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domingo, 7 de junio de 2015

Tratadle de Don

Treinta y un tardes pegado al televisor, compartiendo el tendido virtual de Las Ventas con un puñado de buena gente, cada uno de nuestro padre y nuestra madre, con distintas visiones y distintas tauromaquias en la cabeza. Casi doscientos toros han salido por esos chiqueros y ha tenido que ser el último día el que nos ha puesto de acuerdo a todos. 

Miura y su leyenda a cuestas y enfrente un hombre por el que uno había apostado fuerte al inicio del festejo. Un hombre que nunca me defrauda, a pesar de que esta mierda de tinglado que se tienen montado le condena a matar cuatro corridas mal contadas y con hierros de los que piden el DNI.

Pero le da igual. Él se entrega desde el principio y le da las buenas tardes con una larga cambiada. Y brinda al público y empieza toreando de rodillas. Y lo coge largo, y le baja la mano, y le traga una barbaridad. Y cambia de pitón y pega el mejor natural que hemos visto en estos treinta y un días. Y cuando todos estamos soñando con una de las faenas de la Feria, la espada, maldita sea, le vuelve a privar de un triunfo gordo. Como en 2009 con un toro de José Escolar. O ese mismo año con otro Miura en Sanfermines.

Y a la tercera llega la estocada que esperábamos para pedirle las orejas y salir por la Puerta Grande. Y brotan las lágrimas en el rostro del torero. Y nos contagia a muchos, que nos rompemos las manos a aplaudir mientras da una vuelta al ruedo que tiene más peso que algunas orejas.

Se anuncia Rafaelillo en los carteles pero, hacedme caso, si os lo encontráis tratadle de Don: Don Rafael Rubio Luján, ¡torerazo!

sábado, 26 de mayo de 2012

El Príncipe confirma en Madrid


(Como mis obligaciones con mi prole no dejan tiempo para escribir, le cedo gustoso el espacio del blog a mi hermana Irene para que nos cuente historias de San Isidro. Aquí van sus impresiones de la corrida del pasado jueves)

(Texto: Irene Alférez; Foto: Emilio Méndez) 

El pasado 24 de mayo confirmó su alternativa Diego Silveti en Madrid, justo el día en que se cumplían veinticinco años de la confirmación de su añorado padre, el Rey David. Su padrino fue Sebastián Castella, que forzó su reaparición tras la cornada de su anterior y épica tarde en San Isidro, y como testigo actuó el sevillano Daniel Luque.

Se lidiaron cuatro toros de Núñez del Cuvillo, un sobrero de Carmen Segovia y otro de Salvador Domecq. Lástima que dieron poco juego y la tarde solo dejo pinceladas en nuestras retinas.

Con la plaza llena, la confirmación en Madrid había despertado gran interés, tanto en España como en México y fueron muchos los aficionados mexicanos que quisieron arropar a su Príncipe en este día tan señalado. Tuve la suerte de vivir esta tarde de una forma especial, pues gracias a mis maestros, Javier Arroyo y Emilio Méndez, estuve presente en el patio de cuadrillas fotografiando a la terna antes de realizar el paseíllo. Una alternativa de lujo en San Isidro.

Yo había estado en algún patio de cuadrillas antes pero nunca en Las Ventas y en San Isidro, hasta para eso Madrid es diferente y se nota. El primero en aparecer fue Silveti, con el vestido blanco y oro de su alternativa en Gijón el pasado 12 de agosto de 2011. Un vestido ya usado pero precioso, con un sabor especial. Con esa elegancia natural de los príncipes y ese saber estar. Su rostro reflejaba tranquilidad, reposo y alegría, disfrutando su momento. Aunque seguro que la procesión iría por dentro, él lo disimuló muy bien. En ese patio de cuadrillas comprobé como la cara es el espejo del alma, se palpan muchas emociones en esos momentos previos. No solo de las cuadrillas, también de los apoderados, acompañantes e incluso los propios compañeros de prensa.

El segundo en llegar fue Castella. Me di cuenta cuando cruzó por delante de mi objetivo y se colocó justo delante de mí. Clavándome esa mirada suya tan significativa, entre enfadadísimo por estar ocupando “su sitio” y sorpresa por verme allí. De repente me vi como parte de su cuadrilla, colocada entre él y su primer banderillero. Todos allí geométricamente situados frente a la cuadrilla de Silveti. Mientras todos los compañeros de la prensa a excepción de mí, disparaban sin parar sus cámaras desde el portón de salida hacia la plaza. Pedí perdón y salí de la manera mas digna que pude de aquella encerrona, eso si, fueron los cinco segundos más largos de mi vida.

Y por último llegó el sevillano Daniel Luque, discreto ocupo un lugar cerca de la puerta con los suyos. Muy solemne por la responsabilidad que significaba estar allí aquella tarde de San Isidro. Una experiencia inolvidable en una tarde para el recuerdo, lamentablemente no por el resultado de la corrida mas tarde.

