miércoles, 14 de mayo de 2008

El tuerto en el país de los ciegos



La tarde iba muy cuesta abajo. Los toros de Jose Luis Pereda y La Dehesilla, sin alardes. Los toreros, mal. Se anunciaba un cartel de matadores banderilleros y lo cierto es que el segundo tercio pasaba sin pena ni gloria. Esplá y Encabo habían pegado sendos petardos con los dos mejores animales, demostrando que están pasados como un yogur caducado.

Y en medio de ese erial salió el sexto. que sin ser bueno se dejó. Pero sobre todo tuvo enfrente al único torero con ganas, que lo toreó con vibración de capote, lo banderilleó por fin como se espera de ellos y le planteó una faena de muleta valiente, dándole distancia y templándolo y lo tumbó de una estocada. Cualquier otra tarde vete tú a saber pero hoy Antonio Ferrera cortó una oreja, podríamos decir por contraste con la abulia de sus compañeros. O por vergüenza torera.

martes, 13 de mayo de 2008

Diego Urdiales se reivindica


Uno entró en el cartel por la puerta de atrás, sustituyendo a Serafín Marín. El otro parece que tiene carta blanca para estar en las ferias sin más credencial que el apellido paterno. El uno dio una lección a pesar de lo poco que torea. El otro da igual que haga el paseillo diez o cien tardes, de donde no hay no se puede sacar.













Diego Urdiales a la izquierda y el niño del Niño a la derecha. O la diferencia entre el toreo y la trampa.

El primero de Carmen Segovia no parecía gran cosa pero llegó a la muleta y cambió a bueno. Y allí estaba un torero que necesitaba jugárse la temporada -o su carrera- a una carta. Y se la jugó. Lo debió ver claro Diego Urdiales, que brindó al público y manejó la muleta con la facilidad del que tiene cincuenta contratos en el bolsillo. Mejor por la derecha -pitón de escándalo- que al natural. Se empeñó en torearlo por la izquierda y ahí la faena bajó el tono, amén de prolongarla innecesariamente. Era un toro de dos orejas aunque la cosa se quedó en nada porque lo pinchó dos veces. Pero dejó al público predispuesto para el cuarto.

Y la suerte estaba de su parte porque lo que salió por chiqueros era un cinqueño de 650 kilos con pinta de cualquier cosa menos de embestir. Pero hay días que el destino te tiene preparada una sorpresa y mira tú por donde que el toro sirvió. Sin ser tan claro como el primero pero Urdiales supo darle el inicio de faena adecuado y el animal rompió a bueno. También en éste el pitón fue el derecho, por donde surgieron pases hondos y templadísimos. Toreo del bueno, del que pone la plaza boca abajo. Esta vez no se podía fallar y el riojano lo tumbó de un estoconazo que dio paso a una oreja de muchos kilates. Lástima de Puerta Grande sólo entreabierta.

Si el lote de Urdiales fue el bueno, el de Fernando Cruz fue para llorar. Añádase el desastre de lidia de su cuadrilla, que empeoró las de por sí nulas condiciones de sus enemigos. Si malo fue el segundo, lo del quinto fue para llorar. Anduvo como pudo con él y al menos lo mató de una buena estocada, después de un auténtico festival de pinchazos y descabellos en el anterior.

Y en medio de todo, el Capea y su incapacidad para esta profesión, sin conocimiento alguno de los terrenos y abusando de las ventajas. El tercero, sin ser gran cosa, tenía su lidia, pero no se le pueden pedir peras al olmo. Digamos que en otras manos el toro hubiese servido. Al menos vimos parear con calidad a El Ruso, que como en Sevilla, saludó montera en mano. Pero lo que fue de juzgado de guardia fue lo del sexto, otro bicharraco que pasó de los 600 kilos. Urdiales se lo enseñó en un quite pero Capea estaba en las musarañas. Pedía el toro distancia y el torero se puso encimista. Y claro, lo aburrió. Lo mismo que el niño del Niño al público.

