Mostrando entradas con la etiqueta Barrera. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Barrera. Mostrar todas las entradas

martes, 26 de abril de 2011

El pundonor de Barrera


Debutaba el hierro de Dolores Aguirre en Sevilla y no creo que la ganadera guarde buen recuerdo. Nada que ver, por ejemplo, con la corrida del año pasado en Pamplona. Así es que la tarde pasó en un bostezo eterno sólo espantado por el pundonor de Antonio Barrera con el lote más malaje de la tarde. El primero, siempre a la defensiva, le obligó a tragar una barbaridad en cada pase y aún así el diestro expuso lo suyo. Faena de continuos sobresaltos rematada mal con la espada. En el cuarto, de nuevo puso toda la carne en el asador ante un manso de solemnidad, logrando llevar la emoción a los tendidos. Esta vez sí lo mató bien y recibió la única ovación de la tarde.

Salvador Cortés pasó por la Maestranza sin posibilidad de puntuarle. El segundo de la tarde no se tenía en pie a pesar del mimo con el que comenzó la faena. Y el quinto literalmente se echó a mitad de faena y hubo que apuntillarlo allí mismo.




Y el debutante Alberto Aguilar poco más o menos. El tercero embestía a arreones y buscando las zapatillas. El sexto bis fue otro regalo, con la cara siempre muy alta, que hizo pasar un calvario al diestro para entrar a matar.

sábado, 12 de marzo de 2011

El Juli enciende la mecha

Antes Valencia marcaba el inicio de la temporada taurina. La primera gran Feria del año evocaba el ruido de petardos y el olor del humo de las Fallas ardiendo. Hoy puede que hayamos asistido al final de ese sentimiento. O no. Todo depende de que el numerito que se han montado entre Vicente Barrera y la alcadesa Rita Barberá sugiriendo al presidente el regalo del sobrero quede en mera anécdota o se convierta en costumbre. Como quiero suponer que va a suceder lo primero, no le daremos más vueltas al asunto y nos centraremos en lo único bueno de la tarde. Si de pólvora hablamos, llegó El Juli y encendió la mecha.

Había abierto cartel y feria Enrique Ponce con un soso ejemplar de Toros de Cortés, el segundo hierro del titular, Victoriano del Río. Nada se puede esperar de una ganadería que nació con sangre Atanasio-Lisardo vía Los Bayones y a la que su propietario se cepilló al sustituirlo por los omnipresentes genes Domecq. Así salen, claro.

El caso es que Ponce anduvo fácil llevándolo a media altura y sacándole lo poco que tenía. Hubo petición de oreja pero la colocación de la estocada deshizo la posibilidad de premio.

Vicente Barrera se topó con otro ejemplar del mismo hierro, también justito de raza. Y entre eso, la falta de festejos del valenciano y que su toreo vertical nunca me ha emocionado se me hizo eterno el trasteo. Y llegó el huracán López.

Cierto es que tuvo el mejor, por no decir el único, toro de la tarde. Pero ya lo hemos dicho aquí muchas veces, que esos son precisamente los que descubren a los malos toreros. Ya avisó Julián López El Juli en el saludo de capote de que venía a por todas. Siguió construyendo su obra en un grandioso quite por chicuelinas, mezclado con un tafallera y rematado con una larga cordobesa preciosa. Pero donde dio de sí toda su dimensión el madrileño fue en la muleta.

Templado siempre, no recuerdo un solo enganchón, bajando mucho la mano y llevando al toro por donde quiso, por la derecha y por la izquierda, con especial mención a los pases de pecho. Si tuviera el duende de Morante ya sería el torero perfecto pero la perfección no existe. Solo un defecto hay que anotarle al Juli: se pasó de faena y eso lo pagó a la hora de entrar a matar. No le ayudó el toro y hubo un pinchazo que deslució una buena faena. La estocada final tampoco fue un dechado de colocación pero cortó una oreja. Yo quizás no la hubiera dado estando en una plaza de primera categoría pero ya he dicho al principio que Valencia ha entrado en una deriva muy peligrosa.

