domingo, 13 de abril de 2008

Lo mejor de la Feria


Dieciseis tardes al pie del cañón y nos vamos a perder la diecisiete. Mi hija pequeña se ha empeñado en venir al mundo antes de que termine la Feria y no he podido ver la de Miura completa como para hilvanar una crónica.

A grandes rasgos, Javier Valverde arrancó una oreja, Fundi dejó de nuevo retazos de su madurez y Juan José Padilla recetó las mejores estocadas de la tarde. Los toros, un desastre. Dos fueron devueltos y el resto, sobreros incluidos, fueron un triste broche a una Feria de altibajos.

Nos vemos en San Isidro.

sábado, 12 de abril de 2008

Tarde de fracasos

El Cordobés apareció en Sevilla como un pulpo en un garaje. Como si estuviese toreando en una plaza de tercera, empezó de rodillas, siguió brindando al publico. continuó con su numerito habitual, y terminó desarmado y parando el toro a topetazos. Al cuarto se empeñó en torearlo en una distancia muy corta, con lo que ahogó la poquita embestida del toro. Primer fracaso.

Rivera Ordóñez es muy guapo y anuncia gulas, relojes y todoterrenos. Eso es todo lo que se puede decir de él. Eso y que tuvo en sus manos un toro de orejas, el quinto, y se lo dejó escapar sin remedio. Segundo fracaso.

El Fandi se lo pasa pipa en la plaza y su diversión es directamente proporcional a la velocidad con la que hace las cosas. O sea, que cuanto mejor, peor. Le arreó una larga cambiada en el tercio al primero y luego dio un recital de pasito atrás para acabar con el remate más violento de la feria. Luego le dio por las chicuelinas al paso que parecía que el realizador le había dado al forward del video, de acelerado que estuvo. En banderillas nos obsequió con un concurso de recortes y con la muleta, ¡ay el mítin que dio con la muleta! Tercer fracaso.

Los toros de Torrestrella, antaño capricho de figuras, han quedado para esto. Cuarto fracaso.

viernes, 11 de abril de 2008

Del petardo a la mascletá

Es como esas películas malas que tienen segundas partes. Después de tres días de suspensiones ya habíamos olvidado la mansada de Juan Pedro Domecq del lunes, pero quiso el destino que lo de hoy fuese como la continuación de la pesadilla. ¡Válgame Dios con los toros artistas! Hacía mucho que no veía devolver tres toros al corral. Hace falta mucho desahogo para venir a Sevilla dos tardes y superarse. Si lo del lunes fue un petardo, lo de hoy fue una mascletá completa. Al menos los de hoy se taparon un poco más en cuanto a presentación pero lo que es el comportamiento... Con semejante material en el ruedo no es de extrañar que el público maestrante se tomara la cosa a chufla. Daba vergüenza ajena ver a una afición como la sevillana jalear a los cabestros en el sexto toro, dedicarle olés al cabestrero y terminar sacándole los pañuelos al Florito hispalense. No se puede caer más bajo, señor Juan Pedro.

Curro Díaz dejó una soberbia media verónica en su saludo de capote al primero y poco más. El toro, muy mirón, pedía hacerle muy bien las cosas y el jienense no acertó precisamente con las distancias, pese a que en los primeros compases pareció cogerle el sitio en algún buen muletazo. En una de esas, con la muleta constantemente retrasada, el toro lo vio y lo lanzó por los aires. El golpetazo dejó mermado al torero para el resto de la corrida lo que se tradujo inmediatamente en un calvario para matar al toro. En el cuarto, más de lo mismo.

