martes 17 de noviembre de 2009

Dudas alakranas


Bien, ya está. Los marineros, afortunadamente libres, ya navegan al encuentro de sus familias. Parece entonces que podemos abandonar la prudencia que exigía recientemente Rodríguez y expresarnos con libertad. Y surgen las preguntas.

¿Hay diseñado un plan para ir a por los piratas o nuestro ejército va a seguir haciendo labores de ONG? ¿Qué partida del Concierto Vasco será destinada a sufragar el gasto (ya que colgamos la ikurriña lo suyo es pagar la ronda, las chulerías o se tienen hasta el final o no se tienen)?¿Hay previsto ya qué impuesto vamos a subir para comenzar a recaudar para el próximo rescate? ¿Alguien en el PP será capaz de articular una crítica o seguirán poniendo la otra mejilla cuando a ellos les monten el pollo antes, durante y después de cualquier Perejil?

Hale, ya podéis llamarme demagogo, facha y demás calificativos al uso.

domingo 23 de agosto de 2009

Gigante Urdiales

Lo que salió por chiqueros para cerrar la feria no era normal. Pedazo de toro, alto, grande, enorme, desproporcionado. Pero el gigante en realidad no fue el toro sino el torero que se puso delante. Me gusta el concepto de toreo de este Diego Urdiales, que para empezar tiene valor para dar y tomar. De otra forma no se concibe que trague lo que tragó, que la cornada le rondara varias veces y ni se inmutase. Pero es que además los quiere torear bien, sin importarle que sea bueno o malo.

Y no era el toro para florituras pero a él le dio igual, se fajó con él y terminó por meterlo en la muleta. Y para postre se tiró a matar como un león entre esos escalofriantes pitones y se cobró una estocada de muchísimo mérito. Así que la oreja que paseó probablemente sea la de más peso de toda la feria. Pobre Semana Grande, por cierto.

Del resto de la corrida de Victorino poco que decir, salvo que el único potable cayó en manos de Juan José Padilla. Y claro, nada de nada. Tiene un problema este hombre y es que cuando le sacas del guión anda como un pulpo en un garaje. Lo del barullo en banderillas y andar valentón con toros mediocres lo domina pero en cuanto hay que ponerse a torear de verdad la jodimos.

José Luis Moreno entró en el cartel sustituyendo a El Fundi y no desentonó. Sobre todo en su primero, al que toreó bien de capote. Con la muleta le faltó continuidad aunque dejó pases de mérito fundamentalmente con la mano izquierda.

jueves 20 de agosto de 2009

Morante detiene el tiempo

No engaña a nadie, al menos a los que le seguimos con devoción. El segundo toro no valía un duro y Morante no se paró en florituras, a por la espada y a otra cosa, mariposa. Y la bronca fue de órdago, exagerada a mi parecer. Quizá el castigo en el caballo fuese excesivo y eso encendiera al público, pero no creo que hubiese que montar semejante follón. Morante, que no engaña a nadie, insisto, aguantó el chaparrón y se fumó un puro, literalmente. Esa liturgia del habano entre toro y toro surte efecto y de qué manera.

Salió el quinto, con mucho mejor fondo, y el ruedo de Vistalegre cambió el habitual gris por una sinfonía de colores en los vuelos del capote de Morante. Y los pitos se tornaron oles en su mayoría, salvo una hooligan de Ponce se que pasó toda la faena berreando en lugar de disfrutar del mejor toreo de la tarde. O del único. Porque la faena de muleta de Morante, de más a menos, bien es verdad, tuvo momentos mágicos, con pases que parecían a cámara lenta, pasándose el toro bien cerquita, embraguetándose con él y perfumando el ruedo con los aromas de torero antiguo a los que nos tiene acostumbrados el de la Puebla. Falló a espadas y perdió una oreja que, creo, le hubiesen pedido con fuerza. Salvo la borrega poncista, claro, que más le valdría analizar las fotos y ver cómo se pasan el toro el uno y el otro.

