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jueves, 5 de mayo de 2011

El fracaso de la marca blanca

Soy muy fan de las marcas blancas para según qué cosas. Pero tengo claro desde hoy que el concepto no encaja en lo que a ganadería de bravo se refiere. Así que, señor empresario, si usted quiere traer una corrida de Jandilla tráigala -de hecho está anunciada para mañana- pero evite estos sucedáneos. El nombre del hierro se las trae, Torrehandilla y Torreherberos, pero lo realmente enrevesado es el criterio que se siguió para embarcar estos toros a la Maestranza. Hubo alguno realmente feo y en conjunto una escalera de tipos. Insisto, empiezo a ver demasiadas cosas que no me gustan en una plaza puntera como lo es Sevilla.

Dicho lo cual, aclaremos que sí hubo un toro digno de tal nombre. Fue precisamente el primero de la tarde, que fue a caer en manos de El Cid y le cortó una oreja. Visto así, no parece que existan motivos para la queja pero sí. No me gustó nada ver las ventajas que se tomó el diestro de Salteras, siempre despegado y toreando en línea. No lo merecía el toro ni lo merece la hoja de servicios de El Cid, al que sabemos hasta dónde se le puede exigir. Pero ya hemos dicho en comparecencias anteriores que no está fino. Bueno, sí, con la espada nada que objetar aunque la oreja se me antoja excesivo premio.

Cayetano anduvo de las veces que mejor le he visto, sobre todo con el capote, muy variado. El problema es que no tuvo enemigo, porque ponerte a hacer alardes de dignidad, como descalzarse, con los novillitos que le tocaron en suerte como que no cuela. Hasta le pidieron la oreja en el quinto, menos mal que el presidente supo estar en su sitio.

Y Daniel Luque, otro al que tengo marcado en la lista de los pegapases, también me sorprendió. Al menos le puso ganas en sus dos toros, sobre todo en el sexto. Manso como casi todos pero con un puntito que supo Luque sacarle planteando una faena en las tablas. Lo mató más que decorosamente y, éste sí, cortó una oreja.

martes, 3 de mayo de 2011

Caer de pie

Supongo que es lo que uno sueña cuando quiere ser torero. Alternativa en La Maestranza, con ganadería puntera y dos figuras. Y si encima sorteas el lote mejor, por no decir el único potable, ya es para que no se te borre la sonrisa de la cara en una semana. Y así, tal cual, podrá contar Esaú Fernández a sus nietos este día. Eso y que cortó dos orejas y fue el triunfador de la tarde, vamos, que cayó de pie. Pero vamos con los matices.

Lo bueno del toricantano: su desparpajo yéndose a portagayola en los dos toros, su tranquilidad en tarde tan importante y su temple. Lo malo: es uno más en la nómina de pegapases fuera de cacho y manejando la espada se le fue la mano, sobre todo en el sexto. El resultado global, ya digo, una oreja en cada toro con cierto tufo paisanero.

Fue su padrino Morante de la Puebla, al que se le va la feria sin posibilidad de dar satisfacción a sus muchos seguidores. Y me preocupa el asunto en un torero tan dado a los altibajos. Vale que lo de su suerte en los sorteos es para hacérselo mirar pero no es el Morante que acostumbrabamos a ver últimamente, sobre todo en lo físico. Se vio en su primero, que le apretó contra tablas toreando de capote y fue incapaz de saltar al callejón. Leo que ha dejado a Poli Gallardo, su preparador físico, y no me gusta nada. En su descargo diremos que, una vez más, tuvo un lote imposible y aún así lo intentó.

Otro que no termina de remontar es El Cid. Y no es por falta de ganas pero parece que el corazón va por un lado y la cabeza por otro. No se confió lo más mínimo con su primero y en el quinto, el único salvable al margen del lote de Esaú Fernández, fue una sombra de sí mismo. Lo quiso coger en largo, como en las mejores faenas que le hemos visto, pero luego no fue capaz de quedarse quieto en el sitio. Faena eterna que se perdió en un mar de dudas. Esperaba también más de la ganadería de El Pilar, sobre todo en cuanto a presentación de los tres primeros. Con el buen cartel que había dejado el hierro charro en los dos últimos años...

jueves, 28 de abril de 2011

Victorino vuelve a estrellarse

Ya es para empezar a preocuparse. Que tres años seguidos fracase en Sevilla un hierro que ha protagonizado muchos de los mejores momentos de la tauromaquia de los últimos treinta años es síntoma de algo y no precisamente bueno. Otra vez Victorino llegó a la Maestranza, se fumó un puro y se marchó con el rabo entre las piernas viendo el comportamiento de sus toros. Si ya hasta el de Galapagar nos falla pongámonos en lo peor.