Manuel Jesús El Cid realizó lo más reseñable de la tarde. Le tocó vérselas en primer lugar con un sobrero de La Dehesilla, un toro cinqueño, muy distraido de salida. Miguel Angel Perera entró al turno de quites y firmó unas lucidas gaoneras. También destacó el Boni en banderillas. El toro no era nada claro, el típico manso con casta, pero en manos de El Cid pareció mejor de lo que fue. Labor de mucho mérito del sevillano, comenzando por bajo, con mucha suavidad,sin molestar al toro. Con la muleta en la izquierda, al contrario que Curro Díaz, acertó con la distancia y a base de temple y de no quitársela del hocico, el toro terminó por embestir con cierta largura y fijeza. Cada vez que el animal quería irse del cite allí estaba la muleta de El Cid para impedirlo. Es que no le quedaron más narices que embestir. A la tercera serie, visto que le habían ganado la partida, se rajó definitivamente. Le costó un triunfo cobrar la estocada y la faena se evaporó en el tramo final. Una lástima, porque hubiese habido trofeo. Con el quinto, un jabonero tan bonito de pelo como manso de solemnidad, hizo todo lo que se podía hacer pero el toro no daba más. Aún así, para mí el Cid sale de Sevilla como el número uno, capaz de hacerle faena al toro bueno y de inventársela con el malo.

Eso precisamente fue lo que le faltó a Miguel Angel Perera. Con su primer toro, otro sobrero de José Luis Pereda, no encontró la forma de meter al toro en la muleta. Brindó al público, señal de que confiaba en sus posibilidades, y puso toda la voluntad del mundo pero no fue capaz de corregir los tornillazos y la tendencia a echar la cara arriba del animal. Eso sí, con la espada volvió a funcionar como un cañón. Para cerrar la tarde, le cayó en suerte el tercer sobrero de El Serrano. A esas alturas, la gente estaba loca por irse, e incluso ya hemos dicho al principio que pedía orejas al cabestrero. Como para hacer caso a un toro paradote y manso.

jueves, 10 de abril de 2008

De locos


El comienzo de la corrida se aplaza 30 minutos. Eran las 18:30 cuando asomaba un cartel con ese texto, por orden de don Antonio Pulido Plaza, presidente. Llovía en ese momento y el ruedo no estaba para muchos ruidos. A los diez minutos, lío. Por su cuenta y riesgo, el señor Antonio decide que hasta aquí. Le debió salir otro plan y le entró la prisa porque si no, no se explica. Y la de San Quintín. Los toreros flipando y el sol saliendo, cuando por orden presidencial asoma un propio con otro cartel anunciando la suspensión. Matadores y cuadrillas se plantan delante e impiden que salga. Piden hablar con el presidente, que se ha encerrado en un despacho. Intercede el delegado gubernativo y los toreros suben a negociar con la promesa de que no sale el cartel.

El señor Antonio, que ya ha perdido el rumbo y/o la vergüenza, no sólo no los recibe sino que da orden de que salga el cartelito de marras. Para completar el cuadro, lo hace escoltado por la Policía Nacional. Ni que esto fuera el Nou Camp y fueran a caer cochinillos. A estas alturas, los toreros, Salvador Vega, Salvador Cortés y Daniel Luque están que trinan y el sol se empeña en tocar las narices brillando cada vez más. Los tres espadas se plantan en el centro del ruedo, vuelven a salir varios policías, el público no se mueve de su asiento y esto es kafkiano. Finalmente entran en razón y abandonan la plaza para acabar dando una rueda de prensa en la Capilla. De locos.

Esa es la secuencia de los hechos. Mi opinión, que se empieza teniendo la razón y se acaba perdiendo por las formas. Si se suspende de mano, aquí paz y después gloria. Si se espera media hora, se espera, se sale al ruedo y se valora nuevamente torear o no. A las siete de la tarde lucía el sol y el ruedo estaba bastante mejor. Eso por no hablar de que los toreros, que son los principales perjudicados en cualquier caso (se toree o no) estaban por la labor de salir y se les tomó por el pito del sereno.