Pudo incluso cortar otra en el sexto, al que le robó literalmente los muletazos. Un toro orientado, que le midió constantemente y al que El Juli ganó la pelea con las ganas de un novillero pero con la sabiduría de una figura. La estocada trasera -increible que enterrase la espada con un toro completamente encampanado- no fue suficiente y el sainete con el descabello disipó la posible oreja.

Del resto de la tarde, poco que contar. Ponce nada pudo hacer con el rebrincado cuarto y a Barrera el quinto se le echó a media faena. Inútiles los esfuerzos del matador y su cuadrilla por levantarlo, hubo que apuntillarlo allí mismo. Ahí fue donde decidió tirar por la borda el prestigio de Valencia y el suyo propio, pidiendo el sobrero. Peligroso precedente al que se debería poner coto. Que cortara una oreja paisanera con la plaza practicamente vacía y lloviendo a mares desluce aún más el gesto.

(Fotos: Burladero.com)

miércoles, 8 de julio de 2009

Aguilar no conecta

La oreja la cortó Antonio Barrera pero el que realmente estuvo hecho un tío fue Sergio Aguilar. No sé qué narices le pasa a este chico que no es capaz de conectar con los tendidos. Es como cuando te quedas sin cobertura en el teléfono móvil. Hablas y hablas pero como si no. Le ocurrió en Madrid y le volvió a pasar en Pamplona. Valor seco y un buen concepto del toreo deberían ser ingredientes suficientes pero está claro que no. Así que se tuvo que conformar con una vuelta al ruedo tras la faena al tercero, un toro de Cebada Gago con un buen pitón izquierdo pero con sus cositas. Y una auténtica prenda fue el sexto.

Peor fue lo de Francisco Marco. Entre que sus dos toros sacaron guasa y que el torero anda ayuno de técnica pasé un rato fatal, la verdad. Hubo errores garrafales de colocación que acentuaron los defectos de sus oponentes y el hombre pasó sin pena ni gloria, con tanta voluntad como desacierto.

El regalo de la tarde fue el que abrió plaza, un toro con el que Antonio Barrera, sin estar mal, debió estar mucho mejor. Variado con el capote, eso sí, pero manejando la muleta dio la impresión de que el de Cebada Gago daba más de sí. Lo mató bien y como decíamos al principio, cortó una oreja. O mejor, una orejita. El cuarto, directamente para olvidar.

viernes, 8 de mayo de 2009

Aguilar contra la indiferencia

Está raro el público de Madrid. Cualquier otro año le hubiesen pegado una ovación a Sergio Aguilar y el pobre hombre salió a silencio por toro. No lo merecía, desde luego, o al menos así lo vi yo. Expuso con su primero, bajándole la mano a un animal nada claro, que terminó por tirarle un derrote a la cara del que escapó de milagro. Y volvió a estar muy firme con el que cerró plaza, con idéntico, o mejor nulo, eco en los tendidos. Inexplicable.

Antonio Barrera tragó el peor lote de una deslucida corrida de Gerardo Ortega, que sólo se salvó por lo astifino de su estampa. Anduvo decoroso Barrera y al contrario que en otras ocasiones, creo que no se le puede pedir más de lo que dio con semejante suerte en el sorteo.

Y el vallisoletano Leandro, no terminó de encontrar la medida al tercero, pese a dejar alguna serie de mérito por la izquierda, y es que dio la sensación de que el toro daba más de sí.

Nada que ver con el otro de su lote, un remiendo de Sepúlveda, manso y brutote a más no poder. Lo intentó el pucelano y se llevó una fea voltereta como triste premio.

miércoles, 22 de abril de 2009

La primera oreja (de verdad)

En Pamplona el que hace los quites es San Fermín. Desconozco el santo de guardia que ejerce en Sevilla pero hay que ver la de trabajo que está teniendo en lo que llevamos de feria. Esta vez el agraciado fue el banderillero Paco Peña, al que el primer Peñajara de la tarde prendió por encima de la cintura de forma dramática. Nuevamente se obró el milagro y el único desperfecto fue el del traje.