Por sacar conclusiones positivas, digamos que se mató muy bien, aunque eso no se estile en la tauromaquia moderna, pero a algunos nos sigue interesando. Sobre todo Juan José Padilla, que despachó al cuarto con una estocada candidata a premio. Fue lo mejor de la labor del jerezano, eso y el saludo de capote a ese mismo toro. Con la muleta, no tuvo opciones con el primero y lo intentó con el otro hasta que el toro se puso a la defensiva.

El Cid apuntó pero no terminó de disparar. Quizá le exijo demasiado a este torero porque he visto hasta dónde es capaz de dar pero esa sensación me dejó. Cierto es que tampoco tuvo material, aunque el quinto se dejó algo más y vimos algún atisbo del toreo que guarda en sus muñecas. Buena estocada también y buen manejo del capote, que no se me olvide. Y mención especial para El Boni, qué manera de bregar y de andarle a los toros, oiga.

Salvador Cortés hizo lo más destacado de la tarde. Fue en el sexto, cuando tras agotar las pocas embestidas del Victorino por el pitón derecho cambió a la zurda. Naturales arrastrando la muleta por la arena, muy templados, de las veces que mejor he visto a este diestro. Calentó al público hasta el punto de pedirle una oreja, pero el pinchazo cobrado antes de la estocada disipó la posibilidad de premio, que se quedó en una vuelta al ruedo. Con el tercero, que también se dejó algo más que sus hermanos, hubo alguna serie de mérito por la derecha.

viernes, 21 de mayo de 2010

Tragedia, inflexión y seda


Me preguntan algunos por qué no actualizo el blog. La verdad es que hemos tenido una racha de corridas infumables y, qué quereis que os diga, no me apetecía ponerme a ello. Pero hoy han sucedido cosas que merecen el esfuerzo.

Cartel de los que tenía señalado en rojo. Primero, por la presencia de Morante y Aparicio, dos de mis toreros favoritos. Y si encima le añades que entró a última hora El Cid, redondo. Claro que para ser honrado, tenía mis dudas sobre lo adecuado de la presencia de éste último, visto lo visto. Pero me equivoqué, afortunadamente.

Donde no fallé fue en los temores hacia el ganado de Juan Pedro Domecq. Nobles, sí, pero con una falta de fuerzas alarmante. Se devolvieron dos pero bien pudieron ser cuatro. La excepción fue el sexto, por el pitón derecho, y el primero, por el izquierdo.

Precisamente ese primero estaba llamado a marcar el sino de la tarde. Precioso de lámina -los jaboneros son mi debilidad- cantó un gran pitón izquierdo en el capote de Julio Aparicio. Como grande fue el toreo a la verónica y la media de remate. Había ese runrun en el ambiente y comenzó Julio la faena de muleta con derechazos desmayados, marca de la casa. Todos esperábamos los naturales como agua de mayo y no dio tiempo a más. Al segundo o tercer pase el toro tropezó con los cuartos traseros el tobillo del diestro, que cayó al suelo. Trató de zafarse, de hacerse el mismo el quite con la muleta pero el toro hizo por él y lo prendió de forma angustiosa. Las imágenes están por todas partes así que no voy a recrearme en la descripción. Tal vez, si hubiera soltado la muleta, tal vez si hubiera estado más ágil, qué fácil es hablar después. El caso es que San Isidro hizo el quite, porque a pesar de lo aparatoso de la cogida pudo ser mucho peor.

La cosa quedó en un mano a mano pero todavía nos aguardaba un susto. El segundo volteó a El Cid y nos temimos lo peor. De nuevo la suerte quiso que el pitón solo calara la taleguilla y el diestro se levantó rabioso y se fue a por él. Yo creo que ahí despertó el de Salteras de la pesadilla que le persigue hace meses. Ese fue el punto de inflexión decisivo, donde dijo "se acabó la tontería, señores, a torear". Porque a partir de ese momento El Cid fue a más con el segundo de su lote, un sobrero de Gavira y resucitó en el sexto.

Ese toro, que estaba sorteado para Julio Aparicio, nos devolvió al torero que muchos sabíamos que estaba ahí, esperando a salir en cualquier momento. El brindis al compañero herido fue precioso y sin más, a los medios. Y ahí me acordé mucho de mi padre, que me enseñó que lo verdaderamente meritorio es citar a un toro de lejos y meterlo en la muleta. Ese Cid fue otra vez el que a él tantas veces le entusiasmó. Dando distancia, templando, bajando la mano y ligando dos series de gran nota. Lástima que por la izquierda el toro se acabase pronto. Lo mató por arriba y cortó una oreja de peso, que debe valerle y mucho.

El gran perjudicado de la tarde fue Morante de la Puebla. Mató el que hirió a Aparicio y salió por chiqueros otro jabonero que parecía un limousine de los que van a la Feria Agropecuaria de Salamanca. Lo recibió con el capote con un mimo y una suavidad que no merecía semejante zambombo. Con la muleta abrevió, con buen criterio.

