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domingo, 25 de septiembre de 2011

Con su pan se lo coman


Es imposible que lo entiendan. Los antitaurinos, digo. Imposible que asimilen la catarata de sensaciones que produjo el acontecimiento de ayer por la tarde en la Monumental de Barcelona. Muchas veces se alude a una mera cuestión de gustos pero yo creo que va más lejos el asunto. Para mí que los taurinos sufrimos una mutación genética porque no es normal que uno esté a cientos de kilómetros y se le ponga la carne de gallina y se le humedezcan los ojos leyendo en el teléfono un mensaje contando lo que allí estaba pasando. Y hoy se volverá a repetir, seguro, con el agravante de que asistiremos al último acto de esta representación en la ciudad que, mal que les pese a otros interesados que arriman el ascua del animalismo a su sardina nacionalista, fue capital de España en lo taurino, por encima de la sempiterna Madrid.

Pero no quiero darles protagonismo que ese lo merecen hoy otros. El señor Julián López, por ejemplo, que dictó una lección de cómo hacer que un toro regular parezca bueno y otra de tragar saliva y decir aquí estoy yo. O el señor José María Manzanares, que toreó despegado como siempre pero más despacio que nunca. Hubo un pasaje de la lidia en que, más que dar naturales, su muleta acariciaba el aire barcelonés como quien acaricia a un amigo que ha perdido a un ser querido. O el señor Jose Antonio Morante, que fiel a su leyenda, pasó del infierno de la bronca al cielo de sus verónicas al sobrero que regaló. Rafael de Paula en el albero barcelonés al compás de palmas por bulerías de un público que soñaba. Y prende la chispa del genio de la Puebla y ofrece las banderillas a sus compañeros. Y cuajan un tercio que revienta la plaza, rematado en un desplante con sabor añejo. Y Morante que sigue tocado por la gracia divina y nos hace romper la camisa. Y qué naturales, y qué remates, y qué torero y oportuno el vestido, y qué arte saliendo por la Puerta Grande con una camiseta de su Betis en la mano. Como decía un tweet de Juanma Lamet: "A ver quién tiene cojones de prohibir a Morante".

Hoy algunos se creeran mejores porque van a cerrar una plaza de toros. Y a mí en el fondo me dan mucha pena porque carecen de esa mutación genética que les impide entender y amar a la Fiesta. Lo resume perfectamente un comentario hecho desde México en la crónica de burladero. com: "Con su pan se lo coman. El toreo es inmenso y Barcelona sólo una pizca".Enlace


barcelona_24sept por burladero_es

Foto: Burladero.com

martes, 3 de mayo de 2011

Caer de pie

Supongo que es lo que uno sueña cuando quiere ser torero. Alternativa en La Maestranza, con ganadería puntera y dos figuras. Y si encima sorteas el lote mejor, por no decir el único potable, ya es para que no se te borre la sonrisa de la cara en una semana. Y así, tal cual, podrá contar Esaú Fernández a sus nietos este día. Eso y que cortó dos orejas y fue el triunfador de la tarde, vamos, que cayó de pie. Pero vamos con los matices.

Lo bueno del toricantano: su desparpajo yéndose a portagayola en los dos toros, su tranquilidad en tarde tan importante y su temple. Lo malo: es uno más en la nómina de pegapases fuera de cacho y manejando la espada se le fue la mano, sobre todo en el sexto. El resultado global, ya digo, una oreja en cada toro con cierto tufo paisanero.

Fue su padrino Morante de la Puebla, al que se le va la feria sin posibilidad de dar satisfacción a sus muchos seguidores. Y me preocupa el asunto en un torero tan dado a los altibajos. Vale que lo de su suerte en los sorteos es para hacérselo mirar pero no es el Morante que acostumbrabamos a ver últimamente, sobre todo en lo físico. Se vio en su primero, que le apretó contra tablas toreando de capote y fue incapaz de saltar al callejón. Leo que ha dejado a Poli Gallardo, su preparador físico, y no me gusta nada. En su descargo diremos que, una vez más, tuvo un lote imposible y aún así lo intentó.

Otro que no termina de remontar es El Cid. Y no es por falta de ganas pero parece que el corazón va por un lado y la cabeza por otro. No se confió lo más mínimo con su primero y en el quinto, el único salvable al margen del lote de Esaú Fernández, fue una sombra de sí mismo. Lo quiso coger en largo, como en las mejores faenas que le hemos visto, pero luego no fue capaz de quedarse quieto en el sitio. Faena eterna que se perdió en un mar de dudas. Esperaba también más de la ganadería de El Pilar, sobre todo en cuanto a presentación de los tres primeros. Con el buen cartel que había dejado el hierro charro en los dos últimos años...

sábado, 30 de abril de 2011

Histórico Manzanares, excesiva Sevilla

Como una premonición escribíamos ayer que en Sevilla empezaban a aflorar detalles poco edificantes. La confirmación llegó con el lamentable espectáculo del indulto a un noble toro de Núñez del Cuvillo, excelente para la muleta, sí, pero sin completar los requisitos que se le suponen para alcanzar el mérito de volver a la dehesa. Mal el público de Sevilla, que hizo que la Maestranza, la cada vez menos sagrada Maestranza, pareciera una plaza de talanqueras. Mal Manzanares, provocando al público y echándoselo encima al presidente. Y mal en última instancia el presidente, que no supo resistir y haciendo honor al nombre del toro, arrojó el prestigio de la plaza a la basura al mostrar el pañuelo naranja. Para completar el recital de despropósitos, Manzanares se olvidó de simular la suerte y el ganadero se olvidó de sacar a saludar al mayoral. Si empezamos a dejar de lado estos detalles, si todo va a valer para el espectáculo, mal camino llevamos.