Me gustó el quite por gaoneras de Silveti a Tarifeño, el toro de su confirmación. Después ya con la muleta realizó una faena muy templada e inteligente. Dando sitio al toro y dejándole reposar, pues estaba muy justito de raza. Lo cuidó mucho y pudo demostrar al menos una pincelada de su toreo. Lástima que lo pinchara dos veces antes de la estocada definitiva, aun así recibió sentidas palmas que agradeció al publico con sentimiento recíproco.

A Silveti le vi torear en la México la tarde de la pasada corrida guadalupana el 11 de diciembre de 2011. Esa tarde cortó un rabo a su sexto toro Charro Cantor de Los Encinos, faena que yo no vi…aunque esto daría para escribir otra crónica y no es el momento. Veo en el una positiva proyección, lenta pero segura,como debe ser. El toreo necesita su tiempo de asimilación y es importante avanzar cada día pero a la velocidad adecuada. Como dijo el rey Fernando VII de España “vísteme despacio que tengo prisa”. Su sexto toro fue devuelto a los corrales por falta de fuerza y en su lugar lidió un sobrero de Salvador Domecq, la ganadería de su alternativa. No dio buen juego pero a este si lo mató de una estocada…

Castella continuó en su ascensión hacia el templo de los dioses en San Isidro y de no ser por la espada, hubiera cortado una oreja o incluso abrir la Puerta Grande. Ni siquiera quiso dar la vuelta al ruedo a pesar de que recibió una fuerte ovación e incluso hubo petición de oreja en los tendidos. Su casta y orgullo no se lo permitieron. Bien por él.

Por último, Daniel Luque dejo pinceladas con el capote y la muleta pero su lote no le permitió redondear ninguna actuación.

Después de ver esta corrida de Núñez del Cuvillo, muchos nos planteamos otra vez la reflexión sobre la situación actual de la ganadería brava. Viendo la evolución ganadera de San Isidro, parece que tenemos un problema importante y con difícil solución, al menos a corto plazo.

Nos quedaremos con las sensaciones positivas del patio de cuadrillas en una tarde de sentida confirmación en Madrid de un torero mexicano, apadrinado por un francés y siendo testigo un sevillano. Un cartel internacional para el Príncipe, como fue el de la confirmación de alternativa del Rey. 

La historia se repite y Silveti abandona el coso venteño con el capote de paseo de su padre sobre los hombros.  


Irene Alférez

martes, 10 de mayo de 2011

Las ganas de Luque

No hemos salido de Sevilla y ya estamos enfilando la calle Alcalá para entrar en Las Ventas. Los caprichos del calendario han hecho que este año practicamente empalmemos una feria con otra, si no es por el descanso de ayer. Así que preparémonos para el gran puerto de montaña de la temporada: San Isidro.

Para abrir boca, los lisardos de Valdefresno. Muy bonitos de hechuras y de comportamiento variable. Por ejemplo el primero hubiese sido un gran toro con un pelín más de fuerza. Pero el fondo era bueno aunque Juan Bautista no terminó de acoplarse con él. Como de costumbre en el francés, vamos. En cambio con el cuarto no caben los reproches, lo cierto es que el toro no daba para más.

El otro bueno fue el quinto, entiéndase por bueno, encastado. Matías Tejela anduvo con él pero entre la poca fuerza del toro y la falta de temple del torero se diluyó la faena. Por increible que parezca, parte de Madrid pidió la oreja pero se quedó en saludos. Con el primero de su lote se hartó de dar pases sin ton ni son.

Daniel Luque se las vio con un rajado tercero que buscaba las tablas continuamente. Quiso sacarlo al tercio pero allí no quería pelea, así que se tuvo que conformar con torearlo muy cerrado y extraerle pases a favor de la querencia. Que es donde tenía la faena el toro. Al menos hubo voluntad, como la puso en el sexto toreando de capote. Mucho castigo en varas recibió el de Valdefresno así que a la muleta llegó ya muy parado. Lo poquito que tenía se lo sacó el sevillano.

viernes, 21 de mayo de 2010

Tragedia, inflexión y seda


Me preguntan algunos por qué no actualizo el blog. La verdad es que hemos tenido una racha de corridas infumables y, qué quereis que os diga, no me apetecía ponerme a ello. Pero hoy han sucedido cosas que merecen el esfuerzo.

Cartel de los que tenía señalado en rojo. Primero, por la presencia de Morante y Aparicio, dos de mis toreros favoritos. Y si encima le añades que entró a última hora El Cid, redondo. Claro que para ser honrado, tenía mis dudas sobre lo adecuado de la presencia de éste último, visto lo visto. Pero me equivoqué, afortunadamente.