Lo de que no hay quinto malo no se cumplió. El titular no se tenía en pie y fue al corral. Salió un sobrero de Gavira que corrió la misma suerte. Y por fin, asomó otro de Mari Carmen Camacho al que Morante bordó las verónicas de salida. Todavía nos regaló otro gran quite tras el primer puyazo que puso en pie la plaza. Fue lo único que pudimos disfrutarle porque en la muleta, por más que quiso, no había donde rascar. Le esperamos, don Jose Antonio.

domingo, 18 de abril de 2010

Salamanca toma Sevilla

Las comparaciones son odiosas pero con la moruchada de Gavira en la retina, ver a los toros de Moisés Fraile repartir bravura nos reconcilia con el toro. Es curioso. Victorino, dos petardos seguidos y El Pilar dos años consecutivos de candidata a corrida de la Feria. Y bien que me alegro por el ganadero de Tamames.

Tuvo dos partes el festejo. Por delante, dos toros con sus cositas y luego otros cuatro buenos de verdad, pero todos con una impecable presentación. Y uno, que se ha tragado ferias y ferias de Salamanca soportando corriditas de Despeñaperros pa abajo -algo así como ir a la vendimia y llevar uvas de postre- rumiaba su venganza delante del televisor con una sonrisa de oreja a oreja. Salamanca triunfó en Sevilla., ¡ole!

La pena fue que la terna no estuvo a la altura. Se le perdona a El Cid en el que abrió plaza, un mansito encastado al que, en otro tiempo, le hubiera hecho faena. Pero no con el cuarto, con el que estuvo inexplicablemente perdido y sin saber por dónde meterle mano. Y mira que el toro se lo cantaba pero anda el diestro sevillano en un bache muy preocupante. La parte positiva del asunto es que sabemos de lo que es capaz, así que en cualquier momento cambia la moneda y vuelve por sus fueros. Pero da mucha pena verle así, la verdad.

También se lo pasamos por alto a Sebastián Castella con el segundo, pero es para correrlo a gorrazos con el quinto. ¡Ay que toro! Lo mejor de la labor del francés vino al principio, con el saludo de capote y un quite por chicuelinas. Empujó el toro en el caballo como ninguno en esta Feria, derribando dos veces y metiendo los riñones. Una embestida alegre del de Fraile le permitió a Curro Molina cuajar dos sensacionales pares de banderillas que hicieron sonar la música. Por cierto, buena racha llevamos con los hombres de plata, no ha habido tarde que alguno no se haya desmonterado. Y llegamos al último tercio. Castella, tan previsible como de costumbre, planteó la faena con dos pases cambiados por la espalda en los medios. A mí, sinceramente, ya me aburre, parece que traiga la faena pensada del hotel. Cuando se puso a torear en redondo el toro cantó su clase y el torero también, pero al revés. Pedía mucho sitio la alegre embestida de Guajiro y Castella, otra vez previsible, le acortó las distancias hasta aburrirlo. Aún le regalaron una oreja cuando lo justo hubiera sido darle las suyas al toro.

El menos perjudicado en el festival de bravura charra fue Manzanares. Con el noble tercero abusó del pico de la muleta para construir una faena de detalles pero sin hondura. Y al sexto debió sacarle mucho más que unos preciosos remates y excelentes pases de pecho. Lo dije y lo mantengo, Manzanares se pone muy bonito, torea con todo el cuerpo pero no me emociona por esa falta de profundidad. Y eso, con un toro como ese sexto, es pecado mortal. Cortó una oreja a un toro de dos.

jueves, 20 de agosto de 2009

Morante detiene el tiempo

No engaña a nadie, al menos a los que le seguimos con devoción. El segundo toro no valía un duro y Morante no se paró en florituras, a por la espada y a otra cosa, mariposa. Y la bronca fue de órdago, exagerada a mi parecer. Quizá el castigo en el caballo fuese excesivo y eso encendiera al público, pero no creo que hubiese que montar semejante follón. Morante, que no engaña a nadie, insisto, aguantó el chaparrón y se fumó un puro, literalmente. Esa liturgia del habano entre toro y toro surte efecto y de qué manera.

Salió el quinto, con mucho mejor fondo, y el ruedo de Vistalegre cambió el habitual gris por una sinfonía de colores en los vuelos del capote de Morante. Y los pitos se tornaron oles en su mayoría, salvo una hooligan de Ponce se que pasó toda la faena berreando en lugar de disfrutar del mejor toreo de la tarde. O del único. Porque la faena de muleta de Morante, de más a menos, bien es verdad, tuvo momentos mágicos, con pases que parecían a cámara lenta, pasándose el toro bien cerquita, embraguetándose con él y perfumando el ruedo con los aromas de torero antiguo a los que nos tiene acostumbrados el de la Puebla. Falló a espadas y perdió una oreja que, creo, le hubiesen pedido con fuerza. Salvo la borrega poncista, claro, que más le valdría analizar las fotos y ver cómo se pasan el toro el uno y el otro.

