sábado, 22 de marzo de 2014

Mi regalo



Existen dos tipos de familia: la biológica y la otra. La primera te viene impuesta y la segunda la escoge cada uno. En mi caso tengo la suerte de que ambas son estupendas. De mis hermanos y mis padres qué voy a deciros. Y de la otra, también, cada día estoy más orgulloso. Los primos nos juntamos varias veces al año y a la menor excusa. Al principio eran cenas de parejas. Luego fueron llegando los niños y ahora alternamos la fórmula original con reuniones que parecemos una manifestación. Y siempre que miro las fotos y veo lo que hemos ido construyendo me siento muy feliz: hijos que se parecen a sus padres y que, seguro, mejorarán la especie.

La mayor de todos ellos cumple hoy años. Una edad de esas que, por alguna razón, molan. Y me he puesto a pensar y me ha entrado el vértigo recordando lo que hacía yo con quince años y lo deprisa que pasó el tiempo después. Madre mía, quince añazos. Desde que nació, su madre tomó la costumbre de felicitarnos la Navidad con una tarjeta con su foto, a la que después se incorporó su hermano. Y ahora lo voy a confesar, las tengo casi todas guardadas así que las he sacado, las he puesto una al lado de otra y me ha salido una especie de radiografía del tiempo. Y la miro y lo vuelvo a pensar. Madre mía, quince añazos.

Que iba a salir artista –canta en un grupo, toca el bajo y dibuja que te mueres- ya lo sabía yo. Alguien a quien, recién nacida, le regalas una bolsa de agua caliente en forma de vaca y la adopta como su peluche favorito tiene arte para dar y tomar. También nos ha salido rojeras, para disgusto mío y alegría de su padre, pero era demasiado bonito que a Vivi le infiltrásemos una liberal en casa. Aunque por encima de todo, y de eso sí que no tenía ninguna duda viendo la reata que trae -hola, Maruchi-, es buena gente. Que es lo que hay que ser. Lo demás, del Madrid, del Barça, de izquierdas, de derechas, albañil, astronauta o rockero es secundario.

Así que, como no la tengo a mano para regalarle una púa nueva, ni para tirarle de las orejas, se tendrá que conformar con estas cuatro letras como regalo de cumpleaños. ¡Madre mía, quince añazos, felicidades, Carmen!

miércoles, 17 de julio de 2013

Manzanas traigo

- Oye, a ti como culé, ¿qué te parece lo del lío de Messi y Hacienda?

-  Jajajaja, Cristiano Ronaldo se ha teñido de rubio…

-  Ya, pero es que dicen que Messi ha tangado 4 millones de euros.

-  Jajajaja, Cristiano Ronaldo es un chulo…

-  Y al final habéis vendido a Villa al Atleti. ¡Por cinco kilos!

-  Jajajaja, Callejón es un paquete…

-  Pues el Madrid lo ha colocado en el Nápoles por 10 kilos

-  Jajajaja, Arbeloa es un cono…

-  Y espérate, que también han vendido a Albiol por 12 kilos.

-  Jajajaja, Sergio Ramos no sabe inglés…

-  Y repescan a Carvajal, han fichado a Isco, a Illarramendi y seguramente suban a Morata.

-  Jajajaja, Marcelo, uhuhuhuhuhuhuhuh...

-  Anda que lo de Tito y Guardiola, cómo ha ido a terminar, ¿eh?

-  Jajajaja, Karanka es Macario…

-  Bueno, Karanka se ha ido del Madrid y lo mismo vuelve con Mourinho, se ve que se llevaban bien. En cambio, lo de Tito y Pep, quién lo diría.

-  Jajajaja, Mourinho llorón.

-  Oye, macho, ¿alguna vez me escuchas o vas con el disco rayado puesto?

-  Jajajaja, jajajaja, jajajaja…

miércoles, 22 de mayo de 2013

Adiós a un pedazo de historia

Me desayuno hoy con la noticia del cierre del diario decano de la prensa salmantina. Después de 130 años, El Adelanto parece condenado a la desaparición, víctima de los vaivenes de la crisis y de una lamentable gestión en esta última etapa de su existencia. Y me vienen de golpe los recuerdos.