Donde no fallé fue en los temores hacia el ganado de Juan Pedro Domecq. Nobles, sí, pero con una falta de fuerzas alarmante. Se devolvieron dos pero bien pudieron ser cuatro. La excepción fue el sexto, por el pitón derecho, y el primero, por el izquierdo.

Precisamente ese primero estaba llamado a marcar el sino de la tarde. Precioso de lámina -los jaboneros son mi debilidad- cantó un gran pitón izquierdo en el capote de Julio Aparicio. Como grande fue el toreo a la verónica y la media de remate. Había ese runrun en el ambiente y comenzó Julio la faena de muleta con derechazos desmayados, marca de la casa. Todos esperábamos los naturales como agua de mayo y no dio tiempo a más. Al segundo o tercer pase el toro tropezó con los cuartos traseros el tobillo del diestro, que cayó al suelo. Trató de zafarse, de hacerse el mismo el quite con la muleta pero el toro hizo por él y lo prendió de forma angustiosa. Las imágenes están por todas partes así que no voy a recrearme en la descripción. Tal vez, si hubiera soltado la muleta, tal vez si hubiera estado más ágil, qué fácil es hablar después. El caso es que San Isidro hizo el quite, porque a pesar de lo aparatoso de la cogida pudo ser mucho peor.

La cosa quedó en un mano a mano pero todavía nos aguardaba un susto. El segundo volteó a El Cid y nos temimos lo peor. De nuevo la suerte quiso que el pitón solo calara la taleguilla y el diestro se levantó rabioso y se fue a por él. Yo creo que ahí despertó el de Salteras de la pesadilla que le persigue hace meses. Ese fue el punto de inflexión decisivo, donde dijo "se acabó la tontería, señores, a torear". Porque a partir de ese momento El Cid fue a más con el segundo de su lote, un sobrero de Gavira y resucitó en el sexto.

Ese toro, que estaba sorteado para Julio Aparicio, nos devolvió al torero que muchos sabíamos que estaba ahí, esperando a salir en cualquier momento. El brindis al compañero herido fue precioso y sin más, a los medios. Y ahí me acordé mucho de mi padre, que me enseñó que lo verdaderamente meritorio es citar a un toro de lejos y meterlo en la muleta. Ese Cid fue otra vez el que a él tantas veces le entusiasmó. Dando distancia, templando, bajando la mano y ligando dos series de gran nota. Lástima que por la izquierda el toro se acabase pronto. Lo mató por arriba y cortó una oreja de peso, que debe valerle y mucho.

El gran perjudicado de la tarde fue Morante de la Puebla. Mató el que hirió a Aparicio y salió por chiqueros otro jabonero que parecía un limousine de los que van a la Feria Agropecuaria de Salamanca. Lo recibió con el capote con un mimo y una suavidad que no merecía semejante zambombo. Con la muleta abrevió, con buen criterio.

Lo de que no hay quinto malo no se cumplió. El titular no se tenía en pie y fue al corral. Salió un sobrero de Gavira que corrió la misma suerte. Y por fin, asomó otro de Mari Carmen Camacho al que Morante bordó las verónicas de salida. Todavía nos regaló otro gran quite tras el primer puyazo que puso en pie la plaza. Fue lo único que pudimos disfrutarle porque en la muleta, por más que quiso, no había donde rascar. Le esperamos, don Jose Antonio.

sábado, 8 de mayo de 2010

Para salir corriendo (a Jerez)

Si no es por las ganas de Javier Cortés la tercera de abono hubiese sido para salir corriendo y no parar hasta Jerez, donde Morante bordó el toreo. El caso es que el muchacho confirmó la alternativa y puso el coraje y la valentía. Con lo que le perdonamos que anduviese despegadillo toda la tarde. Al primero lo toreó con temple, sobre todo en una buena serie con la izquierda, aunque ya digo, con el defecto de no ceñirse con el toro. Y al sexto, mientras le duró, trató de sacarle lo poco que tenía y se tiró a matar como un león, saliendo prendido de la suerte.

Claro que para matar bien, Uceda Leal. Qué estocada le arreó al segundo, madre mía. Casi que fue lo único de mérito que hizo en toda la tarde. Claro que al quinto, un auténtico mármol, era imposible darle un pase. Que por cierto, vaya tela de corrida la de Antonio Bañuelos, aquí no se libró hoy nadie.

Y el tercero en discordia... Ay , señor, qué suplicio es ver a este muchacho de luces. Con el tercero, en su línea, citando al hilo del pitón, toreando para afuera y aplicando la cuellina (véase aquí la explicación de esta nueva suerte). Y cómo es así, se echa al público encima a base de encogerse de hombros mientras va a por la espada y le enchufa un bajonazo infame. Lo ideal para entrar en Las Ventas, vamos. Al quinto se lo cargó el picador en un desastroso tercio de varas y al llegar a la muleta, directamente se echó ante la impotencia del matador. Luego declara que no sabe lo que tiene que hacer para gustar al público de Madrid. Te lo digo yo, Capea, no volver y torear sólo en tu finca para los amigos.

viernes, 7 de mayo de 2010

¿Qué hago yo aquí?