Dicho lo cual, hay que cantar lo bueno de la tarde, que hubo y mucho. Para abrir boca, un quite de Julio Aparicio al primero de su lote, verónicas con ese sabor particular que recuerda a Rafael de Paula. Y la respuesta de Morante de la Puebla: una, dos y ¡madre mía qué tercera verónica, eterna, meciendo el capote, alargando los brazos hasta lo imposible! Ahí descubrimos la calidad del toro y parecía que Aparicio también lo había visto. Esperanzador inicio de faena pero pronto llegamos a la conclusión de que dos no discuten si uno no quiere. O lo que es igual, Aparicio se vio desbordado por la clase del toro. No anda bien el torero y lo confirmó con el cuarto, masacrado en varas.

Morante vio como le devolvían el segundo de la tarde a las primeras de cambio. Curiosa la prisa del palco por sacar el pañuelo verde sin dar ocasión de probar al toro. A cambio salió un sobrero del hierro titular que tuvo su guasa. Hizo el esfuerzo Morante y tragándose la áspera embestida le arrancó los pocos muletazos que tenía. El quinto hizo de todo y malo: se echó y se dio una voltereta que lo terminó de derrengar. Morante no se quiso dar coba y optó por la brevedad. Empieza a ser mosqueante la suerte, o mejor la falta de ella, del diestro de la Puebla en los sorteos.

Y vamos con el gran protagonista. Jose María Manzanares se encontró con Arrojado, un toro de ensueño para la muleta. Con clase, repetidor y humillando. El toro soñado, vamos. Y vaya que soñó. Hubo el defecto que indefectiblemente le señalamos tarde tras tarde, pierna retrasada y muletazos despegados pero por encima de todo hubo una virtud que tapó lo demás: el temple. No se puede torear más despacio, con tanto mimo, acompañando perfectamente la noble embestida del toro. Por la derecha, por la izquierda, alternando cambios de mano preciosos, el alicantino construyó una faena bellísima, conjuntados perfectamente hombre y animal, como en un ballet. El público empezó tímidamente a pedir el indulto del toro, curiosamente cuando éste se rajó y se fue a las tablas. Tiró de él Manzanares hacia el centro del ruedo y le dio otra serie al ralentí, provocando al respetable con miraditas al palco. El clamor fue creciendo y el resto ya lo hemos contado al principio. Uno imagina que para indultar a un toro en Sevilla hace falta algo más, una notable pelea en el caballo para empezar, pero me temo que me estoy quedando antiguo y no precisamente por cumplir años. Dos orejas simbólicas y clamorosa vuelta al ruedo en compañía del ganadero.
Aún guardaba munición Manzanares y en el sexto volvió a liarla. Otro buen toro -un espectador gritó con mucha guasa que también lo podían indultar- y otra gran faena del alicantino. También despegada pero también templadísima y con unos pases de pecho interminables. Y todo ello coronado con un estoconazo hasta la bola. De nuevo dos orejas y esta vez sí, la Puerta del Príncipe abierta de par en par.

jueves, 17 de marzo de 2011

Manzanares pero Morante


Dirán las crónicas que el triunfador de la tarde fue Manzanares pero yo me quedo con el toreo de capote de Morante de la Puebla. Decía Molés en la retranmisión de Canal Plus que, reglamento en mano, podría completar el último tercio a base de verónicas y chicuelinas. No le den ideas que éste es capaz de probar y poner una plaza boca abajo. Hoy ya hizo algo que no se suele ver: un quite después de haber puesto banderillas. El saludo al primero de Núñez del Cuvillo fue espectacular, sin esperar probaturas, sin dejar al toro dar un par de vueltas, nada de eso, asomar por la boca del burladero y ponerse a dar verónicas. Y la media, ay, qué media.

El inicio de la faena de muleta presagiaba cotas altas: sentado en el estribo, a la antigua usanza, y llevando con mimo la endeble embestida del animal. Esa fue la nota predominante de la labor del de la Puebla: la suavidad. Hace las cosas sin un mal gesto, sin brusquedades, haciendo que parezca fácil lo que sólo unos pocos elegidos son capaces de hacer. No duró mucho el toro y hubo que conformarse con un capítulo abreviado de la tauromaquia de Morante pero da igual. Hay más toreo en esa media verónica que en toda la temporada de cualquier pegapases de los de ayer. Con el cuarto volvió a dictar otra clase magistral con el capote y en la muleta no hubo ni atisbo de faena, ante las nulas condiciones del toro.