Sólo falta que aburra de una vez a los empresarios.

lunes, 12 de mayo de 2008

Verdad y mentira


Parece mentira que el mismo público que pidió la oreja para Miguel Tendero le hubiese regalado otra a un tal Rubén Pinar. Increible que los mismos que jalearon los muletazos hondos de Tendero se volviesen locos un rato antes con los trapazos de pierna retrasada y el pico de la muleta del tal Pinar. Salvo que éste fletase diez autobuses de partidarios y los infiltrara en los tendidos de las Ventas, no lo entiendo. Pero verás como toman la alternativa y el que funciona es el tal Pinar: torero ideal para ferias de medio pelo, donde el caso es cortar orejas a base de mantazos y estocadas a la primera. Porque eso sí lo hizo bien el tal Pinar. Y en medio, un espejismo de torero con nombre de niño de serie de televisión. Al parecer, a José Ramón García, Chechu le sigue pasando factura la cornada de Ávila y ni más ni menos que pretende tomar la alternativa en Segovia el mes que viene. Allá él si quiere que su carrera sea breve.

La novillada de Montealto tuvo chispa y movilidad. En general fueron de menos a más, sin destacar en el caballo pero llegando a la muleta con nobleza. El tal Pinar cortó una oreja al segundo después de que en Las Ventas se produjese un extraño fenómeno de transfiguración. Porque aquello parecía una plaza de pueblo, en el peor de los sentidos, aplaudiendo lo que apuntamos al principio: muletazos descargando la suerte, con el novillero haciendo el arco y el toro saliendo por la otra punta. Justo es decir que todo ello estuvo recubierto con el barniz de la aparente facilidad pero no quita para que mereciese una buena dosis de pitos en lugar del premio de la oreja. Sólo justificada remotamente por la estocada.

La sensatez pareció volver a los tendidos en el quinto, cuando el tal Pinar desplegó de nuevo su repertorio de trampas y ahora sí, un sector del público (adivinen cuál) le afeó el gesto. Y digo que pareció porque de nuevo rozamos la tragedia cuando le pidieron la oreja. Afortunadamente el presidente estuvo en su sitio.

Frente a la mediocridad del tal Pinar descubrimos la calidad de Miguel Tendero. Comparten los novilleros origen -ambos albaceteños- pero les distinguen conceptos opuestos del toreo: los que van de la verdad a la mentira. Y es que la oreja que cortó al sexto fue eso, de verdad. Ya en el tercero había dejado muestras de su calidad pero donde dio idea de su dimensión fue en el último de la tarde. Desde el saludo de capote a pies juntos y dos medias torerísimas, hasta el templado y hondo toreo en redondo, pasando por naturales larguísimos y a cámara lenta. Por no hablar del principio de faena, doblándose con él de manera magistral. Fue el mejor novillo pero tuvimos la suerte de que se encontrara al mejor novillero. Lo mató de un estoconazo y nos dejó con ganas de volver a verle.

Que es lo mejor que le puede pasar al que quiere funcionar en esto.

domingo, 11 de mayo de 2008

La bravura la puso Joselillo


A mí que me lo expliquen. Todos los años lo mismo y todos los años vuelven los toros de Dolores Aguirre a anunciarse en los carteles. Cuando nos sentamos a ver la corrida ya presentíamos lo que iba a suceder. Y sucedió. Toros enormes, toros gigantes, cuyo tamaño fue inversamente proporcional a su bravura. Y llegará Bilbao y estarán en los carteles. Y llegará San Isidro del año que viene y otra vez nos los tendremos que tragar. En fin.

En medio de semejante panorama, va José Miguel Pérez y confirma la alternativa. La situación ideal para uno que empieza y anda ayuno de contratos, vamos. Mas hete aquí que el pucelano suplió sus carencias con una extraordinaria dosis de voluntad y valor, a partes iguales. El regalito que le correspondió en suerte fue un toraco de 600 kilos con todo lo que un manso reúne. Joselillo, que así se anuncia el torero, se puso a torearlo de capote como si delante tuviese un toro de premio. Y lo mismo con la muleta. Se ponía el torero en el sitio y el toro le quería quitar. Intentaba el torero dominar la situación y el toro era el amo del cotarro. Inasequible al desaliento el torero hasta que en una de esas el toro se lo echó a los lomos. Milagrosamente lo encunó con la pala del pitón y la cosa quedó en el susto y un buen costalazo. A cambio Joselillo lo mató de una estocada cobrada con rectitud y, sobre todo, mucha fe.