Salían los toros por el chiquero y se quedaban mirando a los tendidos de Las Ventas como diciendo qué hago yo aquí. Y no les faltaba razón que para mí tengo que se liaron en la finca y embarcaron seis mansos con destino al matadero. El caso es que con ese material fue imposible ver a Leandro siquiera sacar algún destello de ese toreo que nos conquistó en febrero en Vistalegre. Morenito de Aranda se desesperó con el segundo, que no quería más que tablas e Iván Fandiño se pegó literalmente con el tercero, que lo prendió al entrar a matar.

No sé si por el festival de mansedumbre que nos estaba brindando el ganadero Jose Luis Pereda pero el caso es que el quinto pareció el tuerto en el país de los ciegos: un cinqueño imponente que tuvo un pitón izquierdo medio potable. Y allí se puso Morenito de Aranda, tragándole y sacando un par de series de mucho mérito. Hasta que el toro se cansó del juego y se lo echó a los lomos. Tremenda paliza la que llevó el torero burgalés que, medio conmocionado, siguió intentándolo por el mismo pitón. Y se los arrancó, oye. Lo mejor fue el estoconazo que recetó, que tiró al toro sin puntilla. Hubo petición de oreja, no mayoritaria, pero sólo la estocada lo valía. Dio una clamorosa vuelta al ruedo.

Y el sexto, otro cinqueño, también pareció que ayudaba a remontar la tarde. Brindó Iván Fandiño al público creyendo que había material pero le duró un suspiro. Lo justo para dar un par de series por la izquierda en los medios donde parecía que el viaje del toro era largo. Pero enseguida se rajó y se acabó lo que se daba.

jueves, 6 de mayo de 2010

Oreja de alivio

Habrá quien discuta la oreja que cortó Curro Díaz al cuarto. Hay argumentos a favor, como la gran estocada con el que lo despachó, y en contra, como que no lo quiso ver por el pitón izquierdo. Pero lo cierto es que el de Linares estuvo por encima del toro y aunque pecando de torear despegado, hubo muletazos muy bonitos, sobre todo los de pecho. Primó la estética sobre el mando y yo no le hubiera dado la oreja pero lo cierto es que fue un alivio en medio del tostón de la tarde.

Y el tostón vino fundamentalmente por la descastada corrida de Salvador Domecq. Flojos, sin clase ninguna, salvo el segundo y el cuarto, con desigual resultado. De uno ya hemos hablado y el otro, posiblemente el más potable de la tarde, le fue a tocar al francés Juan Bautista. Un torero previsible, de los que siempre hace la misma faena y que ha derivado peligrosamente en pegapases. No se enteró de que el toro pedía distancia y claro, lo aburrió, se aburrió él y nos aburrió a los demás. Con el quinto, ni supo ni pudo resolver las dificultades del animal.

Eduardo Gallo tiene la excusa del lote pero solo a medias. Poco se podía hacer con el horroroso tercero pero el sobrero de Navalrosal tenía su faena. Y no está Gallo para dudas y menos en Madrid. Requería un esfuerzo ese toro pero al principio de la faena, no en el innecesario arrimón final.

lunes, 18 de mayo de 2009

Delgado enamora

Ojito a este muchacho. Torea muy despacio, con un gusto exquisito, pero... O aprende a matar o se le van a escapar muchos triunfos. Ya dejó su sello en el saludo con el capote al tercero. Pero fue con la muleta donde enseñó la dimensión de su tauromaquia. Estatuarios para empezar y enseguida por abajo, una trincherilla y sendos cambios de mano. De cartel.

Le dio distancia y tiempo y de ahí salieron derechazos notables. Pero fue al natural donde la faena alcanzó el sobresaliente. A cámara lenta, templando la embestida y llevando embarcado al novillo de La Quinta. Una señora faena que merecía culminar la obra. Pero ahí falló Miguel Angel Delgado, que dio un auténtico mítin con la espada. Con el sexto, un sobrero de Jaral de la Mira, estuvo bien aunque en otro estilo, pues el novillo no tenía la clase de aquel. En lo que sí coindió fue en el desastre a espadas. No obstante, se le espera con interés.

El mexicano Mario Aguilar cargó con el peor, el quinto, que le dejó la cornada en cuanto se descuidó con la muleta. Aún herido lo puso todo de su parte pero sin lucimiento. Ya se había llevado un susto en un quite por chicuelinas al primero, primorosas, por cierto. Con el segundo tampoco tuvo opciones.