En las páginas de El Adelanto descubrí la maestría de Navalón, aprendiendo de memoria aquellas crónicas de la Feria de Salamanca. Años más tarde Toño Blázquez me dio la oportunidad de publicar las mías, cuando Alfonso ya firmaba en Tribuna -otro diario desaparecido en combate- y pocas veces me he sentido tan orgulloso como aquella noche que, en uno de sus coloquios, nos felicitó publicamente por el gran trabajo que estábamos haciendo en el cuadernillo de toros.

En aquella redacción de Santa Marta viví noches de periodismo añejo, pariendo artículos entre el tac-tac-tac de la máquina de escribir. Sí, yo lo podré contar a mis nietos, fui de los últimos mohicanos de la Olivetti, antes de que Quark y las pantallas de ordenador entraran en nuestras vidas. Allí había que hilar fino, que no podias darle a la tecla de borrar, y esa exigencia, creo yo, favorecía la creatividad y la agilidad mental.

De El Adelanto guardo como oro en paño la entrevista que le hice a Antonio Ordóñez, que modestamente pienso que entonces no supieron vender. Vino el maestro de Ronda a dar una conferencia a la Universidad y fui testigo de no menos de tres peticiones de reportaje por otros medios locales y otras tantas negativas. Pero durante la cena posterior a la conferencia me lo fui currando y le arranqué el compromiso de tomar un café al día siguiente. "Vente al Gran Hotel a las 11 y veremos". Y vimos, vaya que vimos, durante más de una hora, qué lujazo poder hablar de toros, cara a cara, con uno de los mitos de todos los tiempos y verlo publicado al día siguiente. Lástima, ya digo, que no fueron conscientes de la exclusiva.

El Gran Hotel ya es también historia y ahora nos quedamos sin una cabecera que ha contado las vicisitudes salmantinas en tres siglos distintos. Ójala llegue un milagro -pensando también en los que se quedan en la calle y sin ver un duro- pero, por si acaso, aquí queda mi adiós y mi homenaje a un pedazo de la historia de Salamanca y del periodismo.

lunes, 20 de mayo de 2013

De fútbol y cromagnones

Ayer fui con mis hijas al fútbol. Último partido de Liga, con todo decidido pero un Oviedo-Sporting B, aunque sea el filial, siempre tiene su miga. Ganó el Oviedo, merecidamente, y el partido transcurrió sin mayores sobresaltos. La mayor ya tiene galones pero para la pequeña era su primera vez en el Carlos Tartiere, en realidad su primera vez en un campo de fútbol, así que todo eran ojos como platos y preguntas. 

Pero hubo una que no supe responder. Cuando abandonábamos el estadio, tres jovencitas se cruzan con nosotros. Debajo de las cazadoras se adivinan camisetas del Sporting. Caminan conversando entre ellas, sin meterse con nadie, cuando un cromagnon con bufanda del Oviedo se gira y lanza el berrido justo delante nuestro: ¡HIJASDEPUTAAAAAAAAAAAAAAAA! Mi hija me mira y no dice nada.

Unos metros más adelante, lo que parece una familia -padre, madre y dos hijos- se dirige a su coche con bufandas del Sporting al cuello. Otro eslabón perdido berrea absolutamente fuera de sí: ¡LARGAOS DE UNA PUTA VEEEEZ, QUE NO OS QUEREMOS AQUI!

Mi hija, que va cogida de mi mano, me la aprieta y me mira asustada: "¿Papá, por qué le dice eso?" Y a ver qué le respondes. Sobre todo cuando una chica que acompaña al descerebrado le afea el gesto y él se justifica: "es que no puede ser que se paseen por aqui con la camiseta y la bufanda, estoy hasta los huevos".  Ole Demóstenes, como razona...

Uno puede entender la rivalidad deportiva, los cánticos más o menos afortunados en el estadio, los piques de compañeros de trabajo o de barra de bar. Pero no ese odio enfermizo, sin provocación previa, el insulto contra chicas de 17 años o niños de 10. Es triste, muy triste, que si el Oviedo juega en Gijón yo no pueda llevar a mis hijas con su bufanda por miedo a encontrarme con un energúmeno de éstos, que los hay exactamente igual que los que sufrimos ayer aquí. 