Resultado final, el presidente destituido y los toreros pidiendo responsabilidades.

miércoles, 9 de abril de 2008

martes, 8 de abril de 2008

lunes, 7 de abril de 2008

Manzanares conquista Sevilla


Ayer murieron Charlton Heston e Isabel Andrino. Del primero recoge hoy la prensa extensos obituarios. De ella igual no ha oido usted hablar en su vida, pero yo he sentido su muerte más que la del actor americano aficionado a los rifles. Hace ya casi 20 años que la conocí cuando, junto a su hermana, regentaba el restaurante Las Petronilas, en Miranda del Castañar. Andábamos de acampada y al amanecer -mi buen amigo el doctor Álvarez Navia se acordará-subíamos al pueblo a desayunar a casa de estas señoras, que nos obsequiaban con unos huevos fritos con chorizo y una copita de aguardiente de postre que me río yo de Ferrán Adriá y sus deconstrucciones. Con el tiempo dejaron el negocio y ahora una de ellas nos deja definitivamente. Hoy, al conocer su muerte, me han venido a la memoria aquellos días y la amabilidad de aquellas dos señoras que nos prestaban cazuelas para hacer comida en la lumbre. Descanse en paz.

Sí, ya sé que se supone que esto es un blog de toros, pero la mansada de Juan Pedro Domecq no da mucho más de sí, con una presentación paupérrima para una plaza como Sevilla y un comportamiento indigno de un hierro que, se supone, surte de bravura a un buen número de ganaderías. Si encima le añadimos que el viento no paró de soplar en casi toda la tarde, dificultando aún más la labor de los toreros, comprenderán la licencia de empezar hablando de otra cosa.

Mas héte aquí que salió el sexto y cambió la moneda. Quiso la providencia que el único toro medio aprovechable de la tarde le cayera en suerte a un José María Manzanares al alza. Y la faena tuvo mucha importancia. Comenzó el toro con embestidas rebrincadas y un punto de violencia pero Manzanares, poco a poco, sin un mal gesto, sin un tirón, lo fue metiendo en la muleta hasta que aquél se entregó Y ahí comenzó una auténtica catarata de toreo, con la lluvia como invitada. Bajo el diluvio dibujó el torero muletazos bellísimos pero donde la faena alcanzó cotas de estética sublime fue en los remates finales. La estocada, pelín descolocada, le valió para cortar dos orejas. Aún tuvo el gesto de salir a pie por la puerta de cuadrillas y es que Manzanares anda rondando la ansiada del Príncipe. El miércoles puede ser su día.

La tarde había comenzado a enderezarse en el quinto. Y eso que las protestas a la salida del toro fueron para que el ganadero se exilie de Sevilla por un tiempo. Porque si la presentación de la corrida en general fue desastrosa, la de éste en particular fue vergonzosa. Pero el toro tenía al menos movilidad y Sebastián Castella le dio fiesta. Eso, y que se paró el aire y comenzó a llover a cántaros, le dieron a la faena cierto tono épico, con el toro mirando y el torero pegándose el arrimón. Falló a espadas y el premio se quedó en una ovación.

El resto, directamente para olvidar. Enrique Ponce anduvo facilón con el que abría plaza, un toro sosísimo al que le sacó lo poquito que tenía con el inconveniente del viento. Le devolvieron a los corrales al cuarto y cuando anunciaron que el sobrero era de Parladé nos temimos lo peor. Tiró por la calle de enmedio, que era lo más sensato con semejante regalito.

En el primero de Castella lo mejor fueron los pares de banderillas -sobre todo el que cerraba el tercio- de Curro Molina: dejándose ver, dándole ventaja al toro, cuadrando en la cara y saliendo andando. Le pegaron una merecida ovación. El francés se empeñó en sacárselo a los medios y entre el aire y la poca condición del toro, la faena fue, seamos generosos, aburridita. Manzanares, sin embargo, trató de evitar al viento cerrando al tercero, pero fue imposible sacar nada en claro.