Todo lo contrario que Daniel Martín. El cuarto fue el otro bombón de la novillada pero ni supo ni pudo y se perdió en un recital de pases sin ton ni son. Tampoco dijo nada su labor en el que abrió plaza.

sábado, 16 de mayo de 2009

El tío la Vara

El tío la Vara es un superhéroe a contraestilo, que armado con la susodicha de fresno va repartiendo mandobles a diestro y siniestro en las posaderas de los que lo merecen. Hoy nos hubiera hecho falta el personaje creado por José Mota, la mitad del duo Cruz y Raya, para darle unos buenos azotes a uno que también lleva el Vara en el apellido.

Venir a Madrid, con la temporada sin resolver, que te salgan dos toros de orejas y que se vayan con ellas puestas es para hacérselo mirar. Eso exactamente es lo que le pasó a Sánchez Vara. Le tocó la primitiva en el sorteo con los dos mejores de la corrida de José Escolar. Dos toros para romperse con ellos, para poner la plaza patas arriba y liarla. Pues no, majete. Lejos de eso, lo que vimos fue pases despegadísimos, mucho pico de muleta y no sigo que me cabreo.

Por contraste, el que estuvo muy por encima de su lote fue Fernando Robleño. El primero se apagó muy pronto y al quinto le quitó las ideas asesinas con una faena de aliño por bajo después de jugársela sin cuento.

Y Rafaelillo anduvo en el término medio. Toreó más que bien al primero, muy bien colocado y corriendo la mano, pero cuando tenía al público en el bolsillo lo estropeó con la espada y el descabello. Y con el cuarto no hubo ocasión al lucimiento.

viernes, 15 de mayo de 2009

La insensibilidad de Madrid

Mi opinión sobre él la he dejado muy clara muchas veces pero por si acaso ahí va: banderillea completamente acelerado, a toro pasado y rematando con ese horroroso salto apoyándose en los palos. Y con la muleta probablemente sea de los más limitados del escalafón. Hablo de Antonio Ferrera, del que se puede decir todo eso y más si de sacarle defectos se trata. Pero lo que no se le puede negar es que siempre intenta agradar a su público -el aficionado es otra cosa- y que todo lo que le falta de técnica le sobra de pundonor.

Hoy el primer toro le pegó una cornada de esas que te dejan helado. Ver un pitón atravesar el muslo no es cosa baladí y lo normal hubiese sido que lo llevaran a la enfermería sin más preámbulos. Pero no quiso el torero, desde que José Tomás ha puesto de moda el Ecce Homo parece obligado, y continuó la faena mientras la sangre manaba pierna abajo a pesar del torniquete. Con verguenza torera sacó varias series de muletazos y lo mató más que decorosamente. Uno espera de una plaza como Madrid que tenga la suficiente sensibilidad como para darle mérito al asunto. Tampoco digo que le hagan dar la vuelta al ruedo, más que nada porque el pobre Ferrera no podía ni andar, pero chico, ni tanto ni tan calvo. Qué indiferencia, unas tibias palmitas, ¡qué indignación, qué pena de público, coño! Anda que si antes hablo ayer de la racha de cornadas...

A dos días de la suya reaparecía Luis Bolívar y no sé si sería por eso pero no se le vio con la frescura de otras veces. Algún pase suelto pero en ninguno de sus dos toros vimos continuidad en la faena. A pesar del esperanzador comienzo con el tercero, demasiadas dudas.

Y Matías Tejela fue el triunfador de la tarde, si atendemos al número de trofeos. Cortó una oreja al cuarto -el que mató por Ferrera- un sobrero de Fernando Peña que a la postre fue el mejor de la tarde. Faena que no me terminó de convencer, con demasiadas ventajas, toreando para afuera y estocada desprendida. También le tocó el mejor del hierro titular, Toros de Cortés, pero no supo estar a la altura.

jueves, 14 de mayo de 2009

Querer y poder

Querer y poder, conjugando esos dos verbos podemos resumir la tarde de hoy. Castella quiso y pudo. Morante quiso pero no pudo. Y Talavante ni quiso ni pudo. Veamos.

Sebastián Castella necesitaba un golpe de autoridad que lo devolviera al primer plano del escalafón y a fe que lo dió. Salió tocado de Sevilla pero recupera crédito en Madrid gracias a una actuación plena de ganas y poniéndo toda la carne en el asador que le valió la Puerta Grande. Generosa, eso sí, pero que le quiten lo bailado.

La primera oreja se la ganó con una faena inventada ante un manso de Garcigrande que no quería saber nada de muletas ni engaños. Y allí se puso Castella y a base de cabezonería y de colocación se los terminó dando. La estocada algo trasera pero fulminante. La petición no es que fuera mayoritaria pero el presidente sacó el pañuelo.