Jose María Manzanares torea muy bien, dicen. Pues hijo, yo mira que lo intento pero en la faena al primero de su lote no vi sino pases abusando del pico de la muleta, con la pierna retrasada y pasándose el toro a dos metros. Compone muy bien la figura -eso ya lo inventó Ponce- pero no le concede una ventaja al toro. Eso sí, al César lo que es del César, lo mató de un estoconazo que por sí sólo valía la oreja que le concedieron.

Donde pudo liarla fue en el quinto. Otra vez despegadísimo pero con una virtud, la del temple, que sirvió para corregir el incómodo cabeceo del toro y construir una faena donde lo mejor fueron los pases de pecho y el toreo al natural en las series finales. Cuando tenía la Puerta Grande en la mano, se empeñó en matarlo recibiendo por dos veces. Sendos pinchazos disiparon la posibilidad de premio.

Lo mejor de Daniel Luque fue también el toreo de capote al tercero. Con la muleta, véanse los defectos señalados a Manzanares y añádase que torea encorvado y está hecha la crónica. Con el sexto empezó bien, dándole distancia pero luego se perdió en pases sin ton ni son y terminó metido entre los pitones.

Para rematar el despropósito, terminó la faena a cabezazos con el culo del toro. Sí has leído bien, esto debe ser el toreo moderno.

(Fotos:Burladero.com)

martes, 24 de agosto de 2010

Joselito vuelve a triunfar

Fue uno de mis toreros cuando estaba en activo y va camino de repetir como figura de los ganaderos. ¡Vaya corrida mandó Joselito a Bilbao! A excepción del primero, todos tuvieron su puntito y alguno, como el segundo y el sexto, su puntazo. Pero vamos por partes.

El único borrón de la tarde ganadera fue el que abrió plaza. Y con esa suerte que últimamente se gasta Morante en los sorteos, claro, le fue a tocar a él. Muy flojo de salida, no permitó lucir con el capote. Yo creo que en otra plaza lo hubieran devuelto al corral pero esto es Bilbao. Así que el de la Puebla tuvo que ver como se le echaba nada más comenzar la faena de muleta y ponerse de enfermero. También creo que en otro tiempo se habría ido a por la espada pero estamos ante la madurez de un torero que cada día va a más y sacó agua de un pozo seco. Faltó la emoción, por la nula calidad del astado, pero sobró temple para dejar pases sueltos de gran nota, sobre tdo al natural. La historia de la faena se resumió en la hora de entrar a matar. El toro completamente parado y el torero intentando cruzarse. Lo cazó a la tercera.

Sebastián Castella tuvo uno de los dos toros de la tarde. Daba gusto verlo arrancarse al caballo, de lejos, galopando. Ya anunciaba lo que iba a venir. Castella estuvo elegante en un quite por chicuelinas pero yo seguía fijándome en el toro. Muy alegre en banderillas por los dos pitones, tengo puesto en mis notas, y muy bien Javier Ambel llevándolo a una mano hasta el burladero. Y llegó lo que me temía. Castella es un digno seguidor de Ponce, en lo que yo llamo el aspecto fotocopia de las faenas. Da igual lo que tenga delante, un día le sueltan un pavo real y empezará la faena con un pase cambiado por la espalda. Es tan previsible como aburrido. Con ese galope que cantaba el toro, yo me acordaba de César Rincón cuando reventó Madrid. Eso es empezar una faena, monsieur Sebastian. Cuando se puso a torearlo, el toro se comía la muleta y repetía y repetía y repetía. Castella tuvo la virtud inicial de darle distancia pero siempre, que puta manía, vaciando la embestida para las afueras. Y cuando, en su faena fotocopia, acortó las distancias el toro protestó y llegaron los enganchones y los desarmes. Muy mal el francés, que desafinó ante la condición de Musiquero, que así se llamó el toro. Mató de media atravesada e inexplicablemente, salvo que el tendido estuviese poblado de franceses, le pidieron la oreja. Afortunadamente, el palco supo estar a la altura.

Leandro entró en el cartel sustituyendo a Cayetano y eso que salimos ganando. Brindó al publico su primer toro, y tras un elegante tanteo por bajo se lo llevó al centro. Un torrente de casta que pedía distancia y mano baja. Con lo primero empezó acertando el vallisoletano pero se le notó la falta de festejos. No obstante, cuando atinó con los ingredientes dejó alguna serie muy interesante. El problema vino al final, porque entrando a matar con el brazo encogido era de cajón el recital de pinchazos.

De nuevo el sorteo le fue esquivo a Morante con el cuarto. Tampoco le dejó saludar con el capote como nos tiene acostumbrados, aunque hubo un quite con tres verónicas a pies juntos y una media, ¡ay la media! El comienzo de faena de muleta, precioso, con ayudados por alto. Luego sacó petróleo de una embestida muy rebrincada pero él se ponía como si fuera bueno. En este caso, muy por encima del toro Morante, dio los mejores muletazos de la tarde. Esta faena sí era de oreja, si no es por que la estocada quedó un pelín desprendida.