Habíamos quedado con ganas de más y nos saciamos en el sexto, otro elemento de 620 kilos, quizá el menos malo de la tarde. El inicio de faena fue trágico. Pase cambiado por la espalda, a cara o cruz. O pasaba o a la enfermería. Y pasó. A partir de ahí todo fue ir pudiendo al toro e ir metiéndolo en la muleta. Siempre en un constante suspiro pues el animal se acordaba de lo que dejaba detrás y buscaba. Pero ahí estaba Joselillo, sin dudarle, exponiendo y jugándosela en cada muletazo. Hasta que pasó lo que nadie esperaba: que el toro se entregó y la faena culminó con una serie de categoría. Otra estocada al estilo de la primera y una oreja de esas que saben a gloria. Torero a seguir este Joselillo.

Fernando Robleño y Sergio Aguilar ni tuvieron el lote ni tuvieron su tarde.

sábado, 10 de mayo de 2008

Trenes que pasan


Dicen que van a Madrid en busca del pelotazo que los ponga de nuevo en candelero. Pero llega el momento, el tren pasa y no lo cogen. Y el tren en esta ocasión fue una sorprendente corrida de Peñajara, que echó toros de orejas pero les pasó como al Cid Campeador: qué buen vasallo si hubiese buen señor.

Manolo Sánchez se encontró de salida a un precioso sardo que lo tuvo todo para hacerle triunfar. Ya dejó ver sus virtudes en el primer tercio pero fue al llegar a la muleta donde sacó de verdad su calidad. Y eso a pesar de la falta de fuerzas. El diestro pucelano tuvo una virtud, el temple, y un enorme defecto: anduvo despegadísimo con él. Y claro, el toro con el hocico por el suelo y repitiendo, pedía otra cosa que aliviarse. Solamente en el tramo final de la faena hubo algún natural que se acercó a lo exigible con ese toro. Prueba del despiste que arrastra el torero fue que se tiró a matar en la suerte contraria, donde menos le iba a ayudar el animal. Lógicamente, pinchó. Cuando probó en la suerte natural dejó una estocada entera pero caida. El público supo ver las virtudes del toro, que fue ovacionado en el arrastre. Al cuarto, sin ser tan bueno como sus hermanos, lo aburrió Manolo Sánchez a base de muletazos tan rematados hacia fuera que alguno casi lo termina en la plaza de Manuel Becerra.

Eugenio de Mora anduvo aún mas perdido. Cualquiera de sus dos toros tuvo la movilidad suficiente para hacerles faena pero el toledano no fue capaz de plantarles cara en los terrenos que pedían. Como las desgracias nunca vienen solas, nos obsequió con un mítin en el descabello al primero de su lote.

De Antonio Barrera podemos decir muchas cosas y ahora las diremos, pero lo cierto es que fue al único de los tres que se le vieron las ganas y el hambre de triunfo. Al tercero de la tarde le enjaretó tres pases cambiados por la espalda que pusieron la emoción en el tendido. Luego quiso ponerse a torear pero erró la distancia y terminó ahogando la embestida del toro. El de Barrera es un problema inverso al de sus dos compañeros de terna: quiere pero no puede.

Con el sexto, junto con el primero el mejor de la corrida con diferencia, estuvo bullanguero en el saludo de capote. En la muleta, que el toro se quería comer sobre todo por el pitón derecho, volvió a cometer el error de citarlo en corto, pese a un prometedor inicio de faena con el torero en los medios y el toro arrancándose desde la raya. Toro de triunfo grande que debió marcharse sin las orejas. Barrera se consoló dando una vuelta al ruedo por su cuenta y tuvo el desahogo de criticar al presidente por no concederle una oreja.