Hablemos de Ponce. En el primero no estuvo ni bien ni mal, que casi es lo peor. Pegó muletazos a diestro y siniestro pero sin decir nada, para afuera, aliviándose, ventajista... En Ponce, vaya. Y con el cuarto más de lo mismo. Ya lo he dicho alguna vez, que me parece una versión corregida de Espartaco, idénticas trampas pero mucho más plástico, que dicen ahora. Me gusta el Ponce del miércoles, que se inventa un toro tirando de recursos pero me aburre el Ponce que emplea sistemáticamente esos recursos con el bueno, el regular y el malo. Eso sí, Bilbao le quiere y eso se nota. Por cierto, que tiene un problema serio con la espada, cuatro toros en esta feria y a los cuatro los ha pinchado. Y por cierto, en los cuatro ha escuchado aviso, con esa manía suya de hacer faenas de 80 muletazos.

Y el que no levanta cabeza, y bien que lo siento, es el Cid. Incapaz de sujetar el genio del tercero, que se movió y de qué manera. En otro tiempo a ese toro le hubiese hecho una faena de las de recordar pero anda el de Salteras con el sitio perdido y le desbordó la casta del toro. Mejoró algo con el sexto, un precioso ejemplar de mi admirado José Miguel Arroyo, Joselito, que debutaba como ganadero en Bilbao y dejó buenas sensaciones. La corrida en general, sin ser de escándalo tuvo su interés para el aficionado. Ese sexto anunciaba fatigas a la hora de la estocada por sus tremendos pitones y así fue. Salió trompicado el Cid y la espada cayó malamente, haciendo guardia.

jueves, 9 de julio de 2009

Ventorrillo o pedorreta

Había avisado el toro en el capote, que por cierto manejó con garbo Manuel Jesús Cid, especialmente en un remate precioso. Había avisado el toro en banderillas y no esperó más. Fue ponerse el Cid con la muleta y al segundo pase el toro se fue derecho al muslo. Lo prendió a la altura de la rodilla y ya en el suelo la paliza fue de órdago. Y nos quedamos con las ganas de comprobar si el torero sevillano remontaba su mediocre temporada tras la esperanzadora faena del día 1 en Burgos.

Así que la cosa se quedó en un mano a mano entre Sebastián Castella y Jose María Manzanares, vamos que prometía. Pero qué va. La corrida de El Ventorrillo fue un festival de falta de fuerza y raza. Salvemos de la quema al sexto, al que Manzanares se empeñó en torear para afuera hasta aburrirlo. Y al quinto, con el que Castella estuvo bastante mejor que con el segundo pese a no cortar la oreja que sí le regalaron en aquel. El colmo fue lo del cuarto, que literalmente se echó a mitad de la faena. Toda una pedorreta a la bravura.

miércoles, 29 de abril de 2009

Luque espantó la modorra


La Feria ha entrado en una cuesta abajo ganadera que no parece tener límites. Y bien que lo siento porque me consta que los de hoy son buena gente y profesionales de lo suyo. Pero eso no evita el petardo.

Lo único digno de reseñar llegó al final. A Daniel Luque se le escapaba la Feria entre los dedos y supo pegar el arreón. Ante un toro de El Puerto de San Lorenzo-para variar- manso estuvo firme, sereno, valiente, queriendo ser alguien en esto. No fue una faena bonita pero sí poderosa. Y emocionante. Encima se tiró a matar como un jabato, con lo que la oreja fue de las más merecidas de esta edición.

El resto fue para olvidar. Como el paso de el Cid por esta Feria, de la que sale muy tocado. Salvo el día de los Victorinos, le he visto muy por debajo de lo que se espera de él. A ver si en Madrid remonta.

Y Castella, poco más o menos. Aunque se justificó con el mal segundo bis y anduvo queriendo con el sobrero que hizo quinto, pero le pudo el ambiente derrotista de la tarde.

sábado, 25 de abril de 2009

Juli quiere, Talavante no puede

Si no viste la corrida y mañana te dicen que Talavante cortó dos orejas y el Juli una igual te haces una idea equivocada de lo que pasó. Ambos tuvieron a tiro la puerta del Príncipe y a ambos se les escapó aunque por motivos bien distintos.

Alejandro Talavante se encontró con un buen toro de El Ventorrillo y la verdad, estuvo mucho mejor de lo que yo esperaba de él. Lo cuál no quiere decir que estuviera a la altura de la calidad del toro. Bonitos los remates, sí, acertado en los tiempos, de acuerdo, pero ese animal en otras manos hubiese lucido mucho más. Lo mató bien y el público decidió que aquello valía dos orejas. Pues bueno, allá ellos.

Entrevistado Talavante al término de la faena va y suelta que lleva todo el invierno preparándose... ¡para mandar en el escalafón! Uno que escucha eso, se imagina que en el sexto va a salir pegando bocados para abrir la del Príncipe. Pero no, toda la fuerza se le fue por la boca y en cuanto salió uno que no era de carretón, como el tercero, tiró las cartas y a otra cosa. A mí sigue sin convencerme este Demóstenes pacense.