La única nota que tengo de la actuación de Castella en el quinto es anodino. Toro y torero. Ninguno de los dos quiso, en el caso del francés supongo que le estaría remordiendo la conciencia después de declarar que el segundo era un manso encastado. Vuelve a estar fuera de sitio este muchacho.

Y vamos con la otra joya de la corona, el sexto. Saludó Miguel Martín después de un gran par, preludio de lo que vendría. Buen inicio de Leandro, el toro va larguísmo por el derecho, haciendo el avión. Ahora sí acertó a bajar la mano y aunque hubo pases de gran mérito faltó la serie redonda. Por la izquierda bajó algo el tono pero también respondió el toro. Pronto volvió a la derecha y continuó el recital de bravura. Muy torera la serie final con ayudados por bajo ... y el drama. Cuando tenía en la mano solucionar la temporada con un triunfo gordo, la cruz de la espada.

Y ya son muchas las que se le han ido a Leandro.

martes, 25 de mayo de 2010

Viaje en el tiempo


Sucedió el domingo pasado en Nimes. Llegaban las crónicas y no lo podíamos creer. Habíamos leido en los libros cosas parecidas, hay viejas películas en blanco y negro que lo enseñan pero hasta que no lo vimos no fuimos capaces de comprender la trascendencia de que Morante de la Puebla haga el paseíllo en pleno siglo XXI. Después de esto te tienes que tragar una faena de Rubén Pinar, por ejemplo, y las comparaciones son odiosas.

Recojo del periódico El Mundo el poema que Gerardo Diego le dedicó a Rafael Gómez, "El Gallo" en un trance muy similar:

Rafael pide una silla.
¿Silla? ¿Una silla? De paja.

Ya han encontrado la alhaja.

Ya se sienta en su Sevilla.

¡Cálculo de maravilla!
Tres de maestro le ha dado:

alto, de pecho, ayudado.

En trono de querubines

y cantando por bajines.
Todos de pie. Y él sentado.

viernes, 21 de mayo de 2010

Tragedia, inflexión y seda


Me preguntan algunos por qué no actualizo el blog. La verdad es que hemos tenido una racha de corridas infumables y, qué quereis que os diga, no me apetecía ponerme a ello. Pero hoy han sucedido cosas que merecen el esfuerzo.

Cartel de los que tenía señalado en rojo. Primero, por la presencia de Morante y Aparicio, dos de mis toreros favoritos. Y si encima le añades que entró a última hora El Cid, redondo. Claro que para ser honrado, tenía mis dudas sobre lo adecuado de la presencia de éste último, visto lo visto. Pero me equivoqué, afortunadamente.

Donde no fallé fue en los temores hacia el ganado de Juan Pedro Domecq. Nobles, sí, pero con una falta de fuerzas alarmante. Se devolvieron dos pero bien pudieron ser cuatro. La excepción fue el sexto, por el pitón derecho, y el primero, por el izquierdo.

Precisamente ese primero estaba llamado a marcar el sino de la tarde. Precioso de lámina -los jaboneros son mi debilidad- cantó un gran pitón izquierdo en el capote de Julio Aparicio. Como grande fue el toreo a la verónica y la media de remate. Había ese runrun en el ambiente y comenzó Julio la faena de muleta con derechazos desmayados, marca de la casa. Todos esperábamos los naturales como agua de mayo y no dio tiempo a más. Al segundo o tercer pase el toro tropezó con los cuartos traseros el tobillo del diestro, que cayó al suelo. Trató de zafarse, de hacerse el mismo el quite con la muleta pero el toro hizo por él y lo prendió de forma angustiosa. Las imágenes están por todas partes así que no voy a recrearme en la descripción. Tal vez, si hubiera soltado la muleta, tal vez si hubiera estado más ágil, qué fácil es hablar después. El caso es que San Isidro hizo el quite, porque a pesar de lo aparatoso de la cogida pudo ser mucho peor.

La cosa quedó en un mano a mano pero todavía nos aguardaba un susto. El segundo volteó a El Cid y nos temimos lo peor. De nuevo la suerte quiso que el pitón solo calara la taleguilla y el diestro se levantó rabioso y se fue a por él. Yo creo que ahí despertó el de Salteras de la pesadilla que le persigue hace meses. Ese fue el punto de inflexión decisivo, donde dijo "se acabó la tontería, señores, a torear". Porque a partir de ese momento El Cid fue a más con el segundo de su lote, un sobrero de Gavira y resucitó en el sexto.

Ese toro, que estaba sorteado para Julio Aparicio, nos devolvió al torero que muchos sabíamos que estaba ahí, esperando a salir en cualquier momento. El brindis al compañero herido fue precioso y sin más, a los medios. Y ahí me acordé mucho de mi padre, que me enseñó que lo verdaderamente meritorio es citar a un toro de lejos y meterlo en la muleta. Ese Cid fue otra vez el que a él tantas veces le entusiasmó. Dando distancia, templando, bajando la mano y ligando dos series de gran nota. Lástima que por la izquierda el toro se acabase pronto. Lo mató por arriba y cortó una oreja de peso, que debe valerle y mucho.

