Habréis notado que, desde el primer día de este diario, he tratado de dejar la política al margen. Pero a estas alturas ya no me vale la cantinela de que hay que apoyar, ya habrá tiempo de críticas y de pedir responsabilidades. Ya ha habido margen suficiente. No se puede ser tan chapuzas. Antes de plantear si salen los niños, los padres o los abuelos tendríamos que estar haciendo test a destajo. Ya no es que no sean capaces de comprarlos, es que los que traen no valen y encima pagan un sobreprecio escandaloso. O son muy torpes o alguien la está liando parda a propósito. Y no sé cual de las dos opciones es peor.Así que sin la premisa de los test, alguien monta una reunión y de ahí sale la brillante idea de que los niños puedan ir al supermercado, a la farmacia o al banco. Les faltó organizar visitas guiadas a las urgencias hospitalarias. Y lo peor no es que tengan la ocurrencia -ninguno de los asistentes tiene hijos, otra explicación no encuentro-, lo gordo es que van ¡y lo anuncian!
Naturalmente, a las pocas horas tienen que recular e improvisar un plan B que en realidad es mucho más sensato que el A. Pues mira, no, esto ya no resiste el análisis más benévolo. Y no va de izquierdas ni derechas, en Portugal hay un gobierno de la misma tendencia que el nuestro y cualquier comparación es ofensiva. Para ellos, claro.
En fin, contemos hasta diez y a ver cómo sale el experimento.
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