El caso opuesto lo vivimos con el Juli. Había cortado una oreja a su primero a base de taparlo mucho, de no quitarle la muleta de la cara, de aprovechar las querencias del toro en el epílogo de la faena y de rematarlo de una estocada. Y se encontró a la plaza embobada con las orejas de Talavante cuando salió el quinto. Julián pegó un puñetazo en la mesa y dijo aquí estoy yo, señores.

Templadísimo con el capote, tanto en el saludo inicial como en los quites -ya había bordado unas chicuelinas en el que abrió plaza- brindó al público. Y ante un toro que no quería juerga se puso muy quieto en el arranque de faena, siguió extrayendo muletazos y terminó por reventarlo con la izquierda. El tramo final de faena se metió entre los pitones y asustó literalmente al toro, hasta el punto que el animal se encogió y no hubo forma de entrar a matar medianamente bien. Y ahí se esfumó el doble trofeo que hubiera hecho justicia al madrileño. Esa fue la diferencia fundamental: uno habló ante el micrófono y otro lo demostró delante del toro.

Y a ver cómo explico lo de el Cid. Imagino que acusó la paliza del Victorino, que estaba mermado físicamente, porque no es normal. Vale que el primero valía poco y lo perdió en la voltereta que se pegó, lo cuál no justifica que lo torease continuamente hacia fuera y despegado. Pero lo del quinto no tiene nombre. Un toro de orejas, al que instrumentó una faena de más a menos pero siempre con la sensación de estar por debajo de su oponente. La estocada fue buena pero no le redime del pecado. Hubo petición pero esta vez el presidente supo frenar la euforia y el Cid se quedó sin trofeo.

jueves, 23 de abril de 2009

El timo y las estampitas

Algo ha tenido que pasar. Para mí que les dieron el cambiazo a la hora de embarcar los toros, como hacen los timadores con los billetes en la famosa estampita. Porque cualquier parecido de lo que salió hoy al ruedo de la Maestranza con un toro de Victorino no es que sea mera coincidencia, es que sería imposible. Mira que el de Galapagar no suele fallar y menos en compromisos de alto voltaje como el de hoy, pero es que válgame el cielo, qué colección. Ni bien presentados, ni bravos, ni leches. Tampoco sería justo cargar las tintas contra un ganadero que nos ha dado momentos inolvidables, pero por otra parte, no se puede ir a Sevilla con eso y menos si te llamas Victorino Martín.

Así que al fallar lo principal, el argumento del mano a mano se fue irremediablemente al carajo. Una lástima, porque la disposición de Morante y Manuel Jesús Cid mereció que al menos uno les embistiera. Abrió plaza el de la Puebla, anticipando lo que sería a la postre el plato fuerte de la tarde: el toreo de capote. Los lances de Morante tuvieron sabor añejo, la rodilla flexionada, bajando las manos y obligando al toro una barbaridad. Con la muleta estuvo desconfiado y sus motivos tenía.

El primero del Cid, otra sardina, tuvo un comportamiento similar. Lo sobó mucho el torero, tratando de meterlo en la muleta, pero entre el viento y las constantes coladas optó por abreviar.
La historia se repitió con el tercero y el petardo ganadero alcanzaba tintes históricos.

Entonces salió el cuarto y la gente se arrancó tímidamente a aplaudir. Normal, si pensamos que tenían en la retina los tres novillotes anteriores. Aquello, definitivamente, era otra cosa y eso que no llegaba a los 500 kilos. Y aquí remontó un pelín la tarde, merced primero a unas verónicas de cine del Cid, con un remate precioso. Siguió llevándolo al caballo con gran suavidad, andándole hacia atrás. No empujó mal el toro al caballo y nos hacía concebir esperanzas. En esas aparece Morante como salido de la nada y le hace un quite marca de la casa con una media verónica de quitar el hipo. Y va el Cid y le da la réplica, breve pero intensa, con dos verónicas y una media sencillamente de escándalo, desmonterándose y rematando con un desplante. Precioso.

La tarde parecía venirse arriba, Curro Robles dejaba dos buenos pares de banderillas y era obligado a saludar. Brindó el Cid al público y nos las prometíamos muy felices. Pronto descubrimos que por la derecha el toro no tenía un pase, así que la faena la planteó el torero sobre la mano izquierda. Y fue algo increíble: el toro queriendo irse y el Cid venga a dar naturales. Sin ligazón, porque el Victorino no lo permitía, pero tuvo la virtud de sujetarlo y hacerle tragar los muletazos. Una de esas prodigiosas demostraciones de técnica de las que no llegan al tendido, pero ahí quedó. La estocada cayó un pelín trasera pero el efecto fue fulminante. Reaccionó el público a última hora y le dedicó una ovación -la única de la tarde- al torero de Salteras.