Hablemos de Ponce. En el primero no estuvo ni bien ni mal, que casi es lo peor. Pegó muletazos a diestro y siniestro pero sin decir nada, para afuera, aliviándose, ventajista... En Ponce, vaya. Y con el cuarto más de lo mismo. Ya lo he dicho alguna vez, que me parece una versión corregida de Espartaco, idénticas trampas pero mucho más plástico, que dicen ahora. Me gusta el Ponce del miércoles, que se inventa un toro tirando de recursos pero me aburre el Ponce que emplea sistemáticamente esos recursos con el bueno, el regular y el malo. Eso sí, Bilbao le quiere y eso se nota. Por cierto, que tiene un problema serio con la espada, cuatro toros en esta feria y a los cuatro los ha pinchado. Y por cierto, en los cuatro ha escuchado aviso, con esa manía suya de hacer faenas de 80 muletazos.

Y el que no levanta cabeza, y bien que lo siento, es el Cid. Incapaz de sujetar el genio del tercero, que se movió y de qué manera. En otro tiempo a ese toro le hubiese hecho una faena de las de recordar pero anda el de Salteras con el sitio perdido y le desbordó la casta del toro. Mejoró algo con el sexto, un precioso ejemplar de mi admirado José Miguel Arroyo, Joselito, que debutaba como ganadero en Bilbao y dejó buenas sensaciones. La corrida en general, sin ser de escándalo tuvo su interés para el aficionado. Ese sexto anunciaba fatigas a la hora de la estocada por sus tremendos pitones y así fue. Salió trompicado el Cid y la espada cayó malamente, haciendo guardia.

lunes 27 de julio de 2009

Leyendas urbanas

El fin de semana en el pueblo ha sido una desconexión total. Ni el móvil tiene cobertura, ni hay acceso a internet, la tranquilidad es total y la situación es ideal para dedicarse a la lectura. Y en la maleta iba la última criatura de un tal Tomás Hijo, al que tengo el gusto de conocer y con el que he tenido el placer de trabajar y compartir muy buenos ratos en nuestra etapa universitaria: El libro negro de las leyendas urbanas, los bulos y los rumores maliciosos.

La cosa va de esas historias que muchas veces hemos oido y te queda la duda de si serán verdad o mentira. Muchas las conocía pero también muchas me han resultado sorprendentes. Aclaro que no llevo comisión (salvo unas cañas que me ha prometido el autor por otro tema) pero el libro se lee solito y te saca más de una sonrisa.

Así que ahora que se acercan las vacaciones para muchos aquí queda la recomendación del día, que no todo van a ser Los hombres con cerillas en corrientes de aire con chicas que amaban a la reina de las gasolinas, o memez análoga.

domingo 12 de julio de 2009

Rafaelillo fue don Rafael

Pudo hacer historia Rafaelillo pero cuando lo tenía en la mano, la espada emborronó una obra llamada a figurar en la historia de estos sanfermines. Faena muy importante a un toro muy importante, ese quinto de Miura. Faena muy de Pamplona, con ese inicio de rodillas pero llevándolo perfectamente toreado. Luego llegaron series muy de verdad con la derecha, bajando mucho la mano y templando la embestida, excelente embestida, del toro de Zahariche. De modo que Rafaelillo, que ya había estado hecho un tío en el segundo, se transformó en don Rafael. Porque el toro fue bueno, sí, pero había que estar delante y ahí quería yo ver a más de una presunta figura. Tenía la puerta grande entreabierta pero no pudo ser. Se tiró a matar con toda la fe del mundo pero la espada cayó baja. Tanto como para dejar cojo al toro y tener que descabellarlo sin más. Penosa estampa final para una obra bellísima.

El resto de la corrida de Miura se saldó con cuatro silencios. Juan José Padilla recogió el favor de las peñas al final del paseillo y se lo devolvió con su repertorio: largas cambiadas y exhibición atlética en banderillas. Tampoco su lote dio para más.