El quinto fue otra cosa, sobre todo por el pitón derecho. La faena arrancó con emoción: el torero en los medios, quieto como un poste. Se arrancó el toro alegre y con velocidad y llegó el pase cambiado. Escalofriante. Y aún dos más, sin moverse del sitio. Las primeras series por la derecha tuvieron largura y temple, con la virtud añadida de la distancia adecuada. Pero la faena bajó el diapasón cuando cogió la izquierda. Empeoró el toro y se contagió el torero. Volvió a la derecha pero era tarde. Donde antes hubo temple ahora llegaban enganchones e incluso desarmes. Entre eso, el empeño por alargar el trasteo y la estocada caida, creo que no era de oreja el asunto. Pero la plaza se empeñó y el francés encontró la llave para abrir la Puerta Grande.

El que quiso pero no pudo fue Morante de la Puebla. Con un lote infumable, hizo el mejor toreo de la tarde.Es increible el momento que vive este torero. Le da igual lo que tenga delante, él se pone como si fuese bueno y traga, traga, traga hasta que le termina sacando el pase. Y como se coloca en el sitio y encima tiene un gusto exquisito salen pases, sueltos porque el toro no permite otra cosa, pero de muchísimo mérito. ¡Ay el día que le salga uno que embista! Por cierto, que el cuarto propinó una cornada grave al banderillero Rafael Cuesta. Vaya Feria de enfermería llevamos, parece que alguien esté pasando factura por toda la suerte que hubo en Sevilla...

Y Talavante empieza a torear como habla. Balbuceando, a trompicones y no se le entiende nada. No tuvo lote pero tampoco se le vio por la labor.

miércoles, 13 de mayo de 2009

Bolívar conquista Madrid

Hubo que esperar al último de la tarde pero valió la pena. Habíamos sufrido la indolencia de Juan Bautista con su noblote primero y su incapacidad ante el encastado cuarto. Habíamos padecido la tauromaquia, con perdón, de Fandi. Habíamos asistido al ni sí ni no sino todo lo contrario de Luis Bolívar con el deslucido tercero, uno de los tres de Marqués de Domecq que completó la corrida de Las Ramblas.

Y del hierro titular fue el toro de la tarde, y uno de los toros de la Feria. Ya se movió con clase en el capote, que manejó con gusto y susto - en un lance de remate le propinó una voltereta sin consecuencias- el colombiano Bolívar. Siguió dejando detalles de calidad en el caballo, sobre todo en el primer puyazo. Y llegó la faena de muleta.

Se fue Bolívar al centro y citó de lejos. Arrancó alegre el toro y respondió el torero con las zapatillas atornilladas a la arena y corriendo la mano con poderío, Gran serie por la derecha. Siguió por ese pitón y la faena tomó vuelo gracias a la codicia del toro en su embestida. En el remate de esa segunda serie cambió la muleta de mano y ese fue el error. Se quedó a mitad de pase, lo vió y lanzó el derrote. Y esta vez no se escapó: cornada de diez centímetros en el muslo.

No se inmutó Bolívar, se hizo hacer un torniquete y volvió a la faena. De nuevo series emocionantes por la derecha e incluso lo volvió a intentar por el pitón complicado antes de recetarle una estocada pelín caida pero ejecutada con mucha fe. La petición de oreja fue unánime y el trofeo, merecidísimo.

martes, 12 de mayo de 2009

Fandiño salva el naufragio

No hay por dónde cogerla. La corrida de José Luis Pereda admite todos los calificativos negativos que se os ocurran, incluso insultos. Así que tampoco me apetece mucho ponerme a rememorar semejante desastre.

Hay que destacar, eso sí, la buena labor de Iván Fandiño, que confirmaba alternativa. Sobre todo teniendo en cuenta el material que tuvo delante. Al de la confirmación -que fue el único que se medio dejó- le sacó las dos series que tenía antes de que se le apagara definitivamente. Pero donde estuvo hecho un tío fue en el sexto.

Un toraco de más de 600 kilos que por hechuras y comportamiento bien podría haberse colado en una de Miura. Y ahí se puso Fandiño, tragando e intentando darle muletazos como si fuese bueno. Hasta que en la enésima colada el toro le enganchó y se lo echó a los lomos. Demasiado poco la cornada en la mano que se llevó, pues el toro lo tuvo a merced en el suelo y no hizo por él. Ya en pie el torero, despachó al bicho con una señora estocada. Gana crédito Fandiño con esta actuación.