Lo dicho: qué buen vasallo si hubiese buen señor...

viernes, 9 de mayo de 2008

"Ibán" dos


Esperaba mucho más de la corrida de Baltasar Ibán, hierro al que hace años le vi grandes toros en Salamanca y Madrid. Ni me gustó la presentación ni el comportamiento. Pero tampoco es cuestión de echar toda la culpa a los toros. Dos de los tres que se ponían delante estuvieron francamente desbordados por la situación. Veamos.

Se reivindicó en la Maestranza y volvió a hacerlo en Madrid: El Fundi estuvo toda la tarde tremendo. Su primero se hinchó a escarbar y para mí que acusó el trompazo que se dio tras enterrar un pitón en la arena. Fundi se metió con él y le sacó los pases con sacacorchos. Lo mejor, como en Sevila, el estoconazo que le arreó.

Al cuarto lo saludó de capote templadísimo, dejando una media verónica de lujo en el remate. Empujó con clase el toro en el caballo pero le dieron de más a mi entender. A la salida del puyazo se pegó otra voltereta y aún le dieron otro puyazo. Excesivo castigo aunque se recuperó en banderillas, donde Fundi cuajó un tercio aseado. Parecía toro de faena pero apareció el viento, que no dejó al torero poner la muleta en condiciones en ningún momento. Ello unido a la falta de fuerzas del toro hizo que al final quedase en nada lo que iba para mucho. El madrileño se empeñó en alargar la faena innecesariamente pero se hizo perdonar con otra gran estocada.

Domingo López Chaves necesita urgentemente pararse y pensar. El que le hemos visto desde que era novillero no damos crédito. Un torero que veía los toros a la primera y arrancaba orejas a base de valor y técnica se ha quedado en la mitad. No ha perdido el valor pero le cuesta un mundo dar con la clave de la faena. No era un toro claro su primero, pero mostró cierta alegría en el capote. No era un toro de premio, pero tuvo su genio ante el caballo. Y no fue un toro de oreja... O sí, siempre que el planteamiento inicial de faena hubiese sido otro. Lejos de corregir los defectos, Chaves se los acentuó y a partir de ahí ya no hubo nada que hacer.

Casi peor fue lo del quinto, un sobrero de Navalrosal cinqueño y mucho más claro que el primero de su lote. Eso sí, imponía respeto el toro y pedía hacerle las cosas bien. El Chaves de otros días le hubiera formado un taco pero Mingo está inmerso en un bache y le faltó confianza para meterse con él

César Jiménez pecó de lo mismo. El tercero de la tarde tenía el defecto de embestir punteando la muleta y el madrileño no supo corregirlo. En el sexto, un toro que fue de menos a más para terminar embistiendo con ambición, se mostró dubitativo, sin acertar con la distancia ni aprovechar las cualidades del toro.

jueves, 8 de mayo de 2008

La primera en la frente


Le está bien empleado al ganadero. Cuando uno le pone de nombre a un toro Enfermo se merece que le salga una corrida como la que echó el propietario de Martelilla para inaugurar la Feria de San Isidro 2008. Los que no lo merecimos fuimos el público ni los toreros. Válgame el Señor, que colección de inválidos y desrazados...

Con semejante material no sería justo cargar las tintas contra los toreros. Antón Cortés abrió plaza y Feria con el mentado Enfermo y poco pudo hacer ante un astado que se pasó la mayor parte de la faena por los suelos. Con el cuarto, quizá el único medio potable dejó detalles con el capote, aunque con la muleta no acertó a plantear la faena adecuada y terminó recibiendo un dramático varetazo, afortunadamente sin mayores consecuencias.

Eduardo Gallo no tuvo ninguna opción en su lote. Imposible juzgarle salvo para reconocer el mérito de la estocada al quinto.

Ambel Posada se las vio con el tercero bis, otro regalo del hierro de Albarreal que pegó arreones de manso en el caballo, derribando por dos veces, y terminó hecho un marmolillo en la muleta. En el sexto dejó destellos pero sin llegar al público, que a esas alturas no estaba ya para muchos esfuerzos.

Y mientras en Nimes se lo deben haber pasado pipa con Sebastian Castella, que cortó cuatro orejas y rabo...