El gran perjudicado de la tarde fue Morante de la Puebla. Mató el que hirió a Aparicio y salió por chiqueros otro jabonero que parecía un limousine de los que van a la Feria Agropecuaria de Salamanca. Lo recibió con el capote con un mimo y una suavidad que no merecía semejante zambombo. Con la muleta abrevió, con buen criterio.

Lo de que no hay quinto malo no se cumplió. El titular no se tenía en pie y fue al corral. Salió un sobrero de Gavira que corrió la misma suerte. Y por fin, asomó otro de Mari Carmen Camacho al que Morante bordó las verónicas de salida. Todavía nos regaló otro gran quite tras el primer puyazo que puso en pie la plaza. Fue lo único que pudimos disfrutarle porque en la muleta, por más que quiso, no había donde rascar. Le esperamos, don Jose Antonio.

lunes, 1 de marzo de 2010

Morante pone la primera piedra

Esta va a ser la temporada. Se nota, se huele, se presiente. Este va a ser el año en que Morante de la Puebla rompa definitivamente en figurón del toreo. Ayer en Vistalegre puso la primera piedra del edificio, con una faena impensable en otro torero del escalafón ante un toro que tampoco era tan claro. Pero lo que le faltó al cuarto de Núñez del Cuvillo lo puso el sevillano y la obra quedó casi redonda. El casi fue la colocación de la espada, que debiera haber sido argumento suficiente para no conceder la segunda oreja. Pero el presidente, por su cuenta y riesgo, se lanzó al agua y tuvo que venir Morante, con esa torería que derrocha también fuera del ruedo, a arreglarlo. Ni paseó esa segunda oreja ni quiso salir por la Puerta Grande. Da igual, la tauromaquia morantista no se mide por el número de trofeos

La faena tuvo muchas virtudes, pero por encima de todas hay que destacar la lentitud con la que meció la muleta Morante. Hubo pases en los que parecía que se paraba el tiempo, de lo despacio que lo toreó. Y todo eso pasándolo cerca -nada que ver con la exageradamente valorada faena de Manzanares el sábado- y aguantando alguna que otra miradita del toro, al que ya digo, lo hizo bueno Morante. Si además le añades las verónicas de saludo y los adornos con la muleta, se te olvida que, con buen criterio, abrevió con el primero de la tarde.

Alejandro Talavante tuvo el lote para pegar un aldabonazo serio y se quedó en el intento. No sé quién le ha explicado que para torear bien hay que doblar el espinazo de semejante guisa pero yo que el extremeño me iría buscando un buen fisioterapeuta si pretende seguir así el resto de la temporada, porque en una de estas se rompe dos vértebras por menos de un pito. A mí es que no me gusta este tío y mira que lo intento. Para colmo pegó un sainete con la espada en sus dos toros.

De Cayetano Rivera debo decir que me sorprendió gratamente. Vaya por delante que fue el más perjudicado en el sorteo pero tampoco supo solventar la papeleta. Dije que me sorprendió y en efecto así fue: me esperaba su falta de recursos pero no contaba con su disposición. Aunque eso no le va a bastar, más bien las va a pasar putas y más si sigue acartelándose con Morante. Las comparaciones van a ser como para salir corriendo a quitarle la medallita a su hermano.

jueves, 20 de agosto de 2009

Morante detiene el tiempo

No engaña a nadie, al menos a los que le seguimos con devoción. El segundo toro no valía un duro y Morante no se paró en florituras, a por la espada y a otra cosa, mariposa. Y la bronca fue de órdago, exagerada a mi parecer. Quizá el castigo en el caballo fuese excesivo y eso encendiera al público, pero no creo que hubiese que montar semejante follón. Morante, que no engaña a nadie, insisto, aguantó el chaparrón y se fumó un puro, literalmente. Esa liturgia del habano entre toro y toro surte efecto y de qué manera.

Salió el quinto, con mucho mejor fondo, y el ruedo de Vistalegre cambió el habitual gris por una sinfonía de colores en los vuelos del capote de Morante. Y los pitos se tornaron oles en su mayoría, salvo una hooligan de Ponce se que pasó toda la faena berreando en lugar de disfrutar del mejor toreo de la tarde. O del único. Porque la faena de muleta de Morante, de más a menos, bien es verdad, tuvo momentos mágicos, con pases que parecían a cámara lenta, pasándose el toro bien cerquita, embraguetándose con él y perfumando el ruedo con los aromas de torero antiguo a los que nos tiene acostumbrados el de la Puebla. Falló a espadas y perdió una oreja que, creo, le hubiesen pedido con fuerza. Salvo la borrega poncista, claro, que más le valdría analizar las fotos y ver cómo se pasan el toro el uno y el otro.