Tampoco me disgustaron algunos detalles de Morenito de Aranda, tanto con el capote como con la muleta, además de su disposición con un lote que no dio más de sí. Y Antonio Ferrera pasó las de Caín para matar al manso primero de su lote y padeció el capricho presidencial de mantener en el ruedo al cuarto, que no se tenía en pie.

lunes, 11 de mayo de 2009

Tendero apunta

Al terminar la novillada de Montealto nos acordábamos de lo que ocurrió el año pasado con este mismo hierro y las comparaciones son odiosas. Nada que ver la nobleza que derrochó el año pasado con la mansedumbre desesperante de éste. Verbigracia el segundo -un jabonero precioso de lámina- que mandó al hule al banderillero Gimeno Mora. El que estuvo hecho un tío con él fue Miguel Tendero, poniéndose en el sitio desde el principio e intentando y consiguiendo someterlo a base de mano baja. Faena importante y maciza del novillero albaceteño que no encontró eco en los tendidos. Empieza a preocupar esto de que Madrid no vea faenas que antes valían su peso en oro. Quizá si hubiese acertado con la espada la cosa hubiese sido distinta pero aún así, mereció otro premio que unas palmitas.

Poco más o menos le ocurrió con el quinto. El toro se le acabó muy pronto -de eso la culpa la tuvo la presidencia, que se empeñó en no conceder el cambio pese a llevar dos puyazos- pero le sacó lo poco que le quedaba. Volvió a incurrir en el mal uso de la espada, con el defecto añadido de pasarse de faena. No obstante, me sigue interesando este novillero.

Como me gustó la disposición de Javier Cortés con el tercero. Un cabrón con pintas de principio a fin, sobre todo por la izquierda. Pero ahí estuvo, tragándole y sacándole muletazos incluso por ese pitón, con el mérito de hacerlo en medio de un vendaval que lo descubría constantemente. El sexto fue un mulo al que ni queriendo se le sacaba un pase.

Y la cruz fue Jose Manuel Mas. No se acopló con el primero, quizá el más manejable, pese a un prometedor inicio. Y con el cuarto, que tampoco fue de lo peor, echó el rato en esquivar el viento.

domingo, 10 de mayo de 2009

Recitales... de despropósitos

Seis toros y seis silencios. Lo cuál debería dar que pensar a la terna porque a la corrida de Los Recitales le podemos poner defectos -fundamentalmente en cuanto a presentación- pero en conjunto estuvo muy por encima de los toreros.

Curro Díaz, que es torero con gusto, se pasó media faena del que abrió plaza buscando componer la figura. Y en ese intermedio se le acabó el toro, que tenía tanta nobleza como poca fuerza. Pedía otra receta pero ya digo, se le fue el rato en posturas. El recital con la espada, para olvidar. Con el cuarto pareció enmendar las cosas con alguna serie por la derecha, pero también se desinfló enseguida.

El gran perjudicado de la tarde fue el segundo toro. Un animal de escándalo, de los de poner la plaza boca abajo -y van unos cuantos sin aprovechar- al que un Iván Vicente desdibujado y sin ideas dejó marchar con las orejas puestas. De esas veces que es el toro el que le va marcando al torero los terrenos y los tiempos, mira, pónmela aquí que embisto, piérdeme un pasito que repito... Y ni por esas, dio el torero un recital de pases pero sin dar con la tecla. Con todo, lo malo no es que se le escapara ese señor toro sino que el quinto, un remiendo de Fernando Peña, sin ser tan bueno también tuvo sus cositas. Y tampoco estuvo a la altura.

Ambel Posada tuvo el otro bombón de la corrida. Y tampoco. Sin apretarse con él, toreando por las afueras, con algunos momentos de mérito, sí, pero por debajo del toro. El sexto fue el lunar de la corrida comparado con lo que había salido por chiqueros pero tampoco podemos decir que Posada pusiera toda la carne en el asador.

sábado, 9 de mayo de 2009

La Cuellina triunfa


"Tengo a la plaza en contra", declaró el incapaz al término de la corrida. A la plaza, a los espíritus de Belmonte, Joselito y Manolete, y a las asociaciones de consumidores si tomasen cartas en el asunto. Tuvo delante un toro de Puerta Grande y tapó su incapacidad -al César lo que es del César- con la estocada, perdiendo la muleta, sí, pero de correcta ejecución y fulminantes efectos

Decíamos ayer que Madrid no parece Madrid y esa oreja que hoy le han regalado al Capea, más conocido por el niño del Niño, pone a las Ventas a la altura de una plaza de cuarta. Un toro de escándalo, alegre en la embestida, repetidor, con un pitón derecho para reventar la Feria... Y le fue a tocar al tío más incapaz que hay en el escalafón. Incapaz pero, reconozcámoslo, revolucionario. La tauromaquia del siglo XXI le debe un lugar en la historia al inventor de la cuellina, técnica aportada por el incomprendido diestro consistente en acompañar las embestidas con el cuello, en una suerte de forzada tortícolis. Ahora nos parece antiestético, incluso horroroso, pero también se reían de Dalí y ahí lo tienes. El futuro, amigos, es la cuellina.