Y llegó el momento cumbre la tarde. Apareció el quinto y a por él se fue Morante. Podría escribir que le enjaretó una verónica detrás de otra, ganándole terreno y lo remató en los mismos medios, pero quedaría demasiado academicista. Prefiero transcribir literalmente lo que puse en mis notas, que describe mucho mejor lo que pasó:

despatarrado, barbilla baja, ESCANDALOSOOOOOOOOOOOOOO

Cuando remató Morante tenía la carne de gallina y mi hija me preguntó que por qué lloraba. Le contesté que cuando llore viendo lo que acabábamos de ver podrá decir que le gustan los toros. ¡Qué barbaridad, qué manera de manejar el capote, cómo puso la plaza! Es que no encuentro las palabras para describirlo. Hablábamos al principio de estampitas. Pues de cada capotazo de Morante al quinto podíamos hacer una y llevarla en la cartera, porque lo de este tío empieza a ser una religión.

No acabó ahí la cosa. Al salir del primer puyazo volvió a regalarnos Morante unos delantales lentísimos a los que contestó el Cid con idéntico mérito. El comienzo de faena, con ayudados por alto, tuvo tanto de plástico como de innecesario. No creo que fuese lo más apropiado para ese toro, antes al contrario hubiese agradecido más empezar por abajo. Así que acabó de sacar el sentido y a medir al torero. Y aquí es donde Morante tapó la boca a más de uno.

Hubo un parón de escalofrío, una mirada asesina del toro al muslo del torero, y el tío quieto como una columna de mármol. Que me vuelvan a decir que no tiene valor, que es un torero de espejo y bla, bla bla... A punto estuvo en varias ocasiones de echárselo a los lomos pero insistía e insistía, hasta pareció cogerle el aire en una serie por la derecha, pero el toro buscaba continuamente. Le exprimió los pocos naturales que tenía tragando una barbaridad y lo pasaportó de un pinchazo hondo que tumbó al toro. Ese fue el punto flaco de Morante toda la tarde, la espada. Por lo demás, como digo, tapó muchas bocas que desconfiaban de su desenvoltura delante de los Victorinos. No recuerdo que nadie haya toreado con el capote a un toro de esta ganadería como lo hizo en el quinto, así que un respeto.

Puestos a rematar el desastre ganadero, aún quedaba el sexto. No haremos más sangre con la presentación pero el público estalló cuando el toro perdió las manos en el tercio de varas. Yo creo que pidieron la devolución por mero hartazgo, con la esperanza de cualquier sobrero era mejor que todo lo que había salido hasta entonces. Sí, sí.

Hablábamos ayer de la intervención divina evitando percances. Pues, ya que hoy estamos con las estampitas, el Cid debía llevar una colección completa bajo la chaquetilla. Toreando de capote le pegó una voltereta feísima, con el pitón metido en la axila que no caló por el enésimo milagro. Aquello no es que fuera manso, es que era un morucho de muy mal estilo. Con la muleta fue una colada constante, a susto por intento de pase. Un auténtico hijo de puta, con perdón.

viernes, 19 de diciembre de 2008

23 de abril de 2009


Apuntemos esa fecha en mayúsculas, en negrita y subrayada. Ese día podremos disfrutar de uno de los carteles de toros más redondo que hoy en día se puede confeccionar. Según ha anunciado la empresa de Sevilla, ese jueves que ya tengo metido en la cabeza harán el paseillo dos de los tres toreros que ahora mismo más me motivan: Manuel Jesús El Cid y Morante de la Puebla. El tercero en discordia sería Miguel Angel Perera. Un mano a mano espectacular puesto que delante tendrán a los toros de Victorino Martín.

De El Cid no vamos a dudar a estas alturas, pues es todo un experto en el hierro. Pero el hecho de que un tipo como Morante se apunte a este evento dice mucho de él. Puede ser el salto definitivo de torero de minorías a figura importante. No me imagino la que se puede liar si cuaja un toro de Victorino ¡y en Sevilla!

Ya me veo a Jose Valencia haciendo obra de nuevo en el restaurante para instalar un altar...

jueves, 15 de mayo de 2008

Maldita tizona

Aquel Cid se la arrebató al rey Búcar de Marruecos en Valencia, la regaló a los infantes de Carrión y tras la afrenta de Corpe les exigió su devolución. La Tizona, espada mítica de la que se habrán escrito cientos de páginas. El Cid de nuestros días también será recordado por su espada. Por desgracia.