Hablemos de Ponce. En el primero no estuvo ni bien ni mal, que casi es lo peor. Pegó muletazos a diestro y siniestro pero sin decir nada, para afuera, aliviándose, ventajista... En Ponce, vaya. Y con el cuarto más de lo mismo. Ya lo he dicho alguna vez, que me parece una versión corregida de Espartaco, idénticas trampas pero mucho más plástico, que dicen ahora. Me gusta el Ponce del miércoles, que se inventa un toro tirando de recursos pero me aburre el Ponce que emplea sistemáticamente esos recursos con el bueno, el regular y el malo. Eso sí, Bilbao le quiere y eso se nota. Por cierto, que tiene un problema serio con la espada, cuatro toros en esta feria y a los cuatro los ha pinchado. Y por cierto, en los cuatro ha escuchado aviso, con esa manía suya de hacer faenas de 80 muletazos.

Y el que no levanta cabeza, y bien que lo siento, es el Cid. Incapaz de sujetar el genio del tercero, que se movió y de qué manera. En otro tiempo a ese toro le hubiese hecho una faena de las de recordar pero anda el de Salteras con el sitio perdido y le desbordó la casta del toro. Mejoró algo con el sexto, un precioso ejemplar de mi admirado José Miguel Arroyo, Joselito, que debutaba como ganadero en Bilbao y dejó buenas sensaciones. La corrida en general, sin ser de escándalo tuvo su interés para el aficionado. Ese sexto anunciaba fatigas a la hora de la estocada por sus tremendos pitones y así fue. Salió trompicado el Cid y la espada cayó malamente, haciendo guardia.

jueves, 14 de mayo de 2009

Querer y poder

Querer y poder, conjugando esos dos verbos podemos resumir la tarde de hoy. Castella quiso y pudo. Morante quiso pero no pudo. Y Talavante ni quiso ni pudo. Veamos.

Sebastián Castella necesitaba un golpe de autoridad que lo devolviera al primer plano del escalafón y a fe que lo dió. Salió tocado de Sevilla pero recupera crédito en Madrid gracias a una actuación plena de ganas y poniéndo toda la carne en el asador que le valió la Puerta Grande. Generosa, eso sí, pero que le quiten lo bailado.

La primera oreja se la ganó con una faena inventada ante un manso de Garcigrande que no quería saber nada de muletas ni engaños. Y allí se puso Castella y a base de cabezonería y de colocación se los terminó dando. La estocada algo trasera pero fulminante. La petición no es que fuera mayoritaria pero el presidente sacó el pañuelo.

El quinto fue otra cosa, sobre todo por el pitón derecho. La faena arrancó con emoción: el torero en los medios, quieto como un poste. Se arrancó el toro alegre y con velocidad y llegó el pase cambiado. Escalofriante. Y aún dos más, sin moverse del sitio. Las primeras series por la derecha tuvieron largura y temple, con la virtud añadida de la distancia adecuada. Pero la faena bajó el diapasón cuando cogió la izquierda. Empeoró el toro y se contagió el torero. Volvió a la derecha pero era tarde. Donde antes hubo temple ahora llegaban enganchones e incluso desarmes. Entre eso, el empeño por alargar el trasteo y la estocada caida, creo que no era de oreja el asunto. Pero la plaza se empeñó y el francés encontró la llave para abrir la Puerta Grande.

El que quiso pero no pudo fue Morante de la Puebla. Con un lote infumable, hizo el mejor toreo de la tarde.Es increible el momento que vive este torero. Le da igual lo que tenga delante, él se pone como si fuese bueno y traga, traga, traga hasta que le termina sacando el pase. Y como se coloca en el sitio y encima tiene un gusto exquisito salen pases, sueltos porque el toro no permite otra cosa, pero de muchísimo mérito. ¡Ay el día que le salga uno que embista! Por cierto, que el cuarto propinó una cornada grave al banderillero Rafael Cuesta. Vaya Feria de enfermería llevamos, parece que alguien esté pasando factura por toda la suerte que hubo en Sevilla...

Y Talavante empieza a torear como habla. Balbuceando, a trompicones y no se le entiende nada. No tuvo lote pero tampoco se le vio por la labor.

martes, 28 de abril de 2009

Sinfonía morantista

Seré breve. La corrida de Juan Pedro Domecq, un petardo infumable. Antonio Nazaré puso toda la voluntad del mundo en el día de su alternativa y Ponce pasó por allí. Y al lío.

Si yo tuviera que explicar cómo se torea con el capote no gastaba saliva, directamente pondría el video de esta tarde y diría, señores, con ustedes Morante de la Puebla. En cinco verónicas y una media se resumió el asunto. Es imposible torear mejor, cogiendo el capote con la puntita de los dedos y meciéndolo con una suavidad y un temple que me levantaron del asiento. Eso a mí, en casa, así que me imagino al Hermano Mayor de la Cofradía Morantista, José Luis Valencia, que estaba en la Maestranza. Lo que me acordé de él.

Sinceramente, cuando cogió la muleta Morante pocos, por no decir ninguno, apostábamos por el toro. En otra época de Morante o en otras manos la cosa habría sido breve, cuatro muletazos por abajo y a matar. Pero emergió la figura que el domingo bautizamos como el torero total y se obró el milagro. Una vez en Salamanca Joselito hizo algo parecido y lo definió como una faena inventada a un toro inventado. Y así fue.