Si al mejor le hizo putada en vez de faena, no perderemos tiempo en explicar lo que ocurrió con su lote. Sólo apuntar que el tercero era otro bombón por la derecha y el último, con sus cositas, también tenía faena. Porque ese toro de triunfo gordo estaba sorteado para Miguel Abellán y fue a caer en manos del incapaz, merced a la cogida sufrida por el diestro madrileño en su primero. Había empezado Abellán de rodillas en el mismo centro del ruedo, poniendo de su parte lo que no tenía el de Salvador Domecq. Y en una de esas, mientras lo intentaba torear, ¡zas!, derrote seco y cornada de quince centímetros por detrás de la rodilla. Herido y todo, aún tuvo arrestos para matarlo antes de pasar a la enfermería.

David Mora, que confirmaba alternativa, anduvo muy dispuesto toda la tarde. Se fue a portagayola a por el de la confirmación, un toro que embistió en la muleta rebrincado y echando las manos por delante. Con el quinto, un sobrero de Fernando Peña, se lució en un quite por chicuelinas. El toro, el peor de la tarde, tenía un trago. No se arrugó Mora y se puso siempre en el sitio, queriendo sacarle lo poco que tenía.

viernes, 8 de mayo de 2009

Aguilar contra la indiferencia

Está raro el público de Madrid. Cualquier otro año le hubiesen pegado una ovación a Sergio Aguilar y el pobre hombre salió a silencio por toro. No lo merecía, desde luego, o al menos así lo vi yo. Expuso con su primero, bajándole la mano a un animal nada claro, que terminó por tirarle un derrote a la cara del que escapó de milagro. Y volvió a estar muy firme con el que cerró plaza, con idéntico, o mejor nulo, eco en los tendidos. Inexplicable.

Antonio Barrera tragó el peor lote de una deslucida corrida de Gerardo Ortega, que sólo se salvó por lo astifino de su estampa. Anduvo decoroso Barrera y al contrario que en otras ocasiones, creo que no se le puede pedir más de lo que dio con semejante suerte en el sorteo.

Y el vallisoletano Leandro, no terminó de encontrar la medida al tercero, pese a dejar alguna serie de mérito por la izquierda, y es que dio la sensación de que el toro daba más de sí.

Nada que ver con el otro de su lote, un remiendo de Sepúlveda, manso y brutote a más no poder. Lo intentó el pucelano y se llevó una fea voltereta como triste premio.

jueves, 7 de mayo de 2009

Déjà vu isidril

La tarde arrancó con sabor valenciano. Se celebraba el octogésimo séptimo aniversario de la muerte del diestro Manuel Granero, al que aquel Pocapena del Duque de Veragua quitó la vida un 7 de mayo de 1922. Inevitablemente me acordé de D. Primitivo Sánchez Laso, maestro de aficionados salmantinos. Su padre estaba muy unido al diestro levantino y a don Primitivo se le humedecían los ojos cada vez que hablaba del diestro.

Pero además se guardó un minuto de silencio por el reciente fallecimiento de otro paisano de Granero, el banderillero Manolillo de Valencia, un personaje de los que ya no quedan, que en el tramo final de su vida encontró el aliciente en el apoderamiento de Luis Vilches.

Para explicar lo que dio de sí la primera de Feria podríamos copiar casi al dedillo la crónica del año pasado. Misma ganadería y casi que los mismos resultados. Si exceptuamos el sexto, el único con un puntito de nobleza que permitió a Emilio de Justo cortar una orejita. Y digo orejita porque la faena destacó por contraste con la mediocridad del resto de la tarde pero tampoco fue para volverse loco. Tampoco es cuestión de exigir a un torero que apenas tiene oportunidades como si fuese un primera figura, pero lo cierto es que pudo estar un poco menos despegadillo y apretarse más con el toro, No obstante, dejó detalles interesantes y se tiró a matar con mucha fe.

En el primero de su lote llegó a capotear hasta tres toros: el titular, un sobrero de Moisés Fraile también devuelto y un ejemplar de Ana María Cascón para olvidar.

El resto de la corrida de Martelilla, como digo, en la línea del año pasado. Eugenio de Mora lo intentó en su primero pero encontró nula colaboración. Quizá en otros terrenos el toro hubiese sido otra cosa pero se empeñó en hacer faena en los medios y ahí se le terminó muy pronto. Con el cuarto no ganó para sustos. Ya en banderillas apretó una barbaridad y a la muleta llegó dando cabezazos y revolviéndose a cada intento de muletazo. Al menos los mató a la primera a ambos.

Joselillo tardó en acoplarse con el segundo pero le acabó por sacar lo poco que tenía. El toro era un regalo que acabó por ponerle los pitones en el pecho. No merecía otra cosa que la estocada en los blandos que le arreó. Con el quinto también puso voluntad, desde el pase cambiado por la espalda de inicio hasta la habilidosa estocada, pero el toro, en la línea de la tarde, no dio más de sí.