Ermitaño había sido el protagonista del encierro y quiso volver a serlo en la plaza. Le correspondió su lidia a Jesús Millán y a punto estuvo de llevárselo por delante en los primeros capotazos. A partir de ahí fue un pulso constante entre el toro queriendo coger a todo lo que se ponía delante y el torero y subalternos escapando de él. Tampoco tuvo suerte el diestro maño con el sexto, otra mala bestia que no tuvo un pase.

sábado 11 de julio de 2009

Joselillo roza la gloria

Un inciso antes de comentar la corrida y perdón por el exabrupto: iros a tomar por culo. Me refiero a esa caterva de pseudoperiodistas que en todo el año no prestan atención a la fiesta de los toros salvo que haya cogidas, cuanto más sangrientas mejor. Iros a la mierda, con La Noria de Telecinco abriendo el cortejo. Que asquito dais, recreandoos en la muerte de Daniel y abriendo debates tan demagógicos como inoportunos.

A lo nuestro. Arrancaba el paseillo y le comentaba a Olga mi mosqueo con la ganadería. No recuerdo la frase exacta pero el resumen es que no daba un duro por lo de Dolores Aguirre. Y metí la pata hasta el corvejón. ¡Qué corrida, señores! La presentación, como se esperaba, tremenda. Pero donde me dio en toda la boca la ganadera fue en el comportamiento. Con genio, con su puntito de mansedumbre pero de esa que rompe a bueno. Y sobre todo ese sexto toro, una máquina de embestir. Pero vayamos por partes.

Serafín Marín necesita una profunda reflexión sobre su futuro en esta profesión. Vale que ha toreado muy poco esta temporada pero no se puede estar con esa abulia delante de los toros. Vale también que tuvo el peor lote pero no es excusa. El que abrió plaza nos hizo concebir esperanzas en un primer puyazo larguísimo y en buen sitio a cargo de Manuel Molina. Pero en el segundo cantó la gallina. Y no digamos en banderillas donde cortó una barbaridad con susto incluido en el tercer par. Aun así brindó al público el torero catalán y el caso es que el toro no tenía mal son, sobre todo por el izquierdo. Pero las dudas de Marín hicieron que se acabara pronto lo poquito que tenía. Con el cuarto, al que masacraron en varas, no supo por dónde meterle mano. Un toro muy soso pero sin comerse a nadie con el que evidenció el torero su tremendo bache.

Todo lo contrario ocurrió con David Mora. Su tarjeta de presentación fue irse a la puerta de chiqueros a recibir a su primer toro. Ya sabéis que no me gusta nada esa suerte, no guarda proporción el riesgo con el resultado artístico, pero en estamos en Pamplona y aquí quizá se valore más eso que un buen natural. El caso es que se hincó de rodillas Mora, salió el toro como un mercancías y de milagro no le empitonó. Pero hablamos de un señor toro, largo, hecho, con cuajo. Y si con los pitones no pudo, lo arrolló con los cuartos traseros. Un golpe seco en la cara, como un derechazo de un peso pesado a uno mosca, que dejó completamente grogui al torero.

Ya de pie, recuperado a medias, lo lanceó con gusto a la verónica en un bonito quite. Con la muleta planteó una faena de más a menos. Comenzó sentado en el estribo y toreando con mucho gusto por la derecha. Tan a gusto estuvo que tardó una barbaridad en coger la zurda, tanto como para pasarse de faena y provocar la voltereta. Para colmo la espada cayó muy baja con lo que se esfumó el posible trofeo.

Con el quinto volvió a demostrar que torea de capote como el mejor. Lástima que en el último tercio el toro se le terminase muy pronto porque mientras duró dejó embestidas de lujo. Eso sí, con una tendencia constante a irse y el mérito de Mora estuvo en sujetarlo y sacarle lo poquito que tenía. El público, un pelín frío durante la faena, le dedicó una ovación.

El hombre del día, por diversos motivos, fue Joselillo. Por cómo estuvo, por el lote que sorteó, por cómo llegó al público... El tercero fue un pedazo de toro en todos los sentidos. De esos que descubren las verguenzas del que se pone delante como dude lo más mínimo. Un toro que no se cansó de embestir nunca, que no paró en ningún momento de buscar la muleta. Y qué bien se la puso Joselillo. Sin molestarlo nunca y dándole mucha distancia siempre. La estocada cayó algo baja pero el efecto fue fulminante y cortó una oreja.