Honradamente, nadie daba un duro por el quinto de El Pilar. Incluso estuvo a punto de ser devuelto a los corrales. Mas héte aquí que el Cid se plantó en los medios, lo citó de lejos y ¡oh, milagro! el toro se vino. A partir de ahí la locura. Un natural detrás de otro, sin probaturas, sin dudas. Y el toro, que decidió sacar todo lo bueno que tenía dentro, colaborando. Y los pases de pecho, eternos, a cámara lenta. El toreo soñado. Y soñando estábamos todos con la Puerta Grande cuando de golpe despertamos. La espada, otra vez, emborronaba una obra de arte de las que no se olvidan. Qué imagen de El Cid, con la muleta en la cabeza. Qué impotencia, qué pena, coño, ¡qué pena!

Ya en el segundo había mostrado el Cid la dimensión de su tauromaquia. Toro que, sin ser malo ni mucho menos, no era fácil de torear. Y el de Salteras estuvo con él tremendo. De nuevo iniciando la faena en los medios, esta vez sobre la mano derecha y rematando, ahora sí, con una estocada. A mi modo de ver debió cortar la oreja pero qué más da, viendo lo que vino después.

La corrida de Moisés Fraile fue de lo mejor que ha salido por los chiqueros de Las Ventas en lo que va de Feria. Excelente de presentación, amén del interesante lote de El Cid hubo toros que merecieron mejor trato. Verbigracia el cuarto, al que Juan Bautista no supo plantear la faena adecuada, a pesar de un prometedor inicio. O el sexto, que en manos de un cada vez más incapaz Talavante no lució lo que hubiese debido.

viernes, 11 de abril de 2008

Del petardo a la mascletá

Es como esas películas malas que tienen segundas partes. Después de tres días de suspensiones ya habíamos olvidado la mansada de Juan Pedro Domecq del lunes, pero quiso el destino que lo de hoy fuese como la continuación de la pesadilla. ¡Válgame Dios con los toros artistas! Hacía mucho que no veía devolver tres toros al corral. Hace falta mucho desahogo para venir a Sevilla dos tardes y superarse. Si lo del lunes fue un petardo, lo de hoy fue una mascletá completa. Al menos los de hoy se taparon un poco más en cuanto a presentación pero lo que es el comportamiento... Con semejante material en el ruedo no es de extrañar que el público maestrante se tomara la cosa a chufla. Daba vergüenza ajena ver a una afición como la sevillana jalear a los cabestros en el sexto toro, dedicarle olés al cabestrero y terminar sacándole los pañuelos al Florito hispalense. No se puede caer más bajo, señor Juan Pedro.

Curro Díaz dejó una soberbia media verónica en su saludo de capote al primero y poco más. El toro, muy mirón, pedía hacerle muy bien las cosas y el jienense no acertó precisamente con las distancias, pese a que en los primeros compases pareció cogerle el sitio en algún buen muletazo. En una de esas, con la muleta constantemente retrasada, el toro lo vio y lo lanzó por los aires. El golpetazo dejó mermado al torero para el resto de la corrida lo que se tradujo inmediatamente en un calvario para matar al toro. En el cuarto, más de lo mismo.

Manuel Jesús El Cid realizó lo más reseñable de la tarde. Le tocó vérselas en primer lugar con un sobrero de La Dehesilla, un toro cinqueño, muy distraido de salida. Miguel Angel Perera entró al turno de quites y firmó unas lucidas gaoneras. También destacó el Boni en banderillas. El toro no era nada claro, el típico manso con casta, pero en manos de El Cid pareció mejor de lo que fue. Labor de mucho mérito del sevillano, comenzando por bajo, con mucha suavidad,sin molestar al toro. Con la muleta en la izquierda, al contrario que Curro Díaz, acertó con la distancia y a base de temple y de no quitársela del hocico, el toro terminó por embestir con cierta largura y fijeza. Cada vez que el animal quería irse del cite allí estaba la muleta de El Cid para impedirlo. Es que no le quedaron más narices que embestir. A la tercera serie, visto que le habían ganado la partida, se rajó definitivamente. Le costó un triunfo cobrar la estocada y la faena se evaporó en el tramo final. Una lástima, porque hubiese habido trofeo. Con el quinto, un jabonero tan bonito de pelo como manso de solemnidad, hizo todo lo que se podía hacer pero el toro no daba más. Aún así, para mí el Cid sale de Sevilla como el número uno, capaz de hacerle faena al toro bueno y de inventársela con el malo.

Eso precisamente fue lo que le faltó a Miguel Angel Perera. Con su primer toro, otro sobrero de José Luis Pereda, no encontró la forma de meter al toro en la muleta. Brindó al público, señal de que confiaba en sus posibilidades, y puso toda la voluntad del mundo pero no fue capaz de corregir los tornillazos y la tendencia a echar la cara arriba del animal. Eso sí, con la espada volvió a funcionar como un cañón. Para cerrar la tarde, le cayó en suerte el tercer sobrero de El Serrano. A esas alturas, la gente estaba loca por irse, e incluso ya hemos dicho al principio que pedía orejas al cabestrero. Como para hacer caso a un toro paradote y manso.

jueves, 3 de abril de 2008

Epopeya en tres actos


Primer acto

Se fue Pepín Liria a la puerta de chiqueros, a recibir al último toro que mataba en la Maestranza. Salió el toro y en el momento que le marcaba el cambio perdió las manos el animal, lo justo para dejar al descubierto al torero. De forma que a Pepín le arrolla el toro como un mercancías y milagrosamente -y cuando lo digo, lo digo en sentido literal- se libra de la cornada por dos veces. Sale entonces la rabia y el pundonor del murciano, que arma el capote y se mete en una pelea con el victorino rematada con torería. Los pelos de punta y también esto es literal.