Ese primer toro lo sufrió Antonio Barrera. Y digo lo sufrió porque no hubo forma humana de hacerlo entrar en la muleta. Ni por la derecha, ni por la izquierda, ni del derecho, ni del revés, ni de día ni de noche que hubiese estado el torero con él. Con el cuarto, poco más o menos. Si uno fue manso el otro era un mármol.

Juan Bautista despertó esperanzas en su saludo al primero. Mejor aún estuvo Luis Bolívar en un quite por gaoneras. En realidad el colombiano rayó a gran altura con el capote toda la tarde. Brindó Juan Bautista al público y la cosa parecía ir bien: citó de lejos y el toro se vino. Pero al segundo pase hincó los pitones en la arena y pegó un costalazo que se escuchó en Oviedo. Levantó el toro como un boxeador sonado y allí se acabó lo que se daba. Lo intentó el francés pero el toro, que ya antes de la voltereta embestía a brincos, no dejó de echar la cara arriba, algo que el diestro no supo o no pudo corregir. El quinto simplemente fue malo de solemnidad.

Lo mejor, por no decir lo único, de la tarde lo puso el colombiano Luis Bolivar. Su primero salió muy distraido y tardó en fijarlo con el capote, pero cuando lo consiguió dejó lances de mucho temple. Vimos una gran lidia a caballo de Ismael Alcón, que lo hizo todo bien menos el embroque con el toro. La violencia con la que arremetió al peto hizo que el picador perdiera el palo y nos perdieramos un señor puyazo.

La faena de muleta de Bolívar fue de menos a más y viceversa. Buen comienzo por bajo y una tanda muy ligada por la derecha. La segunda aún mejor, rematada con un pase de pecho eterno, que arrancó las notas de la banda de música. El toro no era fácil pero la firmeza del torero, siempre con la mano baja y la muleta en la cara le tapaba los defectos. Probó con la izquierda y ahí le costaba más al Peñajara. Aún así, de uno de uno, pero se los dió, antes de que se rajara definitivamente. Lo mató de una estocada en la que el toro le apretó mucho y llegó a perder la muleta.

Pero donde dio la tauromaquia del colombiano dio de si toda su dimensión fue en el sexto. Otro mansito que embestía rebrincado, pero se encontró a un torero inspirado especialmente en las distancias. La faena fue un primor en ese sentido, basada en una perfecta colocación y el toque preciso en cada momento para aprovechar la embestida del toro. Eso y el llevarlo siempre suave, sin obligarlo, con inteligentes pausas entre serie y serie. Hubo una en concreto, a mitad del trasteo, sencillamente espectacular. Lo citó muy largo -me recordó a su paisano César Rincón-, lo metió en la muleta y remató con un gran cambio de mano. La obra merecía un buen final y lo tuvo: lo reventó de un estoconazo, pelín delantero pero que sirvió para tumbar al toro.

Y cortó la primera oreja de verdad de esta Feria.

sábado, 10 de mayo de 2008

Trenes que pasan


Dicen que van a Madrid en busca del pelotazo que los ponga de nuevo en candelero. Pero llega el momento, el tren pasa y no lo cogen. Y el tren en esta ocasión fue una sorprendente corrida de Peñajara, que echó toros de orejas pero les pasó como al Cid Campeador: qué buen vasallo si hubiese buen señor.

Manolo Sánchez se encontró de salida a un precioso sardo que lo tuvo todo para hacerle triunfar. Ya dejó ver sus virtudes en el primer tercio pero fue al llegar a la muleta donde sacó de verdad su calidad. Y eso a pesar de la falta de fuerzas. El diestro pucelano tuvo una virtud, el temple, y un enorme defecto: anduvo despegadísimo con él. Y claro, el toro con el hocico por el suelo y repitiendo, pedía otra cosa que aliviarse. Solamente en el tramo final de la faena hubo algún natural que se acercó a lo exigible con ese toro. Prueba del despiste que arrastra el torero fue que se tiró a matar en la suerte contraria, donde menos le iba a ayudar el animal. Lógicamente, pinchó. Cuando probó en la suerte natural dejó una estocada entera pero caida. El público supo ver las virtudes del toro, que fue ovacionado en el arrastre. Al cuarto, sin ser tan bueno como sus hermanos, lo aburrió Manolo Sánchez a base de muletazos tan rematados hacia fuera que alguno casi lo termina en la plaza de Manuel Becerra.

