que había material pero le duró un suspiro. Lo justo para dar un par de series por la izquierda en los medios donde parecía que el viaje del toro era largo. Pero enseguida se rajó y se acabó lo que se daba.

martes, 12 de mayo de 2009

Fandiño salva el naufragio

No hay por dónde cogerla. La corrida de José Luis Pereda admite todos los calificativos negativos que se os ocurran, incluso insultos. Así que tampoco me apetece mucho ponerme a rememorar semejante desastre.

Hay que destacar, eso sí, la buena labor de Iván Fandiño, que confirmaba alternativa. Sobre todo teniendo en cuenta el material que tuvo delante. Al de la confirmación -que fue el único que se medio dejó- le sacó las dos series que tenía antes de que se le apagara definitivamente. Pero donde estuvo hecho un tío fue en el sexto.

Un toraco de más de 600 kilos que por hechuras y comportamiento bien podría haberse colado en una de Miura. Y ahí se puso Fandiño, tragando e intentando darle muletazos como si fuese bueno. Hasta que en la enésima colada el toro le enganchó y se lo echó a los lomos. Demasiado poco la cornada en la mano que se llevó, pues el toro lo tuvo a merced en el suelo y no hizo por él. Ya en pie el torero, despachó al bicho con una señora estocada. Gana crédito Fandiño con esta actuación.

Tampoco me disgustaron algunos detalles de Morenito de Aranda, tanto con el capote como con la muleta, además de su disposición con un lote que no dio más de sí. Y Antonio Ferrera pasó las de Caín para matar al manso primero de su lote y padeció el capricho presidencial de mantener en el ruedo al cuarto, que no se tenía en pie.