Brindó el murciano al público y se metió en harina con un toro que venía crudo del caballo. Por la derecha le hizo tragarse los muletazos uno tras otro. Probó entonces con la zurda y el victorino le echó el guante en el primer descuido. Paliza tremenda y de nuevo milagro, gracias entre otras cosas al quite espectacular de un subalterno que se colgó -así como suena, cual forcado lusitano- de los pitones. Se levantó Liria y sin mirarse siguió toreando. ¿Suficiente para declarar la apoteósis? Aún quedaba lo mejor. Estoconazo recetado en los mismos medios que a cualquier otro lo hubiese tumbado sin puntilla. Pero estamos hablando de victorinos. Estampa bellísima del toro en el centro del ruedo, con la boca cerrada, tragándose la muerte y Pepín Liria andando a su alrededor. Quizá fue un minuto, o dos, no lo sé, pero fue de esas cosas que se te quedan grabadas para siempre. Por fin cayó el toro y los tendidos se poblaron de pañuelos. Una oreja de ley y fuerte petición de la segunda. ¿Excesiva? En otras circunstancias, seguro, pero tampoco hubiese desentonado. En cualquier caso, el murciano dio dos vueltas al ruedo que disfrutó al máximo y se llevó el respeto eterno de la afición sevillana. Y el mío, que estamos hablando de uno de los toreros más honrados que yo haya visto.

Segundo acto

Salió Lazarillo por chiqueros y Manuel Jesús Cid lo vio claro. A partir de ahí empezó a funcionar con la precisión de un reloj suizo con un único objetivo: mimar al toro. No se puede usar el capote con menos brusquedad, no se le puede llevar al caballo con más delicadeza, no se puede estar más pendiente de la lidia. Tanto que hasta contagió a su cuadrilla, que hay que ver qué forma de bregar de El Alcalareño en banderillas. Había que seguir haciendo las cosas bien y el Cid brindó el toro a Pepín Liria. Y allá que se fue, a doblarse con él, dejándonos el anticipo de muletazos por bajo rematados con un trincherazo eterno. No hubo más preámbulos ni concesiones, la muleta a la izquierda y dio comienzo el festival de naturales, plenos de suavidad en el toque inicial, de torería en el embarque y de largura en los remates. Así uno tras otro y el toro respondía, pero ¡ay, amigo! a la mínima duda, miradita al canto. Y es que estos son Victorinos: si le haces bien las cosas se entregan pero como te vayas de la faena un momento te la lían. Viene esto al caso porque el toro pareció mucho mejor de lo que fue precisamente por la labor de El Cid, que le tapó los defectos y le exprimió sus virtudes. Todo lo hizo bien el de Salteras menos poner la guinda al pastel. Lo que podría haber sido una faena de dos orejas se quedó en nada por culpa del mal uso de la espada. Pero El Cid sigue siendo, hoy por hoy, el torero que más me motiva ver.

Tercer acto

A Melonito le faltó decisión para pelear en varas pero apuntó maneras. Le faltó decisión para pelear en banderillas pero allí estaba Antonio Ferrera para compensarlo. Que dos pares puso, oigan, dejándose ver completamente, dándole todas las ventajas al toro, acercándose ¡a tres metros andando! No era santo de mi devoción el extremeño pero al césar lo que es del césar.
A estas alturas Melonito debió decidir que era el momento de unirse a la fiesta. Y cuando Ferrera le puso la muleta por la izquierda y lo enganchó estupendamente el victorino respondió humillando como ninguno de sus cinco hermanos. La faena bajó el tono por el lado derecho y nuevamente la espada impidió que hubiese orejas. Y aquí es donde la presidenta se columpió. Me recordó a esos árbitros de fútbol malos, que pitan un penalty que no es para compensar una equivocación anterior. La bronca del respetable por no conceder la segunda oreja a Liria le remordió la conciencia y otorgó la vuelta al ruedo al toro. Que fue bueno, sí, pero no para tanto.

Epílogo

Verdecito, Milonguero, Lazarillo, Gallareto, Melonito y Paquito. Cada uno con sus características, unos mejor, otros peor, todos tuvieron el denominador común de la emoción y la casta. Todos murieron con la boca cerrada y todos hicieron que cobrara importancia lo que hicieron los tres torerazos que se pusieron delante. Así que GRACIAS, don Victorino Martín por criarlos.