Cuando en estos días andan discutiendo leyes de educación pienso que la simple reforma no sirve. Hace falta meter la piqueta, derribar todo el edificio y empezar de cero. Definitivamente, ya lo dice mi madre, la crisis menos preocupante es la económica.

domingo, 16 de septiembre de 2012

Una estrella llamada Nala

Parece que te estoy viendo, en mitad de aquel inmenso pasillo de casa de mis padres, acurrucada, mirando a todas partes con cara de "qué hago yo aquí", unos ojos vivarachos en mitad de una bola de pelo canela que entraba en una mano. Recuerdo la cara de Olga y Jaione cuando te llevamos a su casa sin avisar. Recuerdo los trajines de los primeros días para enseñarte a hacer tus cosas en su sitio. Recuerdo el debate -que duró muy poco- sobre si cortarte o no el rabo. Bendita la hora que no lo hicimos, anda que no decías cosas moviéndolo, anda que no lo ponías tieso en aquellos paseos por La Alamedilla cuando olisqueabas a los patos, que parecías la mejor perra de caza del mundo.

Recuerdo a mi padre pelando una naranja o cascando nueces y tú al pie suyo esperando, porque sabías que aunque todos te riñéramos, él siempre te daba tu cachito. Recuerdo esas Navidades, cuando me ponía a cortar jamón para toda la tropa, que te pegabas a mi pierna en cuanto me veías con el cuchillo y el delantal esperando a que "accidentalmente" se me escapara algún trozo.

Recuerdo las caras de los niños cuando te han ido conociendo. Recuerdo tu paciencia con ellos, aguantando tirones de orejas, de rabo y como mucho un leve gruñido, nunca un mal gesto con ellos. Te recuerdo saltando a mi cama en aquellas noches de invierno cuando llegaba de fiesta a las tantas, eras la mejor calefacción. Te recuerdo esos domingos por la tarde tumbada encima de mi padre en el sofá y los dos roncando en perfecta conjunción.

Pero sobre todo recuerdo tus recibimientos cuando pasabas un tiempo fuera de casa. Era digno de ver, qué saltos, qué lametones. Y luego siempre el mismo ritual, que aprendiste bien desde pequeña: ¡Pata! ¡La otra! ¡Tumba! Y panza arriba a esperar las cosquillas. Y luego te hacía rabiar y jugueteabas con mi mano en tu boca, haciendo fuerza pero sin morder. Cómo puede caber tanto cariño en el cerebro de un animal. Claro que siempre lo ha dicho mi madre, tenías más conocimiento que muchos bípedos, eso bien lo sabe el que te ha conocido.

Hoy te has marchado y creo que habrás descansado, que bastante has pasado en los últimos tiempos. Pero no te preocupes que no te vamos a olvidar. Eres parte de esta familia, una parte importantísima, que por algo has estado en todas en más de quince años. Se nos va la perra más limpia del mundo, la que un día salió en televisión y parecía que lo llevaba haciendo toda la vida. Vamos, que se nos va una estrella pero a cambio desde esta noche otra brillará en el cielo.




sábado, 25 de agosto de 2012

El listo de Perera

Al finalizar la corrida, borracho de toreo, atendía a los micrófonos del Plus y declaraba haber disfrutado mucho, "toreando para mí, como de salón". Y entonces me acordé.

Sucedió durante la pasada Feria de Gijón. Como colofón a una interesantísima clase práctica que embrujó a pequeños y mayores, Miguel Ángel Perera se puso a torear de salón, con la colaboración de su banderillero Guillermo Barbero, que hizo las veces de toro. Bajo un silencio sepulcral, me llamó la atención el sonido de la muleta arrastrada por la arena, la muñeca describiendo un semicírculo perfecto y sobre todo, la velocidad del muletazo. O mejor dicho, la ausencia de ella. El silencio se rompió con una gran ovación de los presentes. Pero como en todos los sitios tiene que haber un listo, éste me fue a tocar a mi lado. Y cuando un sonriente Perera saludaba a sus alumnos el espabilado sentenció "sí, sí, eso muy bien pero con el toro".

Pues dicho y hecho, doce días después y en Bilbao. Y con dos toros distintos. Si su primer Alcurrucén llega a tener un pelín más de fuerza, la faena hubiera sido histórica. A cambio lo dejaremos en importante. Toro con gran clase pero, ya digo, justito de fondo. De hecho, estuvo a punto de ser devuelto por las protestas del público pero afortunadamente el criterio presidencial fue acertado. La verdad es que pocos apostábamos de salida por el toro, que fiel a su encaste Núñez no dio opciones en el primer tercio, aunque empezó a apuntar maneras en un ceñidísimo quite por gaoneras de Iván Fandiño.