Con la misma receta de antes de ayer, Morante fue convenciendo al toro de que se uniera a la fiesta y el toro, viendo aquello, no fue capaz de negarse. Por la derecha, por la izquierda, daba igual el pitón, el torero fue construyendo su obra, sin dudas, muy firme, aguantando parones, con gusto, con empaque, derramando torería a cada momento.

Cuando el toro definitivamente se rindió a la evidencia llegaron naturales de frente, con desmayo, roto el torero y rotas las manos a aplaudir. Un inciso. Yo no sé qué criterio sigue el director de la banda para que suene la música pero era ayer o nunca. No obstante, se comprende que hasta los músicos anduvieran embobados con lo que estaban viendo y no se acordasen de tocar. Ni falta que hacía, la sinfonía la puso el torero.

Seguía toreando Morante sin descanso cuando el aviso presidencial nos despertó del sueño, Llevábamos diez minutos de milagro y no nos cansábamos. Y del sueño pasamos a la pesadilla. Pinchó el torero y se esfumaron los trofeos.

No importa. Es de esas faenas que recordaremos mucho tiempo.

domingo, 26 de abril de 2009

Morante, el torero total

Hay quién le tiene por torero de espejo y nada más lejos de la realidad. Hoy Jose Antonio Morante terminó de demostrar lo que apuntó frente a los pseudovictorinos: que es el torero total, mezcla de genialidad, plástica y valor seco. En medio de la mediocridad de una tarde marcada por la mansada de Jandilla y la incapacidad del presunto torero apodado Finito de Córdoba surgió la figura de Morante de la Puebla. Majestuoso, elegante, distinto e imprescindible.

Ya había estado por encima del segundo de la tarde, al que sacó lo poquito que tenía por el pitón derecho. Pero fue en el quinto donde firmó una obra redonda, superando las dificultades del manso y domeñando su genio, que lo tuvo. El primer aviso lo dio el Jandilla colándose en el capote, manejado con la habitual maestría, especialmente en un quite por chicuelinas rematado con una media a cámara lenta.

La faena de muleta tuvo un arranque pinturero, con muletazos por alto y zapatillas asentadas en la arena. Le dio distancia y se lo pensó mucho el toro, pero terminó por acudir al cite. Perfecto juego de muñeca para embarcarlo y dejarlo colocado para el segundo pase. Y así siguió una serie de escándalo que hizo sonar la música. Pausas acertadas para darle aire al toro y éste que se le queda debajo en mitad de un derechazo, un parón de escalofrío con el pitón a centímetros del muslo. Y Morante impávido, hasta que se tragó el muletazo. Lo desarmó el toro pero es que hasta para recuperar al instante la muleta tiene arte el jodío.

Cambió a la mano izquierda y hubo un natural eterno. Otra colada del toro y Morante se enfadó con él: pases de castigo, abaniqueo en la cara y desplante torerísimo. Había que rematar la obra y lo hizo el de la Puebla con una estocada casi entera que lo tiró sin puntilla. Su premio, una oreja que vale más que otras a pares.

El toreo total de Morante eclipsó a sus compañeros de terna, aunque por razones bien distintas. A Sebastián Castella se le murió, literalmente, el primero a mitad de faena. Con el último hubo un arranque de faena prometedor, con estatuarios y remates por bajo, pero pronto cantó su mansedumbre y poco más pudo hacer salvo matarlo más que bien.

Otra cosa es lo del presunto torero. Convengamos en que su primero no daba más de sí pero tuvo en sus manos el toro más claro de la tarde y válgame Dios. En mis notas tengo escrito que el toro repite y Finito también. Repite su vergonzosa tauromaquia de torear con el pico, para fuera y sacando el culo. Terminó por aburrir al toro, que debió ser recompensado con una oreja... de Finito.

Y lo siguen contratando, oiga.

jueves, 23 de abril de 2009

El timo y las estampitas

Algo ha tenido que pasar. Para mí que les dieron el cambiazo a la hora de embarcar los toros, como hacen los timadores con los billetes en la famosa estampita. Porque cualquier parecido de lo que salió hoy al ruedo de la Maestranza con un toro de Victorino no es que sea mera coincidencia, es que sería imposible. Mira que el de Galapagar no suele fallar y menos en compromisos de alto voltaje como el de hoy, pero es que válgame el cielo, qué colección. Ni bien presentados, ni bravos, ni leches. Tampoco sería justo cargar las tintas contra un ganadero que nos ha dado momentos inolvidables, pero por otra parte, no se puede ir a Sevilla con eso y menos si te llamas Victorino Martín.

Así que al fallar lo principal, el argumento del mano a mano se fue irremediablemente al carajo. Una lástima, porque la disposición de Morante y Manuel Jesús Cid mereció que al menos uno les embistiera. Abrió plaza el de la Puebla, anticipando lo que sería a la postre el plato fuerte de la tarde: el toreo de capote. Los lances de Morante tuvieron sabor añejo, la rodilla flexionada, bajando las manos y obligando al toro una barbaridad. Con la muleta estuvo desconfiado y sus motivos tenía.