Media Puerta Grande abierta y le tocó vérselas con el sexto. El mejor toro de la tarde y posiblemente de la Feria. Y otra vez lo entendió de maravilla el vallisoletano. Si fue bueno por la derecha, por la izquierda directamente de escándalo. Tanto que en el último tramo de la faena se confió el diestro y llegó la voltereta. Caida feísima, quedando a merced del toro que lo pateó una y otra vez y le dio una paliza tremenda. Se rehizo el torero y firmó unos pases de adorno de esos que calientan al público pamplonica. Se barruntaban las dos orejas pero quedaba matar al toro. Y ahí acusó Joselillo la paliza. Pinchazo tras pinchazo, como si se hubiese quedado sin resuello -luego supimos que tenías dos costillas rotas- no fue capaz de enterrar la espada. El posterior sainete con el descabello, al borde de los tres avisos, disipó toda posibilidad de premio.

viernes 10 de julio de 2009

El triunfo de la mediocridad

Ya he leido hoy de todo a propósito de la muerte de Daniel Jimeno. Mayormente sandeces por parte del sector antitaurino, que habla de lo que no conoce. Daniel sabía a lo que se exponía, como todo el que alguna vez hemos corrido un encierro, como lo saben todos los toreros que se ponen delante. No sé a qué viene entonces el despliegue de golpes de pecho y de gilipolleces. Si a Daniel le hubiesen preguntado cómo prefería morir, si haciendo lo que le gustaba o en un accidente de coche volviendo de Pamplona a su Alcalá de Henares no tengo dudas de cuál hubiese sido su respuesta. Me vino a la cabeza una escena de la mejor serie que se ha rodado en España. Juncal va a visitar a su hija a la bodega donde trabaja y ésta le reprocha el que quiera quitar a su hermano de los toros. Habla del riesgo del torero y dice: esa muerte tiene que ser hermosa, señor Juncal, y usted se la quiere cambiar a Manolo por una puta angina de pecho. Pues eso.

La tragedia de la mañana marcó el inicio de la corrida. Impresionante el paseillo, con un minuto de silencio sólo roto por la música, precisamente El Silencio. Soprendente la reacción del público a la salida de Capuchino. Y emocionante Fandi brindando el toro al cielo. A partir de ahí, el granadino cortó una oreja gracias a la bullanguería habitual en banderillas y a una faena de muleta a favor del ambiente. Gran pitón izquierdo, por cierto. El cuarto pasó sin pena ni gloria, entre que el público estaba pendiente de la merienda y que el toro salió muy soso.

El lote bueno de la corrida de Jandilla se lo llevó Rubén Pinar. Cortó sendas orejas en dos faenas marca de la casa, esto es, haciendo el arco, sacando el culo, toreando con el pico y vaciando la embestida en la plaza del Castillo. Eso sí, al tercero lo mató de lujo, las cosas como son. Así que abrió la primera Puerta Grande de la feria para los toreros de a pie, pues Pablo Hermoso de Mendoza ya hizo lo propio el lunes. A mí, qué queréis que os diga, sigue sin gustarme este muchacho, pero ya anuncié hace más de un año que iba a funcionar, muy a pesar mío. Por cierto, que se llevó un buen susto al entrar a un quite. El toro se lo echó a los lomos y milagrosamente no hizo por él en el suelo.

Los mejores muletazos de la tarde, sin cortar orejas, los dio Matías Tejela en el quinto. Pero fueron eso mismo, muletazos sueltos, sin terminar de construir una faena consistente. Quizá si no le hubiesen sacudido tanto en el caballo el toro hubiese colaborado más. Lo enmendó a la hora de matar -soberbia la estocada- y calentó la petición del público, que se quedó en eso. Poco más o menos le ocurrió con el primero de su lote, el comienzo fue prometedor pero la cosa se fue apagando.