Así es que allí estaban, Alcahofito y Perera, dispuestos a taparle la boca al sabihondo gijonés. Y vaya que se la taparon. Una serie cortita de inicio para acoplarse entre ellos y luego el acabóse. Muletazos por la derecha largos, hondos, el brazo llegando a sitios imposibles y un cambio de mano sublime. Aún quedaba la mano izquierda y por ahí la faena tomó aún más altura hasta que, oh, desgracia, se acabó el toro y lo que iba camino de dos orejas se quedó en una, tras una estocada que cayó algo baja pero de efectos demoledores.

El quinto duró algo más en conjunto y sin embargo no aportó nada por el pitón izquierdo. Faena muy de Perera, con los pases por la espalda de inicio, ajustadísimos. Y empezaron a sucederse las series por la derecha. Una suave, otra despaciosa y la tercera sencillamente a cámara lenta.  Si en la primera faena cantamos largura en ésta predominó el temple por encima de todo. Hubo un pase de pecho que, literalmente, paró el tiempo. A medida que el toro se fue apagando, Perera fue acortando los terrenos para terminar metido entre los pitones, el de Alcurrucén completamente entregado y bailando alrededor del diestro en una coreografía sangre y oro. Estocada atravesada y un certero descabello sumaron para cortar otra oreja de las que valen de verdad.

(Foto: Mundotoro)


viernes, 24 de agosto de 2012

La verdad de Jiménez Fortes

Ya avisó en Pamplona. Allí terminamos de descubrir a un torero con un valor fuera de lo común y dejó la mejor de las sensaciones posibles: las ganas de volverle a ver. Ha llegado a Bilbao, donde tomó la alternativa hace un año y ha dicho aquí estoy yo. En la plaza probablemente no han sido conscientes del tabacazo que le arreó el primer Juan Pedro de su lote, pero los que seguimos la retransmisión de Canal Plus sabíamos de sobra que ese pitón había calado ingle.

Los que nos hemos puesto delante de una vaca y nos hemos llevado algún que otro meneo sabemos calibrar perfectamente la fuerza con la que embiste un toro de 500 kilos. A mí, la última erala me tuvo una semana cojo y viendo las estrellas por un simple golpe en la rodilla con la testuz. Así que me imagino lo que tiene que ser un pitón entrando en tu cuerpo. A Saúl Jiménez Fortes le dio igual. Se levantó, cogió la muleta y siguió toreando como si nada. Pero la llevaba y allí siguió, impertérrito, hasta el final. En la enfermería, después de operarle, tuvo que hacer otra faena, la de torear a doctores y apoderados para que le dejaran salir a matar el sexto. Y naturalmente, se salió con la suya.

Me sigo acordando de mi erala y me lo veo lanceando a la verónica con el drenaje a cuestas, más quieto que un poste. ¿Dónde tiene este tío el umbral de dolor? Y hace un quite por gaoneras como si tal cosa. Y coge la muleta ¡y se dobla por bajo al inicio de faena! Y cuando todo el tuit-tendido empezábamos a sacarnos la pastilla de debajo de la lengua...

De nuevo la colada, por el mismo pitón y apuntando al mismo sitio. La caída, feísima, y la tremenda paliza en el suelo, ora derrote en la cara, ora golpe en la nuca con la pezuña. ¡Ay, aquella eralita de Rodasviejas, qué maja me empieza a parecer! Para cuando se levanta Saúl del suelo ya tengo lágrimas en los ojos. Ni el toro valía el esfuerzo ni el torero merecía esa suerte. Ponce le dice que lo mate, la gente le grita que se meta y él a lo suyo, muleta en mano y todavía le da una serie. Hacía mucho que no pasaba un rato tan malo pero tan bueno a la vez. Malo por la sensación de peligro pero aliviado por la verdad sin trampas de un tío que, después de todo lo narrado, le dice al micrófono de David Casas que ha sido una tarde bonita. Jiménez Fortes quiere ser alguien en esto. 

Y lo va a ser.

(Foto: Burladero.com)