El primero del Cid, otra sardina, tuvo un comportamiento similar. Lo sobó mucho el torero, tratando de meterlo en la muleta, pero entre el viento y las constantes coladas optó por abreviar.
La historia se repitió con el tercero y el petardo ganadero alcanzaba tintes históricos.

Entonces salió el cuarto y la gente se arrancó tímidamente a aplaudir. Normal, si pensamos que tenían en la retina los tres novillotes anteriores. Aquello, definitivamente, era otra cosa y eso que no llegaba a los 500 kilos. Y aquí remontó un pelín la tarde, merced primero a unas verónicas de cine del Cid, con un remate precioso. Siguió llevándolo al caballo con gran suavidad, andándole hacia atrás. No empujó mal el toro al caballo y nos hacía concebir esperanzas. En esas aparece Morante como salido de la nada y le hace un quite marca de la casa con una media verónica de quitar el hipo. Y va el Cid y le da la réplica, breve pero intensa, con dos verónicas y una media sencillamente de escándalo, desmonterándose y rematando con un desplante. Precioso.

La tarde parecía venirse arriba, Curro Robles dejaba dos buenos pares de banderillas y era obligado a saludar. Brindó el Cid al público y nos las prometíamos muy felices. Pronto descubrimos que por la derecha el toro no tenía un pase, así que la faena la planteó el torero sobre la mano izquierda. Y fue algo increíble: el toro queriendo irse y el Cid venga a dar naturales. Sin ligazón, porque el Victorino no lo permitía, pero tuvo la virtud de sujetarlo y hacerle tragar los muletazos. Una de esas prodigiosas demostraciones de técnica de las que no llegan al tendido, pero ahí quedó. La estocada cayó un pelín trasera pero el efecto fue fulminante. Reaccionó el público a última hora y le dedicó una ovación -la única de la tarde- al torero de Salteras.

Y llegó el momento cumbre la tarde. Apareció el quinto y a por él se fue Morante. Podría escribir que le enjaretó una verónica detrás de otra, ganándole terreno y lo remató en los mismos medios, pero quedaría demasiado academicista. Prefiero transcribir literalmente lo que puse en mis notas, que describe mucho mejor lo que pasó:

despatarrado, barbilla baja, ESCANDALOSOOOOOOOOOOOOOO

Cuando remató Morante tenía la carne de gallina y mi hija me preguntó que por qué lloraba. Le contesté que cuando llore viendo lo que acabábamos de ver podrá decir que le gustan los toros. ¡Qué barbaridad, qué manera de manejar el capote, cómo puso la plaza! Es que no encuentro las palabras para describirlo. Hablábamos al principio de estampitas. Pues de cada capotazo de Morante al quinto podíamos hacer una y llevarla en la cartera, porque lo de este tío empieza a ser una religión.

No acabó ahí la cosa. Al salir del primer puyazo volvió a regalarnos Morante unos delantales lentísimos a los que contestó el Cid con idéntico mérito. El comienzo de faena, con ayudados por alto, tuvo tanto de plástico como de innecesario. No creo que fuese lo más apropiado para ese toro, antes al contrario hubiese agradecido más empezar por abajo. Así que acabó de sacar el sentido y a medir al torero. Y aquí es donde Morante tapó la boca a más de uno.

Hubo un parón de escalofrío, una mirada asesina del toro al muslo del torero, y el tío quieto como una columna de mármol. Que me vuelvan a decir que no tiene valor, que es un torero de espejo y bla, bla bla... A punto estuvo en varias ocasiones de echárselo a los lomos pero insistía e insistía, hasta pareció cogerle el aire en una serie por la derecha, pero el toro buscaba continuamente. Le exprimió los pocos naturales que tenía tragando una barbaridad y lo pasaportó de un pinchazo hondo que tumbó al toro. Ese fue el punto flaco de Morante toda la tarde, la espada. Por lo demás, como digo, tapó muchas bocas que desconfiaban de su desenvoltura delante de los Victorinos. No recuerdo que nadie haya toreado con el capote a un toro de esta ganadería como lo hizo en el quinto, así que un respeto.

Puestos a rematar el desastre ganadero, aún quedaba el sexto. No haremos más sangre con la presentación pero el público estalló cuando el toro perdió las manos en el tercio de varas. Yo creo que pidieron la devolución por mero hartazgo, con la esperanza de cualquier sobrero era mejor que todo lo que había salido hasta entonces. Sí, sí.

Hablábamos ayer de la intervención divina evitando percances. Pues, ya que hoy estamos con las estampitas, el Cid debía llevar una colección completa bajo la chaquetilla. Toreando de capote le pegó una voltereta feísima, con el pitón metido en la axila que no caló por el enésimo milagro. Aquello no es que fuera manso, es que era un morucho de muy mal estilo. Con la muleta fue una colada constante, a susto por intento de pase. Un auténtico hijo de puta, con perdón.