Eugenio de Mora anduvo aún mas perdido. Cualquiera de sus dos toros tuvo la movilidad suficiente para hacerles faena pero el toledano no fue capaz de plantarles cara en los terrenos que pedían. Como las desgracias nunca vienen solas, nos obsequió con un mítin en el descabello al primero de su lote.

De Antonio Barrera podemos decir muchas cosas y ahora las diremos, pero lo cierto es que fue al único de los tres que se le vieron las ganas y el hambre de triunfo. Al tercero de la tarde le enjaretó tres pases cambiados por la espalda que pusieron la emoción en el tendido. Luego quiso ponerse a torear pero erró la distancia y terminó ahogando la embestida del toro. El de Barrera es un problema inverso al de sus dos compañeros de terna: quiere pero no puede.

Con el sexto, junto con el primero el mejor de la corrida con diferencia, estuvo bullanguero en el saludo de capote. En la muleta, que el toro se quería comer sobre todo por el pitón derecho, volvió a cometer el error de citarlo en corto, pese a un prometedor inicio de faena con el torero en los medios y el toro arrancándose desde la raya. Toro de triunfo grande que debió marcharse sin las orejas. Barrera se consoló dando una vuelta al ruedo por su cuenta y tuvo el desahogo de criticar al presidente por no concederle una oreja.

Lo dicho: qué buen vasallo si hubiese buen señor...

miércoles, 2 de abril de 2008

Hubo toro, faltó torero y viceversa

Otro petardo ganadero esta vez a cargo de los toros de Valdefresno. Mansos, sin ninguna ambición en la embestida y por descontado, faltos de emoción. Únicamente se salva de la quema el tercero, que tuvo la desgracia de tocarle a un individuo que se empeña en ser torero y no sabe ni colocarse la montera. Me refiero a Pedro Gutiérrez "El Capea", al que por un momento confundí con Macario, aquel muñeco que sacaba Jose Luis Moreno. Gracias a la realización de Digital Plus pude desengañarme: aquello no era una boina ladera, no, era una montera que le quedaba grande.

Al pobre Buscarillo, que así se llamó el toro, lo masacraron en varas. Aún así remonto en banderillas, permitiendo el lucimiento de El Ruso, que cuajó dos buenos pares -sobre todo el último- y saludó montera en mano. Y en la muleta, cuando el incapaz que tenía delante se la puso medio bien, embistió con clase. Eso el toro, porque el torero nos deleitó con su particular tauromaquia consistente en vaciar la embestida hacia fuera a la vez que tuerce el cuello como si hubiese sufrido un repentino ataque de torticolis. Resumiendo, que como dice mi padre, hubo que pedir una oreja... pero la del torero para el toro. En su descargo hay que decir que lo mató muy bien.

En el sexto la verdad es que poco más pudo hacer ante un manso que se rajó pronto. El resto de la corrida transcurrió por similares derroteros. Antonio Barrera se encontró un primer enemigo muy protestado en varas. Flojo con el agravante de una temprana voltereta que acabó de hundirlo. A la muleta llegó con cierta nobleza pero muy parado y el diestro no pudo sacar agua de ese pozo seco.

El cuarto fue un poco más de lo mismo. De salida le pegó un buen susto al sevillano, que trató de recibirlo con una larga cambiada y por tres veces escapó de la cogida. En banderillas, las coladas fueron constantes y en la muleta, Barrera fue capaz de extraerle lo poco que tenía, merced sobre todo a un excelente planteamiento inicial por bajo. Lo mató de estocada entera, un pelín caída, que le valió una ovación del público.

Matías Tejela se las vio en primer lugar con un sobrero del Conde de la Maza con poquita clase. El madrileño, muy firme, le tragó lo suyo por el piton izquierdo firmando algunos buenos naturales, eso a pesar de que el toro se revolvía rápido pero resolvió con una buena colocación. Y el quinto fue, literalmente, un mármol.

A ver si mañana, que llegan los Victorinos, remonta la Feria.